Tenemos una cantidad de instrumentos increíblemente avanzados y complejos para estudiar el clima aquí en la Tierra. El clima espacial no es menos complicado – de hecho, todo lo contrario – y uno pensaría que las medidas que se toman para estar atentos a los eventos también tendrían que ser complejas.
Sin embargo, los astrónomos no parecen tan seguros de que estemos haciendo lo suficiente. En un trabajo que se publicó el 6 de octubre en The Astrophysical Journal, los investigadores crearon simulaciones detalladas que muestran enormes cambios en el plasma del sol y los campos magnéticos causados por “tubos de flujo” más pequeños que suelen evadir el alcance de detección de las sondas con las que contamos. Argumentaron que esa brecha en nuestros sistemas de detección del clima espacial nos deja más vulnerables a eventos potencialmente peligrosos como las eyecciones de masa coronal, que son potentes estallidos de plasma y campo magnético de la corona del sol que pueden dañar a los satélites, a los sistemas de GPS, e incluso causar destrucción de la red eléctrica.
Los investigadores afirman que la Tierra necesita una “nueva constelación de naves espaciales” completamente dedicada a monitorear la actividad solar.
“Imagina si pudieras solo monitorear un huracán de manera remota con las mediciones de un calibrador de vientos”, dijo en declaraciones Chip Manchester, principal autor del trabajo y astrofísico de la Universidad de Michigan. “Verías el cambio en las mediciones, pero no verías toda la estructura de la tormenta. Es lo que sucede ahora con los sistemas de naves individuales. Necesitamos muchos más puntos de vista desde muchas estaciones de clima espacial».
Un filamento pequeño, con grandes consecuencias
Para su trabajo, los investigadores hicieron modelos de la influencia de los “tubos de flujo”, que son espirales de plasma y campos magnéticos del sol, relativamente más pequeños que los tornados. Estos tubos no suelen ser tan potentes como para provocar eyecciones de masa coronal, pero bajo condiciones específicas pueden expulsar energía suficiente como para dar lugar a explosiones devastadoras, según hallaron los investigadores.
“Nuestra simulación muestra que el campo magnético en esos vórtices puede ser tan potente como para provocar una tormenta geomagnética y problemas reales”, dijo Manchester.
Una mejor forma de monitorear el clima espacial
Los vientos solares solo dan lugar a tormentas geomagnéticas cuando el campo magnético del sol está orientado hacia el sur. Nuestros sistemas actuales de detección del clima espacial están enfocados en eso, con naves espaciales de monitoreo ubicadas estratégicamente para medir la potencia y dirección del campo magnético solar.
Lo que sugieren las nuevas simulaciones, sin embargo, es que pueden surgir erupciones solares desde los campos magnéticos que dan hacia el norte, que podrían “expulsar hacia la Tierra vórtices con campos magnéticos que den hacia el sur”.
Manchester y sus colegas proponen que se construya una constelación de satélites, que llaman SWIFT, las siglas en inglés de Frontera de Investigación de Clima Espacial, que sería capaz de captar señales desde múltiples direcciones. Con cuatro sondas ubicadas en forma de pirámide, cada una a 322.000 kilómetros de la siguiente, los investigadores creen que la configuración podría emitir alertas de clima espacial en un 40% más que ahora.
La última gran tormenta geomagnética que afectó a la Tierra fue en mayo de 2024. Los observadores detectaron entonces problemas en las redes de electricidad, en los satélites, en las redes de agricultura y en los viajes aéreos, según la NASA. También la tormenta provocó perturbaciones en las señales de datos provenientes de naves espaciales de la NASA como el orbitador Odyssey y el explorador Curiosity, en Marte. El sol todavía está en un período de intensa actividad solar, y se cree que está en el máximo solar, un momento en su ciclo de actividad en el que hay más tormentas. Por eso las advertencias de estos astrónomos podrían considerarse adecuadas.