Las redes sociales forman parte del día a día de niños y adolescentes, pero sus efectos van mucho más allá del entretenimiento. Un estudio reciente revela que la exposición temprana a estas plataformas influye en la salud mental, el sueño y la forma en que los jóvenes construyen la confianza. Entre las chicas de la Generación Z, la relación es aún más marcada: las comparaciones constantes, la presión estética y el ciberacoso están reconfigurando su manera de pensar y sentir.
Tres mecanismos que están moldeando a la Generación Z
La investigación, publicada en Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, analizó datos de casi 19.000 niños británicos seguidos desde su nacimiento.
El equipo del University College London examinó cómo el uso de redes sociales desde los 11 años influía en la salud mental entre los 11 y los 17.
Los resultados fueron claros:
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retraso en la hora de dormir,
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percepción más negativa del propio cuerpo,
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y un aumento de la desconfianza hacia los demás.
Estos tres factores actuaron como mediadores entre la exposición temprana a redes y la aparición de problemas psicológicos graves en la adolescencia tardía.

La desconfianza interpersonal: el efecto más marcado en las chicas
El hallazgo más destacado fue la desconfianza interpersonal, especialmente entre las adolescentes. Dimitris Tsomokos, autor principal, explica que las chicas que empezaron a usar redes sociales muy jóvenes mostraron una menor capacidad para confiar en otras personas años después.
Las razones son múltiples: comparaciones sociales constantes, exclusión en grupos digitales, y ciberacoso.
Las plataformas amplifican las inseguridades y erosionan la percepción de seguridad emocional, afectando a quienes dependen más del apoyo social y la reciprocidad en sus relaciones.
El resultado final fue un aumento de síntomas depresivos y ansiosos, mucho más pronunciados entre chicas que entre chicos.
Sueño y autoimagen: consecuencias invisibles pero profundas
El estudio también encontró que quienes usaban redes sociales desde edades tempranas tendían a acostarse más tarde y a dormir menos.
El retraso en el sueño, combinado con el tiempo de pantalla nocturno, impacta en la regulación emocional, el rendimiento escolar y la estabilidad del ánimo.
En cuanto a la autoimagen, las comparaciones constantes con cuerpos idealizados y filtros distorsionados contribuyeron a una percepción corporal más negativa, un factor clave en la aparición de depresión y ansiedad durante la adolescencia.
Estos mecanismos se mantuvieron firmes incluso después de ajustar por condición socioeconómica, antecedentes maternos y salud mental previa, lo que refuerza la solidez del estudio.
Impresionantes cambios en la personalidad hacia peor
La responsabilidad y la extroversión han disminuido y el neuroticismo ha aumentado especialmente en los jóvenes
¿Es internet quien cambia nuestras personalidad?https://t.co/bFhLuVggCZ pic.twitter.com/4LG2k2t12y
— Virginio Gallardo (@virginiog) November 20, 2025
Qué pueden hacer las familias y las políticas públicas
Los expertos recomiendan intervenciones educativas y comunitarias centradas en:
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fortalecer la confianza social,
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promover hábitos de sueño saludables,
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y fomentar una percepción corporal realista y positiva.
También señalan la necesidad de políticas de salud pública orientadas a la juventud que incluyan formación digital, regulación de algoritmos y programas de apoyo emocional.
El mensaje es claro: las redes sociales no son inocuas en edades tempranas. Ayudar a los adolescentes —especialmente a las chicas— a desarrollar una relación más consciente y equilibrada con estas plataformas es una tarea urgente para proteger su bienestar emocional.
Fuente: Infobae.