Cada vez que encendemos una lámpara o alguien recibe radioterapia, se genera una pequeña parte de un gran dilema: los residuos radiactivos. ¿A dónde van? ¿Cómo se almacenan? ¿Son todos igual de peligrosos? En este artículo exploramos cómo España gestiona estos residuos invisibles pero cruciales, desde su origen hasta los intentos de encontrarles un destino final seguro.
Cómo se gestionan los residuos radiactivos de uso médico
Cuando mi abuelo Xoel recibió su tratamiento con estroncio-89, estaba utilizando un isótopo radiactivo altamente eficaz contra el cáncer, pero igualmente peligroso si escapa de su propósito. Este material, tras cumplir su función, se convierte en un residuo que no puede ir a la basura común.

En estos casos, el hospital lo almacena temporalmente hasta que Enresa —la empresa encargada de los residuos radiactivos en España— lo recoge. Posteriormente, este y otros desechos similares se trasladan al centro de almacenamiento de El Cabril, en Córdoba, mediante un transporte especializado.
Allí, los residuos se introducen en bidones metálicos de 220 litros, en los que una parte es material radiactivo y el resto hormigón. Estos bidones se encapsulan en contenedores de 24 toneladas, sellados con cemento y almacenados en celdas blindadas. Este sistema, en uso desde 1992, también recibe residuos de sectores como la industria, minería, arte o medio ambiente, todos de baja intensidad y sin generación de calor, cuya peligrosidad disminuye en unas décadas.
El desafío mayor: los residuos de las centrales nucleares
Las centrales nucleares españolas generan residuos mucho más peligrosos. Cada cierto tiempo, deben reemplazar parte del combustible —barras de dióxido de uranio— que, tras su uso, emite altas dosis de radiación y permanece activo durante cientos de miles de años.
Inicialmente, este combustible se enfría y se protege en piscinas dentro de las propias centrales. Sin embargo, al agotarse su capacidad, se han tenido que usar contenedores especiales en el exterior. Una opción que también se utiliza en otros países.
Se propuso crear una instalación de almacenamiento centralizada en Villar de Cañas (Cuenca), pero el proyecto no prosperó. En cambio, otros países como Holanda llevan años operando centros similares con éxito.

Una solución aún pendiente en España
La única salida definitiva para estos residuos de altísima peligrosidad es el almacenamiento profundo en formaciones geológicas estables, como granitos o arcillas, utilizando múltiples capas de protección. La idea lleva décadas en estudio y varios países europeos ya tienen emplazamientos elegidos, aunque ninguno en funcionamiento.
España, sin embargo, sigue sin definir su ubicación. Se estima que hacia 2073 podría comenzar a operar esta instalación. ¿Por qué tanto retraso? La causa principal es la dificultad política y social de encontrar un lugar que cumpla los requisitos técnicos y cuente con aceptación ciudadana.
Conviene recordar que entre el 20 % y el 25 % de la electricidad en España ha provenido de la energía nuclear en las últimas dos décadas. Aunque el debate sobre su uso continúe, los residuos ya generados deben gestionarse. Ignorarlos sería una carga injusta para las próximas generaciones.
Gracias al Sr-89, hoy mi abuelo Xoel está recuperado y disfrutando de la vida. Pero ese residuo, como tantos otros, sigue esperando un lugar donde descansar… para siempre.
Fuente: TheConversation.