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Ciencia

Las ciudades del desierto no estaban preparadas para esto: cuando la lluvia se vuelve letal

Las inundaciones repentinas están golpeando regiones diseñadas para la sequía. En Omán, una tormenta extrema convirtió cauces secos en ríos mortales en minutos. El caso de Samad al-Shan muestra cómo el cambio climático está reescribiendo las reglas incluso en los desiertos más áridos.
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Durante décadas, las ciudades del desierto se construyeron pensando en la escasez de agua, no en su exceso. Pero el clima está cambiando ese equilibrio con una rapidez inquietante. Lluvias breves, intensas y devastadoras están transformando wadis secos en torrentes imparables. Lo ocurrido en Omán no es una anomalía aislada: es una advertencia sobre un nuevo tipo de riesgo climático para las regiones más secas del planeta.

Cuando un cauce seco se convierte en una trampa mortal

En Omán, los wadis —lechos fluviales secos la mayor parte del año— forman parte del paisaje y de la cultura local. Históricamente, las crecidas eran raras y predecibles. Sin embargo, en Samad al-Shan, una localidad al sur de Mascate, esa lógica se rompió en cuestión de minutos.

Una tormenta inesperada transformó el wadi en un río violento cargado de sedimentos. El agua arrastró vehículos, caminos y viviendas con una fuerza para la que nadie estaba preparado. Conductores quedaron atrapados y otros lograron escapar por segundos. La tragedia alcanzó su punto más duro cuando una escuela local fue sorprendida por la crecida durante un intento de evacuación, causando varias muertes dentro de la misma familia.

La tormenta que nadie vio venir

El sistema tormentoso no nació en Omán. Días antes, había descargado lluvias récord en Emiratos Árabes Unidos, inundando infraestructuras tan críticas como el metro y el aeropuerto de Dubái. Después avanzó hacia el este, alimentado por una entrada inusual de aire cálido y húmedo desde el mar Arábigo.

Los datos atmosféricos muestran que estas columnas de vapor de agua son ahora más intensas y frecuentes. En el norte de Omán, los valores superan ampliamente la media global, una señal clara de que el calentamiento del planeta está alterando los patrones tradicionales de precipitación.

Un país seco, cada vez más vulnerable

Omán recibe menos de 100 milímetros de lluvia al año en muchas regiones y carece de ríos permanentes. Su sistema hídrico depende de desaladoras y acuíferos asociados a los wadis. El problema es que el cambio climático no está trayendo más días de lluvia, sino menos, pero mucho más extremos.

El resultado es una acumulación brutal de agua en muy poco tiempo, imposible de absorber por suelos secos y por infraestructuras pensadas para la sequía, no para la inundación.

Más ciclones, más riesgo en el Golfo

Hasta finales del siglo XX, los ciclones intensos en Omán eran excepcionales. Eso cambió en 2007 con el ciclón Gonu. Desde entonces, varios sistemas severos han afectado a la región. Shaheen, en 2021, dejó lluvias hasta seis veces superiores a la media anual en algunas zonas.

Ante este nuevo escenario, los países del Golfo están reaccionando con ingeniería a gran escala. Omán construye presas y centros de evacuación, mientras Dubái desarrolla una red subterránea de drenaje de más de 190 kilómetros. Soluciones monumentales para un problema que, hasta hace poco, parecía imposible en pleno desierto.

Fuente: Meteored.

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