El 13 de abril de 2029, Apophis protagonizará uno de los encuentros astronómicos más extraordinarios de este siglo. El asteroide, de unos 375 metros de diámetro, pasará a aproximadamente 32.000 kilómetros de la superficie terrestre, tan cerca que se situará temporalmente por debajo de la altitud de los satélites geoestacionarios y podrá verse a simple vista desde buena parte de Europa, África y Asia.
Sabemos también lo más importante: no va a impactar contra la Tierra. Las observaciones han permitido descartar una colisión y NASA retiró hace años al objeto de su lista de riesgos.
Pero dos investigadores italianos han planteado la pregunta exactamente al revés. Si Apophis va a atravesar una región del espacio que llevamos décadas utilizando, ¿podría encontrarse por el camino con alguno de los objetos artificiales que hemos dejado orbitando la Tierra?
La respuesta publicada en The Planetary Science Journal es tranquilizadora, aunque no completamente: la posibilidad de impacto es extremadamente baja, pero las simulaciones muestran que no puede descartarse geométricamente que algún resto pase a pocos kilómetros del asteroide.
El problema no son los satélites que funcionan, sino todo lo que hemos ido abandonando alrededor de la Tierra

La órbita geoestacionaria se encuentra aproximadamente a 36.000 kilómetros de altitud. Allí operan muchos satélites de telecomunicaciones que mantienen órbitas muy controladas y próximas al plano ecuatorial. La trayectoria de Apophis estará inclinada respecto a ese plano, por lo que los satélites activos convencionales no son la principal preocupación.
El panorama cambia con los objetos abandonados. Satélites fuera de servicio, etapas superiores de cohetes, motores y fragmentos pueden permanecer durante décadas en órbitas inclinadas o elípticas que atraviesan la región geoestacionaria. Algunas de ellas se extienden precisamente por la zona que recorrerá Apophis.
Giulia Schettino y Alessandro Rossi construyeron para su estudio una población representativa tomando como punto de partida 3.250 objetos catalogados con apogeos superiores a 30.000 kilómetros. Después exploraron las distintas configuraciones orbitales que esos cuerpos podrían alcanzar de aquí a 2029.
Aquí hay una precisión importante: el trabajo no calcula que cientos de objetos vayan realmente a cruzarse con Apophis. Los investigadores buscaron los escenarios geométricamente posibles, incluso los más desfavorables, para comprobar hasta dónde podría reducirse la separación. Y encontraron algunos casos interesantes.
En cuatro familias de órbitas especialmente relevantes, las distancias mínimas teóricas bajaban hasta aproximadamente 5, 29, 12 y 4 kilómetros. Son márgenes enormes comparados con el tamaño de Apophis, así que la probabilidad real de colisión sigue siendo prácticamente nula. Pero están suficientemente cerca como para justificar un seguimiento mucho más preciso de la población orbital antes de 2029.
Una colisión no desviaría Apophis hacia la Tierra, pero podría arruinar un experimento irrepetible

Incluso si se produjera el escenario improbable de un impacto, no convertiría Apophis en una amenaza para nuestro planeta. Los autores concluyen que un choque con un objeto artificial no modificaría significativamente su trayectoria. El problema sería mucho más científico que planetario.
Apophis atravesará esta región a aproximadamente 7,4 kilómetros por segundo. A esa velocidad, el impacto de un objeto artificial podría alterar su estado de rotación o perturbar experimentos colocados sobre su superficie. Eso complicaría precisamente una de las grandes preguntas que quieren responder las misiones enviadas hasta allí: cuánto cambia un asteroide únicamente por pasar extremadamente cerca de la Tierra.
La gravedad terrestre modificará la órbita y la rotación de Apophis y podría desencadenar movimientos de material, pequeños terremotos o deslizamientos en su superficie. NASA quiere estudiar esas alteraciones con OSIRIS-APEX, que llegará después del encuentro.
La ESA tendrá una perspectiva todavía más interesante con Ramses, que está previsto que alcance el asteroide antes del sobrevuelo y lo acompañe durante el encuentro para comparar su forma, superficie, rotación y estructura antes y después de enfrentarse a las fuerzas gravitatorias terrestres.
Tenemos tres años para saber exactamente qué habrá flotando por allí
Hay otra razón por la que los investigadores no pueden cerrar completamente la puerta a una colisión. El catálogo de objetos en órbitas altas no es completo, y tanto las posiciones futuras de algunos restos como la trayectoria de Apophis arrastran incertidumbres que pueden ser del orden de varios kilómetros. El propio estudio reconoce que será necesario realizar un análisis posterior incluyendo una estimación más rigurosa de la población de residuos no catalogados.
Eso no convierte el encuentro de 2029 en una alarma por basura espacial. Lo convierte en un recordatorio bastante curioso de hasta dónde ha llegado el problema.
Apophis es un objeto natural que lleva miles de millones de años recorriendo el Sistema Solar. En 2029 se aproximará a nuestro planeta durante un fenómeno que, para un asteroide de semejante tamaño, solo ocurre aproximadamente una vez cada 5.000 o 10.000 años. Y una de las variables que los científicos tendrán que vigilar durante ese encuentro extraordinario no procede del asteroide ni de la Tierra. La hemos colocado nosotros allí.