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Ciencia

Lo que nadie te contó sobre la cena de tus hijos: el reloj interno también influye en su salud

Un reciente estudio español pone bajo la lupa no solo lo que comen los niños, sino cuándo lo hacen. ¿Podría el horario de las comidas afectar su metabolismo, el colesterol y el riesgo futuro de enfermedades? Los hallazgos podrían cambiar la forma en que planificamos los menús infantiles.
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La obesidad infantil continúa creciendo a nivel mundial, y España no es la excepción. Sin embargo, más allá de las calorías o la calidad de los alimentos, un nuevo factor empieza a despertar el interés de los expertos: el momento del día en que los niños comen. Este artículo explora una investigación reciente sobre la influencia del horario de las comidas en la salud metabólica infantil.


El reloj biológico también tiene hambre

Cada vez más estudios muestran que nuestros cuerpos no solo responden a lo que comemos, sino también al momento en que lo hacemos. Esta es la base de la crononutrición, una disciplina que investiga cómo los ritmos circadianos afectan el metabolismo. En este contexto, el grupo VALORNUT de la Universidad Complutense de Madrid analizó a 880 escolares españoles de entre 8 y 13 años para evaluar el impacto del horario de las comidas sobre su estado nutricional.

Lo que nadie te contó sobre la cena de tus hijos: el reloj interno también influye en su salud
© cottonbro studio – Pexels

Los investigadores recogieron datos sobre la calidad de la dieta, horarios de desayuno y cena, duración de la llamada “ventana alimentaria” (tiempo entre la primera y última comida del día), y diversos parámetros bioquímicos como glucosa y colesterol.


Resultados que cuestionan lo que dábamos por hecho

Contrario a lo que podría esperarse, ni desayunar más allá de las 8:53 h, ni cenar después de las 21:10 h, ni alargar la ventana de alimentación a más de 12 horas se vinculó con una mayor tasa de obesidad. Sin embargo, eso no significa que no haya efectos preocupantes.

Los niños que desayunaban más tarde mostraron, sorprendentemente, menores niveles de glucosa y colesterol LDL, y un aumento del colesterol HDL. Pero, cuando la ventana alimentaria era demasiado amplia, los efectos eran menos positivos: se observaron mayores niveles de glucosa, peores perfiles de colesterol y un mayor riesgo cardiovascular a largo plazo.

Además, tanto desayunar como cenar tarde se relacionaron con una peor calidad de la dieta, posiblemente por una mayor improvisación y menor planificación de las comidas.


Qué implican estos hallazgos para las familias

Los investigadores sugieren que estos efectos están relacionados con la biología interna del cuerpo: por la noche se gasta menos energía y hay una menor capacidad para metabolizar carbohidratos y grasas. Además, una cena tardía, combinada con menos horas de sueño —algo común en los escolares con ventanas alimentarias prolongadas— puede agravar el impacto metabólico.

Lo que nadie te contó sobre la cena de tus hijos: el reloj interno también influye en su salud
© cottonbro studio – Pexels

También se menciona que desayunar demasiado temprano, en presencia de niveles altos de melatonina, podría tener efectos negativos sobre la insulina y la tolerancia a la glucosa.


Consejos clave que pueden marcar la diferencia

Los expertos del estudio recomiendan adelantar la cena y reducir la duración de la ventana alimentaria a menos de 12 horas, para concentrar las comidas en los momentos del día en que el cuerpo está más activo. Aunque el estudio es observacional, ofrece nuevas pistas para abordar el sobrepeso infantil desde un enfoque innovador.

Promover buenos hábitos desde la infancia, incluyendo no solo el qué sino el cuándo se come, podría ser crucial para mejorar la salud a largo plazo.

Fuente: TheConversation.

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