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Mundo

Lo que parecía un enojo juvenil podría ser una arquitectura digital global. México atribuye la marcha de la generación Z a una red de desinformación financiada con más de 90 millones

La protesta juvenil parecía surgir de un reclamo espontáneo, pero un informe oficial revela indicios de algo más amplio: cientos de cuentas recién creadas, influencers sin vínculo político, grupos externos y conexiones con Atlas Network habrían amplificado la convocatoria. El Gobierno sostiene que detrás del movimiento operó una estrategia digital de unos 90 millones de pesos.
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Todo comenzó como parece comenzar cualquier movilización digital actual: la indignación de un grupo de jóvenes, un puñado de videos en TikTok, un hashtag que empieza a escalar sin que nadie logre explicar por qué. Pero, según el Gobierno mexicano, la marcha de la llamada generación Z no nació en ese territorio aparentemente espontáneo. Al contrario: habría sido moldeada, amplificada y dirigida desde una arquitectura de desinformación que opera por fuera del país.

Lo reveló esta semana Miguel Ángel Elorza, coordinador de Infodemia según El País, durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. Su equipo rastreó seis semanas de actividad digital y concluyó que lo que parecía un impulso juvenil orgánico habría tenido componentes artificiales. Bots, cuentas recién inauguradas, páginas con giros temáticos sospechosamente bruscos, influencers no vinculados a ningún activismo sociopolítico y actores con intereses políticos y económicos muy concretos.

Según su documento, la inversión estimada durante este periodo: más de 90 millones de pesos.

La ruta digital de un movimiento que no encajaba

Una marcha juvenil convirtió las redes en un tablero internacional: México investiga una operación digital de 90 millones que mezcla bots, influencers y grupos de derecha global
© Luis Barron / Pixelnews / Future Publishing / Gettyimages – Gizmodo.

La reconstrucción temporal del fenómeno sugiere un origen distinto al relato difundido en redes. Todo habría comenzado el 3 de octubre, cuando Azteca Noticias —televisora del empresario Ricardo Salinas Pliego— publicó un reportaje sobre movilizaciones Z en otros países. A los pocos días, el influencer Carlos Bello lanzó críticas directas al Gobierno en un foro de la Cámara de Diputados. Salinas Pliego amplificó ese video el 7 de octubre. Desde ese momento, la curva de actividad cambió de forma abrupta.

En cuestión de días aparecieron casi 200 cuentas en TikTok, muchas creadas entre octubre y noviembre, que usaron nombres como generacionz_mx o revolucionariosmexicanos. En Facebook, 359 grupos comenzaron a difundir contenido relacionado, y un detalle llamó particularmente la atención de Infodemia: 28 eran administrados desde el extranjero. A ello se sumó que 20 páginas dedicadas antes a entretenimiento, fitness o viajes cambiaron de pronto su temática para promover la marcha.

Los patrones se repetían: estética similar, mensajes coordinados, tono emocional replicado y un crecimiento anómalo en horas de baja actividad local.

La narrativa mutó… y el algoritmo lo hizo evidente

Los primeros mensajes —entre el 16 y el 26 de octubre— hablaban de una protesta pacífica enfocada en exigir la revocación de mandato. Pero algo cambió el 27. Imágenes generadas con IA del Palacio Nacional incendiado empezaron a circular, acompañadas de mensajes que desplazaron el eje hacia la inseguridad nacional. Y tras el asesinato del alcalde de Uruapan el 1 de noviembre, ese giro se consolidó.

Elorza sostiene que esta mutación coordinada indica una estrategia de amplificación audiovisual dirigida a públicos jóvenes.
Lo intrigante es que la participación juvenil real parecía mínima: las cuentas más activas correspondían, paradójicamente, a usuarios que no pertenecen a la generación Z.

Actores externos y la sombra de Atlas Network

Una marcha juvenil convirtió las redes en un tablero internacional: México investiga una operación digital de 90 millones que mezcla bots, influencers y grupos de derecha global
© X – @generacionz_mx.

El informe apunta hacia una mezcla heterogénea de intereses: grupos opositores, figuras políticas tradicionales, cuentas vinculadas a Salinas Pliego e incluso organizaciones internacionales como Atlas Network, una estructura de más de 500 think tanks conservadores presentes en América Latina y Europa. En América Latina —señala el documento— esta red ha estado vinculada a campañas de presión digital contra gobiernos progresistas.

Entre los nombres citados aparece el de Fernando Cerimedo, estratega digital cercano al presidente argentino Javier Milei, ahora vinculado al portal La Derecha Diario México, creado por el periodista español Javier Negre tras una invitación del propio Salinas Pliego. Para el Gobierno mexicano, la convergencia de estos actores no es accidental, sino parte de un patrón transnacional de comunicación política.

El impacto de los influencers “sin bandera”

Otro elemento desconcertante fue la aparición súbita de influencers ajenos a la política: músicos, gamers, perfiles de maquillaje, creadores de contenido humorístico. Todos ellos comenzaron a compartir mensajes sobre la marcha en cuestión de días.

Según Elorza, estos perfiles habrían sido clave para sembrar emociones, no argumentos. “Es una campaña de amplificación artificial mediante estrategias audiovisuales y emocionales dirigidas a jóvenes”, afirmó.

Aunque el informe no identifica al financiador directo de esta operación, sí insiste en que no se trataría de un esfuerzo interno.

Una marcha rodeada de dudas y blindajes

Una marcha juvenil convirtió las redes en un tablero internacional: México investiga una operación digital de 90 millones que mezcla bots, influencers y grupos de derecha global
© Enfoque Noticias MX.

La manifestación será dentro de unas horas, pero la discusión ya superó a la propia convocatoria. La ciudad amaneció blindada con vallas alrededor del Palacio Nacional. Las cuentas asociadas al movimiento comparten tutoriales sobre cómo derribar barreras y cómo evadir dispositivos policiales. Y aunque Sheinbaum reconoce que puede haber jóvenes genuinamente inconformes, insiste en que la movilización responde a “una operación política incluso financiada desde el extranjero”.

Mientras tanto, el movimiento responde con ironía: “Todos los personajes mencionados en la mañanera, repórtense con esos milloncitos”.

Un espejo incómodo de la política digital contemporánea

Este episodio no solo pone en cuestión la autenticidad de una protesta juvenil. También expone un fenómeno global: los movimientos sociales ahora pueden ser impulsados o distorsionados por redes transnacionales, algoritmos, intereses corporativos y campañas emocionales de bajo costo. La pregunta ya no es solo quién convoca, sino quién amplifica.

Y en un ecosistema donde una cuenta recién creada puede volverse viral en minutos, el límite entre protesta legítima y operación digital se vuelve borroso, inquietante… y profundamente político.

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