La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cotidiana: redacta correos, ayuda con tareas escolares y responde dudas en segundos. Pero lo que ocurre detrás de cada interacción con un modelo de lenguaje podría tener consecuencias ambientales inesperadas. Investigadores están empezando a descubrir cuánto contamina realmente cada palabra generada por una IA… y los resultados son inquietantes.
Lo que no se ve cuando una IA responde
Cada vez que escribimos una instrucción en un chatbot, esa orden se traduce en códigos numéricos llamados “tokens” que viajan a centros de datos masivos, donde enormes computadoras procesan cálculos a velocidades vertiginosas. Este sistema, alimentado muchas veces por fuentes de energía no renovables como el gas o el carbón, genera respuestas aparentemente inofensivas, pero con una huella ambiental considerable.
Según el Electric Power Research Institute, una simple consulta a una IA puede consumir hasta diez veces más energía que una búsqueda tradicional en Google. Y si se trata de preguntas complejas, el impacto crece exponencialmente.
Investigadores en Alemania evaluaron 14 modelos de lenguaje y comprobaron que las respuestas largas o elaboradas pueden generar hasta seis veces más emisiones de carbono que una respuesta breve. Pero lo más preocupante es que los sistemas más avanzados —los “más inteligentes”— pueden emitir hasta 50 veces más dióxido de carbono que sus versiones básicas para una misma tarea.
¿Por qué algunas IAs contaminan más que otras?
Los modelos de inteligencia artificial más potentes están construidos con decenas de miles de millones de parámetros, una especie de “conexiones neuronales” que permiten mayor razonamiento. Cuantos más parámetros, más precisa puede ser la respuesta, pero también mayor es el consumo energético.
El doctorando Maximilian Dauner, uno de los autores del estudio, explica que el costo de esa precisión es alto. Incluso el estilo educado del usuario —al incluir “por favor” o “gracias”— puede alargar la respuesta y, por ende, aumentar el consumo de energía.
Por eso, los expertos sugieren ser más directos al usar estos sistemas: limitar la longitud de las respuestas, pedir solo lo esencial y evitar interacciones innecesarias. “Una IA puede gastar mucha energía solo por intentar ser amable”, advierte Dauner.
Además, no todos los modelos son iguales. Algunos están diseñados para tareas específicas y consumen mucha menos energía. Elegir el modelo adecuado según la necesidad puede reducir significativamente el impacto ambiental.

Elegir mejor, preguntar menos
Sasha Luccioni, especialista climática de la empresa Hugging Face, advierte que el usuario promedio no siempre tiene el control sobre qué IA está usando. Muchas veces, los sistemas más pesados están integrados por defecto en aplicaciones, buscadores y redes sociales, sin que se nos informe sobre su consumo energético.
Para tareas simples, como una búsqueda escolar o un cálculo matemático, recurrir a recursos tradicionales —como una enciclopedia o una calculadora de bolsillo— podría ser mucho más sostenible. Y en contextos donde sí se necesita IA, usar modelos más ligeros y específicos es clave para reducir la huella de carbono.
Dauner propone que las empresas tecnológicas empiecen a mostrar el impacto estimado de cada respuesta generada. “Si la gente supiera cuántas emisiones genera convertir una pregunta banal en una historia épica, tal vez lo pensaría dos veces”, reflexiona.
Una urgencia silenciosa que aún no tiene reglas
Medir con precisión el impacto ambiental de cada modelo sigue siendo complicado. El consumo varía según el hardware, la infraestructura local, y muchas empresas no comparten datos clave sobre el uso energético de sus sistemas. Además, no existen normativas claras que exijan transparencia en este aspecto.
Shaolei Ren, experto en ingeniería y sostenibilidad, sostiene que la IA puede volverse más eficiente si se incentiva económicamente el ahorro energético. Sin embargo, por ahora, la responsabilidad recae principalmente en los usuarios y los desarrolladores conscientes.
Lo cierto es que la carrera por integrar IA en cada rincón de la tecnología no se detiene, y sus consecuencias ya son tangibles. Tal vez no podamos verlas, pero con cada respuesta que leemos, el planeta también responde.
[Fuente: CNN Español]