Los países con mayor número de islas ofrecen un mosaico de paisajes tan variados como inexplorados. Desde el Ártico hasta el Pacífico tropical, estos territorios fragmentados muestran ecosistemas singulares y culturas moldeadas por la geografía. Su abundancia de islas, habitadas y desiertas, los convierte en destinos que despiertan la curiosidad de viajeros, investigadores y amantes de la naturaleza.
El poder insular del norte de Europa

Suecia encabeza el listado con 267.570 islas, la mayoría deshabitadas y abiertas al público bajo la ley de “Allemansrätten”. El archipiélago de Estocolmo concentra miles de islotes, mientras Gotland destaca por su historia medieval y playas únicas. Le sigue Noruega, con 239.057 islas que alternan fiordos, montañas y fenómenos como el sol de medianoche o las auroras boreales. Finlandia completa el podio con 178.947 islas que emergen en su costa sudoeste y lagos interiores, un escenario moldeado aún por el rebote posglacial.
América y Asia, territorios de contraste

Canadá suma 52.455 islas, muchas en regiones árticas de difícil acceso, lo que las convierte en refugio para la investigación científica y el turismo de aventura. Estados Unidos alcanza 18.617 islas repartidas entre Alaska, Florida y sus territorios en el Pacífico, con paisajes volcánicos y lagunas de aguas cristalinas. Indonesia, con 17.504 islas, combina volcanes, playas y una diversidad cultural que varía de una región a otra. Japón contabiliza 14.125 islas, desde sus principales urbes hasta Okinawa, donde se mezclan historia, playas y naturaleza volcánica.
Australia y Filipinas, guardianas de la biodiversidad
Australia reúne 8.222 islas, gran parte protegidas como reservas naturales, con Tasmania y el estrecho de Torres como zonas clave para la fauna y flora marina. Filipinas cierra la lista con 7.641 islas, muchas con población estable y otras intactas, ofreciendo un abanico de experiencias que van desde el buceo y el senderismo hasta la exploración de entornos vírgenes.
Estos nueve países no solo lideran en número de islas, sino que también guardan paisajes inalterados y ecosistemas irrepetibles. Cada archipiélago es un mundo propio, donde la vida se desarrolla a otro ritmo y la relación con la naturaleza se vuelve protagonista.