La estrella que le da vida a la Tierra también es increíblemente violenta. El sol produce erupciones frecuentes, con tormentas solares que afectan a la tecnología cuando se dirigen hacia nuestro planeta. Pero en comparación con otras estrellas de su tamaño, temperatura y variabilidad, la nuestra es inusualmente tranquila.
Las investigaciones muestran que las estrellas como nuestro sol producen “super llamaradas”, extremas llamaradas solares más potentes de mil millones de bombas de hidrógeno, y que ocurren aproximadamente una vez cada cien años. Basándonos en esto y en otras líneas de evidencia, también es lógico pensar que eso debería hacer nuestro sol, pero la ciencia hasta ahora nunca ha observado una super llamarada. Sí se han hallado rastros de intensas explosiones de alta energía con partículas solares a lo largo de la historia de la Tierra, como picos en concentraciones de isótopos radiactivos en el interior de troncos de árboles, núcleos de hielo y hasta en meteoritos. Pero no se sabe con claridad si esas erupciones de partículas se originaron en super llamaradas.
Es de crítica importancia saber si el sol es capaz de producir estas enormes explosiones. Una super llamarada dirigida hacia la Tierra podría hacer colapsar la totalidad de las redes de energía, destruir satélites, provocar apagones globales de radio y dar lugar a fallos en cascada en infraestructura, con daños de billones y billones de dólares.
En un nuevo estudio publicado en el Philosophical Transactions of the Royal Society A, los científicos propusieron una nueva perspectiva para responder a la pregunta. Hallaron nueva evidencia que sugiere que nuestra estrella algún día podría producir una super llamarada.
Potencial de super llamarada
Encabezados por Natalie Krivova del Instituto Max Planck de Investigaciones del Sistema Solar, un equipo de investigadores analizó los datos del Observatorio de Dinámicas Solares de la NASA para calcular la fuerza máxima de una llamarada solar.
Analizaron las observaciones recogidas entre 2010 y 2016 e identificaron las 300 llamaradas más potentes de ese período. Luego correlacionaron la cantidad de energía liberada por cada llamarada con el tamaño de la región activa de donde provino. Las regiones activas son áreas de la superficie del sol relacionadas con manchas solares donde el campo magnético es particularmente potente, y estructuralmente complejo. Al retorcerse, se rompe como una bandita de goma y libera una explosión de energía que se conoce como llamarada solar.
“Por supuesto, sabíamos que en el periodo de las observaciones no había habido super llamaradas”, explicó Krivova en declaraciones. “Pero la relación estadística que encontramos entre la energía liberada y el tamaño de la región activa debería cumplirse para eventos más potentes también”, afirmó.
Establecida la relación, Krivova y sus colegas analizaron las manchas solares más grandes que se hayan registrado en la superficie del sol. Basándose en su tamaño infirieron la extensión de sus regiones activas, y luego infirieron la potencia máxima de una llamarada solar proveniente de esas áreas.
Su análisis reveló que los grupos de manchas solares históricamente más grandes en teoría eran capaces de producir súper llamaradas, aunque los investigadores insisten en que su estudio no se centró en la probabilidad o frecuencia esperada de tales eventos.
“Nuestro sol tiene el potencial de producir súper llamaradas. Puede producir manchas solares masivas que en principio pueden ser el punto de partida para las explosiones de radiación más extremas”, dijo Krivova.
Hay que estar preparados
Si el sol es capaz de producir súper llamaradas, lo que nos preguntamos es ¿por qué no se han visto?
Bueno, es que la humanidad ha estado estudiando al sol durante apenas una fracción de tiempo de su vida. Aunque en estudios anteriores se ha sugerido que las estrellas como el sol producen una super llamarada más o menos cada 100 años, es un promedio estadístico de entre miles de estrellas, y no constituye un calendario fijo. El sol puede haber producido super llamaradas hace mucho tiempo, y esa evidencia tal vez ya desapareció, o no hay cómo relacionarla directamente con una super llamarada.
Sin embargo, a lo largo de la historia registrada hubo llamaradas solares potentes. La mayor que se haya documentado con instrumentos modernos fue entre fines de octubre y principios de noviembre de 2003. Pero aunque fueron extremadamente potentes, no llegaron a ser súper llamaradas.
Las tormentas solares que resultaron sí afectaron a más de la mitad de las naves espaciales que orbitan en torno a la Tierra, obligando a varias misiones al espacio profundo a cancelarse o entrar en modo seguro, y los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional debieron buscar refugio de la radiación. En la Tierra, afectaron las comunicaciones de radio y los sistemas de GPS.
Estos eventos y la plausibilidad física de las súper llamaradas destacan la necesidad de fortalecer infraestructuras ante el riesgo de tormentas solares extremas. Hoy que dependemos de la tecnología para todo, es más que nunca importante entender la volatilidad de nuestro sol.