Mientras los turistas disfrutan de los paisajes sobrecogedores de la Antártida, un drama invisible se desarrolla bajo las olas. Un estudio pionero ha mostrado cómo el simple acto de lanzar un ancla está destruyendo ecosistemas que tardaron miles de años en formarse. Lo que verás a continuación revela una realidad poco conocida, pero con consecuencias alarmantes para uno de los entornos más frágiles del planeta.
Primeras imágenes que muestran el daño oculto
Por primera vez, un equipo científico ha logrado capturar imágenes en alta definición del fondo marino antártico tras el paso de las anclas. Las grabaciones, obtenidas durante la temporada austral 2022-2023 en lugares emblemáticos como la península Antártica y el mar de Weddell, documentan surcos profundos, sedimentos removidos y esponjas aplastadas. Las comparaciones con zonas intactas dejan claro el impacto: donde antes había vida, ahora queda un paisaje desolado.

Los daños más notables se localizaron en el puerto Yankee, donde colonias de esponjas cactus, probablemente Dendrilla antarctica, quedaron reducidas a escombros. Las cadenas de las anclas, al arrastrarse, dejan una huella que puede tardar décadas, o incluso siglos, en borrarse.
Un ecosistema único en grave peligro
La Antártida alberga organismos extraordinarios por su longevidad y papel ecológico. Entre ellos, la esponja volcánica gigante (Anoxycalyx joubini), capaz de vivir más de 15.000 años, fue hallada a pocos metros de las zonas dañadas. Estas esponjas, junto a otras especies bentónicas, son clave en el equilibrio del ecosistema: filtran el agua, almacenan carbono y sirven de refugio para múltiples formas de vida.
Su destrucción rompe la red ecológica y pone en jaque a peces, estrellas de mar y cefalópodos que dependen de estos hábitats. Sin medidas de protección, el futuro de estos ecosistemas está comprometido.
¿Cómo frenar esta amenaza silenciosa?

Los investigadores proponen soluciones técnicas urgentes: crear una base de datos pública de fondeos, implantar sistemas de posicionamiento dinámico que eliminen el uso de anclas y establecer amarres fijos en las zonas más transitadas. También sugieren prohibir el anclaje en áreas ricas en biodiversidad y limitar su uso a situaciones estrictamente necesarias.
La cooperación internacional será esencial para que estas medidas se conviertan en realidad y frenar el avance de un problema que, aunque invisible, está destruyendo uno de los últimos refugios vírgenes del planeta. La Antártida no puede seguir siendo víctima silenciosa de un turismo que presume de sostenible.
Fuente: Muy Interesante.