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Ciencia

Los arqueólogos revisaron más de 10.000 huesos de una cueva rumana. Entre ellos había 83 piezas que cambian lo que sabíamos sobre la tecnología neandertal

La primera evidencia de herramientas óseas asociadas a neandertales en Rumanía estaba escondida entre miles de restos animales. Su aparente simplicidad sugiere que parte de esta tecnología podría seguir pasando inadvertida en colecciones arqueológicas de toda Europa.
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No hacía falta encontrar una nueva cueva ni desenterrar una espectacular herramienta prehistórica. Bastaba con volver a mirar algo que ya estaba allí.

Un equipo internacional ha analizado más de 10.000 fragmentos de huesos procedentes de Abri 122/1200, un yacimiento del Paleolítico medio situado en las gargantas de Vârghiș, en los Cárpatos orientales de Rumanía. Entre todos ellos encontraron 83 piezas con modificaciones inequívocamente producidas por humanos, algunas de las cuales habían sido utilizadas como auténticas herramientas. Es la primera evidencia conocida de este comportamiento asociado a neandertales en Rumanía.

El descubrimiento, publicado en Journal of Quaternary Science, llena un vacío bastante llamativo. Las herramientas de hueso neandertales aparecen desde Europa occidental hasta las proximidades de las montañas de Altái. Los Cárpatos, sin embargo, parecían inexplicablemente ausentes de ese mapa.

Puede que el problema nunca fueran los neandertales. Quizá éramos nosotros buscando el tipo equivocado de herramienta.

Algunas herramientas eran tan simples que podían confundirse con restos de comida

Los arqueólogos revisaron más de 10.000 huesos de una cueva rumana. 83 piezas diminutas han llenado uno de los grandes vacíos sobre la tecnología neandertal
© Mărgărit et al. 2026.

La imagen clásica de una tecnología prehistórica suele conducirnos hacia objetos cuidadosamente fabricados. Una punta modificada, un raspador o cualquier pieza cuya función resulte relativamente evidente incluso miles de años después.

Aquí ocurre prácticamente lo contrario.

Los investigadores identificaron huesos empleados para retocar y afilar herramientas de piedra, trabajar pieles o materiales vegetales, actuar como cuñas e incluso golpear otros objetos. Dos fragmentos muestran señales compatibles con su utilización como percutores. Pero muchas de estas herramientas eran oportunistas: se seleccionaba un hueso con una forma útil, se empleaba para resolver una tarea concreta y después se abandonaba.

Eso explica por qué pueden ser tan difíciles de detectar. Una herramienta elaborada destaca entre cientos de huesos de animales. Un pequeño fragmento utilizado durante unos minutos puede terminar pareciendo exactamente lo mismo que cualquier desecho producido al descuartizar una presa.

Para distinguirlos, el equipo buscó bajo el microscopio arañazos diminutos, pulidos, redondeamientos y desgastes. También fabricó herramientas experimentales de hueso, las utilizó para distintas tareas y comparó las marcas resultantes con las conservadas en los restos arqueológicos.

El hallazgo podría obligarnos a volver a abrir miles de cajas de excavaciones antiguas

Abri 122/1200 conserva una larga secuencia del Paleolítico medio, con ocupaciones comprendidas aproximadamente entre 230.000 y 60.000 años atrás. En las excavaciones ya habían aparecido herramientas de piedra y restos de grandes animales, incluidos bisontes y rinocerontes lanudos.

Que aquellos grupos explotaran enormes animales y dominaran la tecnología lítica, pero aparentemente ignorasen el hueso como materia prima, empezaba a resultar extraño.

La explicación propuesta ahora tiene implicaciones que van mucho más allá de esta cueva. Durante muchas excavaciones antiguas se prestó especial atención a los huesos completos o fácilmente identificables, mientras que los fragmentos pequeños podían quedar relegados. Y son precisamente esas piezas discretas las que pueden conservar señales de utilización.

Ştefan Vasile, uno de los investigadores, plantea incluso que otras herramientas neandertales pueden seguir guardadas sin identificar en cajones de museos y colecciones arqueológicas, o haber terminado entre los sedimentos descartados durante excavaciones anteriores.

Hay una última prueba que los arqueólogos todavía quieren encontrar

Existe, eso sí, una cautela importante. En Abri 122/1200 todavía no se han encontrado restos humanos identificados directamente como neandertales. La atribución procede del contexto del Paleolítico medio y de su correspondencia tecnológica con otros yacimientos neandertales.

El equipo busca ahora una confirmación más directa. Entre sus próximos pasos está analizar los sedimentos en busca de ADN neandertal y examinar los miles de fragmentos óseos por si alguno pertenece en realidad a un homínido.

Mientras tanto, el hallazgo deja una idea especialmente sugerente sobre nuestra visión de los neandertales. Quizá parte de su tecnología nunca estuvo ausente del registro arqueológico.

Puede que haya estado delante de nosotros todo este tiempo, confundida con huesos rotos que nadie pensó que merecía la pena mirar dos veces.

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