Foto: James Loesch (CC BY 2.0)

El impacto climático de volar no se reduce a las emisiones de carbono. Las estelas que producen los aviones también influyen en la temperatura de nuestra atmósfera, y un nuevo estudio ha descubierto que este impacto aumentará de manera considerable en el futuro.

A medida que los aviones navegan por los tramos superiores de la troposfera, escupiendo gases de escape, van dejando estelas de vapor de agua que pueden formar cirros, un tipo de nube. La mayoría de estas nubes se disipan rápidamente, pero bajo las condiciones adecuadas pueden permanecer durante horas. Cuando esto sucede, calientan la atmósfera absorbiendo la radiación térmica emitida por la Tierra.

Los científicos han sabido del efecto invernadero de las estelas de los aviones durante años; de hecho, hay un campo de investigación dedicado a él. Y es importante: a nivel mundial, se estima que el calentamiento atmosférico asociado con estas nubes es mayor que el causado por las emisiones de carbono de la aviación. Este sorprendente hecho tiene a algunos científicos intrigados sobre si el efecto crecerá a medida que los cielos son aún más transitados en el futuro.

Ahora, un par de investigadores del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) ha intentado responder a esa pregunta. Los autores analizaron cómo cambiará el efecto de calentamiento atmosférico producido por las estelas de vapor utilizando un modelo climático desarrollado anteriormente que incluye nubes de nubes de la estela y una base de datos de emisiones de la aviación desarrollada por el Departamento de Transporte de los EE. UU. Sus hallazgos, publicados hoy en Atmospheric Chemistry and Physics, muestran que para 2050, el calentamiento inducido por las estelas podría ser tres veces más alto que en 2006. De hecho, este tipo de calentamiento probablemente superará el calentamiento de las emisiones de dióxido de carbono gracias a las mejoras en la eficiencia del combustible.

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El autor principal del estudio, Ulrike Burkhardt, del DLR, no se sorprendió demasiado con los resultados, y señaló que se proyecta que el tráfico aéreo en sí mismo se multiplicará por cuatro en el mismo periodo. “Es increíble cómo aumenta el tráfico aéreo”, explicó Burkhardt a Earther, y añadió que el aumento esperado del calentamiento producido por las estelas se debe, en parte, a que los aviones modernos vuelan un poco más alto que sus predecesores, lo que probablemente lleve a una mayor formación de nubes de estela en los trópicos.

Este efecto no supone ninguna catástrofe planetaria. Los modelos de los autores indican que los cirros contribuirán en unos 160 milivatios de “forzamiento radiativo” (la energía extra que regresa a la superficie de la Tierra) para mediados de siglo. Ethan Coffel, un científico atmosférico del Dartmouth College que no participó en el estudio, observó que, en comparación con el escenario de cambio climático que usan los autores, el calentamiento producido por las emisiones de gases de efecto invernadero será de aproximadamente 6000 milivatios por metro cuadrado a finales del siglo.

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“Si bien el forzamiento de las estelas es ciertamente significativo, es un contribuyente relativamente pequeño al calentamiento general”, dijo Coffel a Earther por correo electrónico.

El efecto de calentamiento de los cirros también es de corta duración, y debido a que ocurre en la atmósfera superior, no está claro qué en cuánto aumenta la temperatura de la superficie de la Tierra, algo que Burkhardt llamó un “tema de investigación abierto”. Pero es un efecto importante, en parte porque hay formas obvias de mitigarlo.

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Realizar más controles de contaminación para reducir la cantidad de partículas de hollín que arrojan los aviones ayudaría a disminuir la cantidad de vapor de agua que se condensa a su paso. Sin embargo, el hollín tendría que reducirse mucho para tener un efecto significativo. Incluso si se redujera en un 90%, los modelos de los autores predicen más nubes de cirro en 2050 que en 2006. En última instancia, la mejor opción para reducir este efecto y la huella de carbono de la aviación es volar menos.