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Ciencia

Las patas de este pez no son solo para caminar, sino que también ocultan otro secreto

El petirrojo marino es un animal raro que usa apéndices parecidos a patas para caminar, y ahora los científicos saben por qué tienen esos miembros.
Por Adam Kovac Traducido por

Tiempo de lectura 2 minutos

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Ya no pienses en las patas del cangrejo. Porque cuando se trata de sabor, los petirrojos marinos les ganan a los crustáceos. 

Estas criaturas extrañas son notables por ser peces que usan sus seis apéndices para caminar por el lecho marino. En realidad, lo que se ve como patas son aletas pectorales con formas raras. Los pescadores han observado petirrojos marinos en el oeste del océano Atlántico, que desentierran presas de la arena pero los biólogos no habían examinado el proceso. Y ahora el misterio quedó resuelto: el pez evolucionó para poder saborear el alimento usando esas patas. 

“Es un pez al que le salieron patas usando los mismos genes que contribuyen al desarrollo de nuestros miembros, y luego esas patas tuvieron el nuevo propósito de hallar a sus presas usando los mismos genes que usa nuestra lengua para saborear la comida…algo bastante loco”, dijo Nicholas Bellono, profesor de biología molecular en la Universidad de Harvard. 

Bellono y sus colegas lograron entender esto con un simple experimento. Tomaron petirrojos marinos y los pusieron en tanques en los que habían enterrado mejillones, y para control también pusieron cápsulas que solo contenían agua de mar. Los peces desenterraban los mejillones, y no las cápsulas. Repitieron el experimento poniendo extracto de mejillones en cápsulas, seleccionados por contener químicos que se sabe estimulan las papilas gustativas de los peces. Y una vez más, vieron que los petirrojos marinos desenterraban lo que sus patas tocaban.

Solamente lo que está cerca

Lo sorprendente es que los peces no necesitaban tocar a su potencial presa para saber que era un bocado sabroso. Los receptores de sabor eran tan sensibles que el pez podía detectar los químicos a través de la arena. Pero había una limitación: la comida tenía que estar en un radio de unos 100 milímetros del pez para que pudiera percibir su sabor. 

Los hallazgos fueron tan insólitos que los biólogos marinos tuvieron que publicar dos trabajos para resumirlos. Ambos se publicaron en Current Biology. En el primero resumieron sus experimentos y describieron los complejos sistemas sensoriales de las patas del petirrojo marino. Sus miembros están recubiertos de papilas que contienen células sensibles al sabor y al tacto (la textura rugosa de tu lengua se debe a tus papilas gustativas). 

Para un humano es difícil imaginar que pueda percibirse el sabor si no es con la boca, pero las moscas saborean con sus patas, y otros insectos tienen células gustativas en sus antenas o incluso en las alas. En el segundo estudio, respondieron a la pregunta del desarrollo de esa capacidad. En los genes de los peces hallaron una proteína tbx3a, que tiene que ver en cómo se transcribe el ADN al ARN mensajero. Al editar los genes, la tbx3a participó del desarrollo de las papilas.

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