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Algo está cambiando en el interior de la Tierra. Los científicos creen haber encontrado un fenómeno casi invisible qué está frenando su rotación

Un estudio del ETH de Zúrich sugiere que el hierro líquido del núcleo terrestre actúa como un freno invisible para el giro del planeta. El efecto es mínimo —apenas milisegundos cada mil años—, pero revela una dinámica interna capaz de influir en procesos globales como el clima y el campo magnético.

Durante grandes siglos, el núcleo de la Tierra ha sido un misterio rodeado de hipótesis. Ahora, nuevas investigaciones sugieren que algo está modificando su comportamiento. Con ayuda de modelos avanzados y el análisis de registros geológicos e históricos, los geofísicos han comenzado a desentrañar qué ocurre en ese abismo incandescente que sostiene el campo magnético y el ritmo de rotación del planeta.

El núcleo como escenario de fuerzas ocultas

El núcleo de la Tierra está cambiando: lo que los científicos creen haber descubierto en su interior
© Unsplash – Joshua Earle.

El núcleo terrestre se extiende desde los 3.000 hasta los 6.350 kilómetros bajo nuestros pies. Allí, hierro y níquel forman una esfera sólida y líquida que, pese a ser inaccesible, ha sido estudiada gracias a las ondas sísmicas y su interacción con las capas geológicas.

Esa región, vital para la estabilidad del campo magnético, no es estática. Los investigadores del ETH de Zúrich sostienen que parte del hierro fundido está desplazándose de manera que actúa como un freno sutil para la rotación de la Tierra. El resultado es casi imperceptible: días más largos por apenas milisegundos cada mil años, pero suficientes para alterar la dinámica de un planeta que depende de su delicado equilibrio interno.

Un hallazgo con consecuencias globales

El núcleo de la Tierra está cambiando: lo que los científicos creen haber descubierto en su interior
© Unsplash – Shawn Appel.

Esta teoría de un “freno” interno no es nueva: fue planteada hace dos décadas, pero hasta ahora no había herramientas suficientes para confirmarla. El equipo recurrió a datos magnéticos de diferentes épocas, sedimentos terrestres y registros de eclipses antiguos, interpretados con redes neuronales.

El análisis reveló que agua y hielo influyen menos en la dinámica global de lo que se creía. En cambio, los flujos internos de hierro líquido parecen tener un peso mayor en la velocidad de rotación y, en consecuencia, en fenómenos climáticos. Aunque los efectos no son inmediatos, el hallazgo obliga a replantear cómo entendemos la interacción entre el núcleo y la superficie del planeta.

El núcleo como narrador del tiempo

El estudio no estuvo exento de complejidad. Fue necesario descartar influencias externas conocidas —como la atracción de la Luna o las variaciones en el hielo polar— hasta aislar la señal atribuida al núcleo. Lo que queda es una historia de fluidos que, comprimidos a temperaturas y presiones extremas, reconfiguran el pulso interno de la Tierra.

La conclusión es muy clara: nuestro planeta no solo respira y se transforma en la superficie, también late en su interior. Y ese latido, aunque imperceptible, nos recuerda que incluso los cimientos más profundos de la Tierra están en constante cambio.

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