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Ciencia

Leonardo da Vinci dejó un extraño escarabajo escondido entre sus estudios de ríos. 500 años después, los científicos creen que la pista podría estar en una sustancia afrodisíaca

En una página del Códice Arundel dedicada a la dinámica de los ríos, Leonardo dibujó un extraño escarabajo sin alas. Un nuevo estudio cree que su interés pudo estar relacionado con el vuelo o con una conocida sustancia afrodisíaca.
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Entre las miles de páginas que dejó Leonardo da Vinci hay máquinas voladoras, estudios anatómicos, diseños hidráulicos y observaciones prácticamente sobre cualquier fenómeno natural que despertara su curiosidad. También hay un pequeño escarabajo.

El dibujo aparece discretamente en el folio 36 recto del Códice Arundel, conservado actualmente por la British Library. No es un descubrimiento nuevo, pero sí una imagen que había recibido muy poca atención académica. Ahora, Marco A. Bologna y Alberto Zilli han dedicado un estudio publicado en npj Heritage Science a intentar responder una pregunta bastante más interesante de lo que parece: ¿por qué Leonardo decidió dibujar precisamente ese insecto?+

El detalle más extraño es que Leonardo lo dibujó junto a sus estudios sobre el agua

Los investigadores identifican al animal como un escarabajo del género Meloe, probablemente una hembra de Meloe proscarabaeus. La forma de las antenas, el abdomen hinchado y el pronoto permiten acotar bastante la identificación. Además, esta especie está ampliamente distribuida por las llanuras y colinas próximas a Florencia.

El momento también encaja. Según Carlo Vecce, especialista en Leonardo citado por el estudio, el dibujo habría sido realizado alrededor de 1503 o 1504, durante la segunda estancia del artista en Florencia. El problema es el contexto: Leonardo dejó al insecto sin ninguna explicación junto a anotaciones y dibujos relacionados con la dinámica fluvial.

Que Leonardo dibujara insectos tampoco resulta extraño. Libélulas, abejas, avispas y mariposas aparecen en sus manuscritos porque estaba profundamente interesado en la mecánica del vuelo. Lo curioso es precisamente que los Meloe no pueden volar: tienen las alas posteriores ausentes y unos élitros extremadamente reducidos.

Esto conduce a una de las posibles explicaciones. Leonardo pudo encontrarlo mientras estudiaba el terreno y anotarlo porque representaba exactamente lo contrario de muchos de los insectos que observaba: un escarabajo que había perdido la capacidad de volar.

También había otra razón para fijarse en este escarabajo

Leonardo da Vinci dejó un extraño escarabajo escondido entre sus estudios de ríos. 500 años después, los científicos creen que la pista podría estar en una sustancia afrodisíaca
© Shutterstock / fabioski.

Aquí es donde la historia se vuelve bastante más peculiar. Los escarabajos de la familia Meloidae producen cantaridina, una sustancia tóxica capaz de provocar ampollas que llevaba siglos siendo utilizada tanto como medicamento y veneno como por su fama de afrodisíaco.

Leonardo probablemente conocía esas propiedades. Vecce sostiene que poseía un ejemplar del Hortus Sanitatis, una obra publicada en 1491 que describía los usos medicinales de estos insectos y sus efectos vesicantes y afrodisíacos. La cantaridina ya aparecía además en las tradiciones médicas grecorromanas y continuó utilizándose durante el Renacimiento.

El vínculo no es completamente descabellado. Leonardo estudió con enorme detalle la anatomía y fisiología del aparato reproductor masculino, incluida la erección, y en otro de sus manuscritos llegó a registrar una receta relacionada con un afrodisíaco.

El problema es que Leonardo nunca explicó qué estaba haciendo

El estudio plantea en realidad tres posibilidades: que simplemente encontrara el escarabajo y lo dibujara por curiosidad; que le interesara precisamente porque era un insecto incapaz de volar; o que reconociera en él una fuente de cantaridina. Y ninguna puede demostrarse.

Los propios investigadores advierten que escoger una explicación concreta sería especulativo. Leonardo no dejó ninguna anotación junto al dibujo capaz de resolver el misterio.

Eso es también lo que convierte el pequeño boceto en algo tan fascinante. Cinco siglos después sabemos con bastante precisión qué escarabajo estaba mirando Leonardo. Lo que seguimos sin saber es qué estaba pensando mientras lo dibujaba.

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