No es una película fácil ni pretende serlo. Ganadora de tres premios Goya y basada en hechos reales, Mediterráneo vuelve a Netflix como un recordatorio incómodo y necesario: hay historias que el cine no puede suavizar sin traicionarlas.
Por primera vez, un equipo científico ha conseguido analizar la estructura interna de una estrella gigante justo en los instantes previos a su colapso. El objeto, identificado como 2021yfj, confirma teorías sobre cómo se organizan sus capas, pero también revela comportamientos que todavía no encajan del todo.
Stephen Hillenburg fue muy claro sobre cómo debía ser Bob Esponja. Nickelodeon también fue muy clara… sobre cuánto dinero quería ganar.
Un estudio del ETH de Zúrich sugiere que el hierro líquido del núcleo terrestre actúa como un freno invisible para el giro del planeta. El efecto es mínimo —apenas milisegundos cada mil años—, pero revela una dinámica interna capaz de influir en procesos globales como el clima y el campo magnético.
Un equipo de la Universidad de Illinois ha desarrollado módulos cuánticos capaces de conectarse entre sí como piezas intercambiables. La idea es romper uno de los mayores límites actuales de esta tecnología: que los ordenadores cuánticos puedan crecer, repararse y adaptarse igual que los viejos ordenadores ensamblados por componentes.
Hubo un momento en el que Star Wars estuvo a punto de dar el giro más radical de toda su historia. No fue con Disney, ni con The Mandalorian, ni siquiera con Andor. Fue mucho antes, cuando George Lucas aún tenía el control absoluto de su universo y soñó con una serie adulta, oscura y ambiciosa que hoy suena casi imposible.
Un equipo de científicos desarrolla un humanoide capaz de mantener un embrión dentro de un útero artificial, con líquido amniótico y nutrientes controlados por sensores. El objetivo es estudiar la gestación fuera del cuerpo humano, pero el experimento ya plantea preguntas incómodas sobre ética, control y límites tecnológicos.
Netflix vuelve a demostrar por qué sigue siendo la plataforma de streaming dominante a nivel global. Su nuevo estreno se ha convertido en un fenómeno inmediato: El botín alcanzó el puesto número 1 en 86 países en apenas 48 horas, consolidándose como uno de los grandes éxitos del arranque de 2026.
Un nuevo estudio demuestra que cada persona posee una “firma de movimiento” imposible de copiar con exactitud. La manera de caminar, los gestos y la postura generan patrones únicos que el cerebro reconoce de forma natural y que ahora también empiezan a interesar a la tecnología biométrica.
Si hoy alguien menciona el nombre de Jordi Sánchez, la imagen es inmediata: traje, bigote, soberbia desmedida y el lema eterno de “Mariscos Recio, el mar al mejor precio”. Antonio Recio es uno de los personajes más icónicos de la televisión española y una pieza clave del éxito de La que se avecina. Sin embargo, lo que muchos olvidan es que el actor ya había pasado antes por el universo de los hermanos Caballero… aunque casi nadie se dio cuenta.
Investigadores de la Universidad del Sur de California registraron la actividad del hipocampo en 24 pacientes con epilepsia. Con ayuda de un algoritmo, lograron predecir qué tipo de imagen recordaba cada persona, abriendo la puerta a futuras prótesis de memoria y planteando dilemas sobre la intimidad del pensamiento.
Durante ocho temporadas y casi 200 episodios, uno de los personajes más populares de Aquellos maravillosos 70 consiguió algo insólito en una comedia televisiva: existir sin pasado. Todo el mundo lo llamaba Fez, pero nadie —ni los personajes ni los espectadores— sabía realmente de dónde venía. Y lo más sorprendente es que la serie se aseguró de que así fuera hasta el final.
Durante décadas, la televisión fue considerada un territorio menor para las grandes estrellas de Hollywood. Antes de la actual edad de oro de las series, muchos actores de cine veían la pequeña pantalla como un paso atrás en su carrera, un medio reservado para intérpretes sin el suficiente tirón comercial para llenar salas. Uno de los defensores más férreos de esta idea fue John Wayne, que durante años dejó claro que su lugar estaba exclusivamente en el cine.
Netflix querrá repetir el fenómeno, los fans piden más y el universo da para seguir creciendo. Pero la creadora de Las guerreras K-Pop ya ha puesto una línea roja muy clara para cualquier secuela: nada de acción real. Y no es un capricho.
La Tierra Media estaba llena de seres milenarios, pero casi ninguno tenía la edad que decía el libro. En La Comunidad del Anillo, Peter Jackson hizo un reparto brillante… aunque solo un actor coincidía realmente con la edad de su personaje según Tolkien.
Llegué tarde a esta serie de HBO, pero bastaron unos pocos episodios para convertirme en un adicto. Finanzas, poder y emociones al límite se mezclan en un retrato incómodo y adictivo del capitalismo moderno. Ahora regresa con una nueva temporada dispuesta a subir la apuesta.
Vivimos una época en la que el anuncio de una secuela tardía ya no sorprende a nadie. Franquicias dormidas durante décadas regresan constantemente a la actualidad, a veces por puro cálculo comercial y otras —las menos— con una verdadera necesidad creativa detrás. En ese segundo grupo se sitúa 28 años después, uno de los fenómenos del cine de terror del año pasado y, sin duda, el regreso más inspirado de una saga de culto.
Las intenciones artísticas nunca son fáciles de calcular, y menos aún cuando el autor ya no está para defenderlas. Cada nueva restauración de un clásico del cine vuelve a abrir un debate que parece irresoluble: ¿estamos viendo la película como fue concebida… o como creemos recordarla?
Han pasado 25 años desde que Peter Jackson llevó por primera vez a la gran pantalla el universo de El Señor de los Anillos. Aquella trilogía —La Comunidad del Anillo (2001), Las dos torres (2002) y El retorno del rey (2003)— no solo redefinió el cine fantástico, sino que inauguró una franquicia que, lejos de agotarse, sigue creciendo. Ahora, el cineasta tiene en mente una nueva “película” de la saga, aunque muy distinta a lo que cabría esperar… y todavía sin el visto bueno del estudio.
La noche en la que James Cameron se proclamó definitivamente como el “rey del mundo” no estuvo marcada solo por récords y aplausos. Entre bastidores, mientras Titanic arrasaba en la gala de los Premios de la Academia, el cineasta estuvo a punto de protagonizar uno de los episodios más surrealistas —y tensos— de la historia de los Premios Óscar: casi rompe una estatuilla para lanzársela a Harvey Weinstein.