El ganador de la categoría Paisajes muestra a un solitario girasol brotando de un vertedero de basura en Loxton, Sudáfrica. A lo lejos, un rayo parece golpear el horizonte.
La nueva imagen infrarroja de NGC 2392 permite distinguir cúmulos compactos de polvo, filamentos supervivientes y una burbuja de gas ionizado alrededor de una enana blanca. Webb ofrece así una vista mucho más detallada de un proceso que Hubble ya había fotografiado en el año 2000.
Los restos, de entre 108 y 121 millones de años, incluyen algunos de los megaraptóridos más antiguos conocidos y las primeras evidencias de carcharodontosaurios en Australia. El hallazgo también refuerza una vieja sospecha: Australia y Sudamérica pudieron intercambiar dinosaurios a través de la Antártida cuando Gondwana todavía se estaba fragmentando.
El hallazgo ofrece la primera evidencia directa de puesta de huevos en uno de estos antiguos parientes de los mamíferos. Pero hay algo aún más interesante: sus huevos eran relativamente grandes y probablemente blandos, dos características que pudieron resultar especialmente útiles después de la peor extinción masiva de la historia de la Tierra.
Investigadores de Stanford utilizaron modelos capaces de tratar el ADN como un lenguaje para diseñar bacteriófagos enteros. De casi 300 candidatos sintetizados, 16 fueron capaces de infectar y destruir E. coli. El avance apunta a nuevas terapias contra bacterias resistentes, pero también abre un debate inevitable sobre bioseguridad.
Antonio Peña Peña, de la Universidad Autónoma de Madrid, ha obtenido una solución exacta de las ecuaciones de Einstein que combina un objeto en rotación con un universo en expansión. El resultado no solo completa una pieza que faltaba en relatividad general: también debilita la idea de que los agujeros negros puedan crecer al ritmo del cosmos y explicar la energía oscura.
El asteroide de unos 375 metros no supone ningún peligro para la Tierra, pero su trayectoria lo llevará por una región ocupada por satélites, etapas de cohetes y restos abandonados. Un nuevo estudio concluye que una colisión es extremadamente improbable, aunque no puede descartarse por completo.