¿Alguna vez te has preguntado cómo ve el mundo un perro, una abeja o una ballena? Aunque solemos pensar que todos percibimos los colores de forma parecida, lo cierto es que la naturaleza ha diseñado ojos muy distintos. Desde visiones limitadas hasta capacidades que superan la comprensión humana, los animales nos enseñan que hay más de una forma de mirar.
Cómo percibimos los colores los humanos
La visión del color no está en los ojos, sino en el cerebro. Lo que llamamos “ver” es, en realidad, una interpretación que nuestro sistema nervioso hace a partir de los impulsos enviados por unos sensores especiales situados en la retina: los conos. La mayoría de las personas tenemos tres tipos de conos –rojo, verde y azul– que nos permiten distinguir una amplia gama de tonalidades dentro del llamado “espectro visible”.

Sin embargo, no todos los humanos vemos igual. Algunas personas con daltonismo tienen dificultades para diferenciar ciertos colores, mientras que los tetracrómatas pueden distinguir millones de matices que el resto no percibe. Incluso se ha descubierto recientemente un nuevo color, denominado ‘olo’, que algunas personas pudieron experimentar gracias a una tecnología experimental.
Los animales y su arcoíris particular
La mayoría de los animales no ven el mismo abanico de colores que los humanos. Por ejemplo, perros, gatos y zorros tienen visión dicromática: solo cuentan con dos tipos de conos. Esto significa que, aunque no ven en blanco y negro, tienen dificultades para distinguir rojos y verdes, pero sí pueden percibir azules y amarillos.
En cambio, especies como las ballenas tienen una visión aún más reducida: carecen de conos, lo que las lleva a ver el mundo literalmente en blanco y negro. Y, aunque parezca increíble, muchos mamíferos marinos y algunas especies nocturnas comparten esta visión monocromática.
Por otro lado, ciertos primates (entre ellos los humanos), marsupiales, insectos y aves presentan visión tricromática o superior, aunque los tipos de conos y su sensibilidad varían.
Más allá del espectro humano
Algunas especies tienen superpoderes visuales. Las abejas, mariposas y muchas aves pueden ver en el espectro ultravioleta, algo completamente invisible para nosotros. Esta capacidad les permite detectar señales en flores o plumajes imposibles de apreciar a simple vista.
La tecnología ha avanzado tanto que ya es posible simular cómo ven los animales. En 2024, científicos lograron grabar vídeos que recrean de manera realista su percepción visual, incluyendo colores y patrones UV.
Cuando ver más no significa ver mejor
Aunque algunos animales tienen más tipos de conos que los humanos, eso no garantiza que vean “mejor”. El ejemplo más asombroso es el camarón mantis, que cuenta con más de 12 tipos de pigmentos visuales. Sin embargo, su cerebro no tiene la misma capacidad de integración sensorial que el humano, por lo que su capacidad para distinguir colores es limitada.
Ver colores implica mucho más que tener los sensores adecuados. Se necesita un cerebro capaz de interpretar correctamente la información. Por eso, aunque algunas especies tengan una maquinaria visual impresionante, su percepción puede ser menos rica de lo que esperamos.
Una paleta infinita de percepciones
En definitiva, los colores que vemos dependen de quién los mira. Desde animales que solo ven sombras hasta otros que perciben tonalidades para nosotros inimaginables, la naturaleza despliega una diversidad fascinante en la manera de interpretar el mundo. Y lo más sorprendente es que, tal vez, nunca sepamos del todo cómo es “ver” a través de otros ojos.