El hallazgo que cambió la historia geológica del Mar del Norte
Durante años, el “cráter Silverpit” fue un misterio para los geólogos. Situado a 130 kilómetros de la costa británica, en el fondo del Mar del Norte, su forma circular y sus anillos concéntricos despertaban sospechas, pero no certezas.
Ahora, un nuevo estudio liderado por el geólogo escocés Uisdean Nicholson, de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo, publicado en Nature Communications, confirma lo que muchos sospechaban: el cráter es el resultado del impacto de un asteroide ocurrido hace 45 millones de años.
El descubrimiento tiene implicaciones que van más allá de la geología local: abre una ventana al pasado del sistema solar y al registro oculto de impactos que aún yacen bajo los océanos terrestres.
Un paisaje submarino tallado por la catástrofe
El cráter Silverpit, de 3 kilómetros de diámetro y 700 metros de profundidad, fue identificado en 2002 durante una prospección sísmica de hidrocarburos. Las imágenes revelaban una secuencia de anillos concéntricos —una estructura característica de los cráteres de impacto complejos— que descienden hacia un pico central.
Bajo los sedimentos que hoy lo cubren, los investigadores encontraron rocas que muestran microfracturas en cristales de cuarzo y feldespato, un tipo de deformación conocida como “cuarzo de choque”.
Esta huella mineral es inequívoca: solo puede generarse bajo presiones de millones de atmósferas, como las que se producen cuando un cuerpo celeste impacta a velocidades de 20 a 50 km/s.
Un asteroide de 160 metros y un tsunami de 1.500 metros
Según las simulaciones del estudio, el impacto fue provocado por un asteroide de unos 160 metros de diámetro y una masa cercana a 2.000 millones de kilogramos.
Al golpear el mar, el cuerpo rocoso levantó una columna de agua de 1.500 metros de altura, lo que habría generado un tsunami colosal.
Los investigadores creen que este fenómeno dejó rastros en antiguos depósitos costeros, y actualmente buscan sedimentos en tierra firme que puedan haber registrado ese evento.
El suceso tuvo lugar durante el Eoceno, hace unos 45 millones de años, mucho después de la extinción de los dinosaurios. En ese periodo, la Tierra era un planeta cálido cubierto de densas selvas y océanos tropicales, donde los mamíferos comenzaban a diversificarse.
Los cráteres que el mar oculta
Hasta hoy, los científicos han identificado unos 200 cráteres de impacto en la superficie terrestre, pero solo una treintena bajo el mar.
Dado que el 70 % de la Tierra está cubierto por agua, deberían existir al menos 400 cráteres sumergidos aún sin descubrir.
Detectarlos no es sencillo: la tectónica de placas deforma el fondo oceánico y los sedimentos marinos los entierran con el paso de millones de años.
En la Luna, donde no hay atmósfera ni actividad tectónica, los cráteres permanecen intactos y visibles; en la Tierra, la vida y el movimiento geológico los borran poco a poco.
Un nuevo capítulo en la historia del planeta
El cráter Silverpit representa una rareza científica: un impacto bien preservado en un entorno submarino.
Comprender su estructura ayuda a estimar la frecuencia con que la Tierra ha recibido impactos de este tipo y a mejorar los modelos sobre los riesgos futuros.
A diferencia de los grandes eventos catastróficos —como el que extinguió a los dinosaurios hace 66 millones de años—, Silverpit fue un impacto “intermedio”: lo bastante potente para generar un tsunami continental, pero no para provocar una extinción masiva.
El legado oculto bajo las olas
A 130 kilómetros de la costa británica, bajo una capa de sedimentos y aguas frías, Silverpit guarda el eco de una colisión que transformó el paisaje del Mar del Norte.
La confirmación de su origen cósmico es más que una curiosidad geológica: es una pista sobre los incontables impactos que han modelado nuestro planeta desde sus orígenes.
Cada nuevo cráter descubierto bajo el mar es una página más de una historia escrita a golpes de roca y fuego, en la frontera entre la Tierra y el espacio.
Fuente: Meteored.