Lo que decimos a nuestros hijos tiene un peso mucho mayor del que imaginamos. Aunque ciertas frases suenan alentadoras, los expertos advierten que podrían estar limitando el desarrollo emocional de los niños. Con pequeños cambios en nuestra forma de elogiar y comunicarnos, podemos marcar una diferencia profunda en su autoestima y su forma de enfrentar el mundo.

El problema de los elogios automáticos
Desde generaciones pasadas hasta la actualidad, es común que padres y madres recurran a frases como “¡buen trabajo!” o “¡qué inteligente que eres!” al momento de felicitar a sus hijos. Sin embargo, la psicóloga Becky Kennedy alerta sobre los efectos contraproducentes que estos comentarios pueden generar, por más positivos que parezcan.
En una entrevista para el pódcast The Tim Ferriss Show, Kennedy explicó que este tipo de frases suelen cortar la comunicación en lugar de expandirla. No estimulan la reflexión ni la conversación, y muchas veces reducen el reconocimiento a una fórmula superficial. “No es que hagan daño directamente, pero terminan la conversación”, subrayó.
La clave, sostiene, está en ir más allá de la aprobación inmediata y enfocarse en lo que el niño sintió o experimentó. Mostrar interés real por su proceso refuerza la conexión emocional y transmite que su valor no está limitado al resultado final.

Elogiar el esfuerzo fortalece la autonomía
Cuando un niño muestra con entusiasmo un dibujo o una tarea terminada, busca algo más que una felicitación rápida: quiere ser escuchado, comprendido y validado emocionalmente. La psicoterapeuta Lesley Koeppel sugiere reformular tanto las preguntas como los elogios para abrir espacio a un diálogo más profundo.
En lugar de “¿cómo te fue hoy?”, se puede preguntar “¿qué fue lo que más disfrutaste hoy?”. Cambios como este permiten al niño compartir emociones genuinas y construir una relación basada en la confianza.
Los expertos llaman a esto “elogio del proceso”. En lugar de destacar el éxito, se refuerzan el esfuerzo, la creatividad o la perseverancia. Frases como “te esforzaste mucho para lograr esto” o “me encanta cómo pensaste esa solución” son más efectivas para fomentar la motivación interna y la autonomía.
Una autoestima fuerte se construye desde el hogar

El enfoque que los padres tienen para elogiar afecta directamente el desarrollo de la autoestima. Kennedy enfatiza que los niños deben aprender a sentirse orgullosos por sí mismos antes de depender de la validación externa. De lo contrario, pueden crecer con una sensación constante de vacío o inseguridad.
“Si no se cultiva una base interna sólida, los niños pueden volverse frágiles, ansiosos y depender de la aprobación de los demás”, explicó. Este patrón puede extenderse a la adolescencia y la adultez, dificultando las relaciones interpersonales y la toma de decisiones autónomas.
Cómo cultivar una autoestima sana en tus hijos
Según el portal Kidshealth, el amor incondicional es la piedra angular de una crianza efectiva. Abrazos, palabras de aliento, y tiempo de calidad compartido no solo fortalecen la relación con los hijos, sino que también les dan la seguridad emocional que necesitan para desarrollarse plenamente.
Establecer límites coherentes y claros también es esencial: ayudan a los niños a comprender sus responsabilidades y a desarrollar autocontrol. Además, fomentar una comunicación abierta —donde puedan expresar miedos, alegrías o frustraciones sin temor al juicio— permite una conexión emocional más profunda.
Reconocer pequeños avances, en lugar de enfocarse solo en errores o grandes logros, crea un ambiente en el que el niño se siente valorado por lo que es, y no únicamente por lo que consigue.
El ejemplo silencioso de los adultos

No todo se transmite con palabras. Los niños observan con atención cómo los adultos enfrentan sus propios desafíos, resuelven conflictos y gestionan sus emociones. Por eso, el comportamiento de los padres es una poderosa herramienta educativa.
Un entorno familiar donde predominen la empatía, la paciencia y la resolución positiva de problemas es fundamental para formar niños emocionalmente estables y seguros de sí mismos. Predicar con el ejemplo es, muchas veces, más efectivo que cualquier discurso.
Reflexión final
Las frases que usamos a diario pueden influir, para bien o para mal, en la autoestima de nuestros hijos. Reemplazar los elogios vacíos por comentarios que valoren el esfuerzo, la creatividad y el proceso emocional tiene un impacto profundo y duradero. Al ser más conscientes de cómo nos comunicamos, ayudamos a nuestros hijos a construir una base sólida de confianza y resiliencia para afrontar el mundo con seguridad y bienestar.