Las dietas bajas en carbohidratos se han convertido en un fenómeno global. Prometen una pérdida de peso acelerada y mejoras metabólicas, pero ¿qué ocurre en realidad cuando se eliminan estos nutrientes? La ciencia y los expertos advierten que no todo es tan simple. Te contamos qué pasa en tu cuerpo, qué efectos son reales, cuáles son los riesgos y por qué podrías estar enfocándote en lo equivocado.
Qué implica realmente dejar los carbohidratos
Reducir el consumo de carbohidratos significa renunciar —total o parcialmente— a alimentos como cereales, frutas, legumbres, lácteos y verduras con almidón. A cambio, se potencia la ingesta de proteínas animales y grasas saludables, como las del aguacate, los frutos secos o los aceites vegetales.
Existen múltiples variantes de estas dietas: desde la cetogénica hasta la paleolítica. Todas limitan drásticamente la cantidad diaria de carbohidratos, a menudo por debajo de los 60 gramos. Esta restricción obliga al cuerpo a entrar en cetosis, un estado metabólico en el que se quema grasa como fuente principal de energía.

En teoría, este proceso favorece una pérdida de peso más rápida y una mayor saciedad. Pero lo que a menudo no se cuenta son las consecuencias fisiológicas de mantener esta dinámica por demasiado tiempo.
Beneficios reales… pero con matices
A corto plazo, estas dietas pueden parecer milagrosas. Muchas personas experimentan una bajada notable de peso, y algunos indicadores de salud —como el azúcar en sangre o el colesterol HDL— mejoran temporalmente, sobre todo en quienes padecen diabetes tipo 2 o síndrome metabólico.
Sin embargo, estudios más extensos revelan que, tras un año o dos, los resultados no difieren mucho de los obtenidos con dietas equilibradas. Además, mantener este tipo de alimentación a largo plazo puede resultar difícil, y su sostenibilidad depende más del estilo de vida que del tipo de alimentos restringidos.
Efectos secundarios que no debes ignorar
Eliminar carbohidratos de forma brusca no está exento de efectos secundarios. Algunos de los más comunes incluyen fatiga, dolores de cabeza, estreñimiento, mal aliento y calambres musculares. Además, al suprimir grupos enteros de alimentos, se corre el riesgo de sufrir carencias nutricionales importantes.

Otro punto preocupante es la calidad de los alimentos que se consumen en sustitución. Un exceso de carnes rojas o productos procesados puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares o incluso cáncer, según advierte la Mayo Clinic.
¿La clave está en eliminar o en elegir mejor?
La nutricionista Marta Magriço es tajante: no es necesario desterrar los carbohidratos para perder peso. Lo importante es saber diferenciarlos. Mientras los simples (azúcar, bollería, harinas refinadas) conviene reducirlos, los complejos —como la avena, el arroz integral o las legumbres— son aliados del metabolismo y la saciedad.
La propuesta más sostenible consiste en priorizar cereales integrales, frutas frescas y verduras variadas, sin recurrir a restricciones extremas. Tanto Magriço como los especialistas de la Mayo Clinic coinciden en que el verdadero éxito nutricional radica en el equilibrio, la calidad y el acompañamiento profesional.
Fuente: Infobae.