Saltar al contenido
Ciencia

Lo que engaña a los gigantes del océano: una señal invisible los lleva a la muerte

Cada vez más ballenas aparecen muertas con el estómago lleno de objetos imposibles de digerir. No se trata de un accidente aislado, sino de un problema profundo y sistemático. Descubre qué las está confundiendo bajo las aguas más oscuras del planeta y por qué lo que perciben no es lo que parece
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Algo extraño está sucediendo en las profundidades del océano. Ballenas que deberían estar cazando calamares aparecen varadas, famélicas y con el estómago lleno de objetos plásticos. Este misterio ha desconcertado a los científicos durante años, pero una serie de recientes estudios empieza a arrojar luz sobre el engaño que podría estar condenando a estos titanes del mar. Lo más inquietante es que la causa no está en su comportamiento, sino en la manera en la que interpretan el mundo.

El océano profundo no perdona los errores sensoriales

Por Que Las Ballenas Comen Plastico
© Unsplash – Oliver Tsappis

Las ballenas dentadas —como los cachalotes y los zifios— han evolucionado para cazar en absoluta oscuridad. A cientos o miles de metros de profundidad, no pueden ver lo que hay a su alrededor. En lugar de usar la vista, emiten sonidos agudos que rebotan en los objetos cercanos y les devuelven una “imagen acústica” de lo que tienen delante. Esta técnica, llamada ecolocalización, les permite detectar presas como los calamares con notable precisión.

Sin embargo, hay un problema. En un entorno donde cada reflejo sonoro puede significar comida, ¿qué pasa cuando algo artificial suena igual que una presa real? Ahí comienza el drama invisible que está costando la vida a muchas ballenas.

Objetos que no deberían estar allí… pero “suenan” como comida

Por Que Las Ballenas Comen Plastico
© Unsplash – Chinh Le Duc

Un equipo de científicos decidió investigar por qué tantas ballenas aparecían muertas con bolsas, globos y otros objetos plásticos en su sistema digestivo. El estudio, publicado en Marine Pollution Bulletin, reveló que algunos tipos de plástico —especialmente las bolsas de supermercado y envoltorios finos— devuelven ecos muy similares a los de los calamares.

Durante los experimentos, los investigadores compararon la respuesta acústica de distintos desechos plásticos con la de presas reales. Para su sorpresa, los plásticos no solo imitaban los ecos de los calamares, sino que a veces los superaban en intensidad. En otras palabras, para una ballena que depende del sonido para cazar, el plástico puede sonar incluso más atractivo que la presa real.

Las ballenas no mastican ni prueban su comida como los humanos. Absorben por succión lo que creen haber captado como presa. Si un objeto no comestible entra en su boca, es probable que ya sea demasiado tarde para distinguirlo o expulsarlo.

Antes de que existiera el plástico, todo lo que generaba un eco fuerte en las profundidades era, con altísima probabilidad, comestible. Por eso, estos animales no desarrollaron mecanismos para discriminar entre lo natural y lo artificial. Simplemente no lo necesitaban. Pero ahora, ese sesgo evolutivo los está matando.

¿Pueden las ballenas aprender a evitar el plástico?

Algunos expertos creen que con el tiempo las ballenas podrían aprender a no responder a ciertos ecos. Pero esa esperanza es lejana y, en cualquier caso, insuficiente frente a la cantidad masiva de plástico que se vierte cada año en el océano: millones de toneladas métricas, convertidas en billones de fragmentos flotantes.

La opción más inmediata y efectiva es reducir la producción de plásticos, especialmente los de un solo uso. Algunos investigadores también sugieren que se diseñen materiales que no imiten acústicamente a las presas marinas. Sin embargo, esto podría aumentar otros peligros, como los enredos con redes invisibles o cuerdas sintéticas.

Lo más angustiante, según los biólogos, es que estos animales no entienden que están muriendo. Las ballenas atrapadas en este círculo trágico siguen alimentándose, creyendo que están comiendo, mientras su cuerpo se debilita por la malnutrición, infecciones y lesiones internas. No muestran signos de alarma, porque sus sentidos les dicen que todo está bien.

Y ese es el verdadero horror: están siendo engañadas por el sonido. Un error sensorial que antes las mantenía vivas ahora las empuja hacia una muerte lenta y silenciosa. Mientras tanto, cada bolsa plástica que llega al mar puede convertirse en una trampa mortal para uno de los seres más majestuosos del planeta.

[Fuente: National Geographic Latinoamérica]

Compartir esta historia

Artículos relacionados