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Ciencia

Los bosques se marchitaron durante un episodio de calentamiento en la antigüedad, y la historia se podría repetir

Hace millones de años un repentino calentamiento global alteró drásticamente los bosques de la Tierra. El cambio climático provocado por los humanos es diez veces más rápido.
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Hace unos 56 millones de años la actividad volcánica fue masiva y liberó enormes cantidades de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, y eso hizo que la temperatura de la Tierra aumentara rápidamente. Un nuevo estudio de ese antiguo evento de calentamiento global ofrece información sobre cómo respondieron los bosques. Y nos brinda una advertencia importante para el futuro.

El estudio que se publicó esta semana en Science sugiere que los bosques se ralearon drásticamente durante el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM, sus siglas en inglés), reduciendo su capacidad para almacenar carbono. Los científicos consideran que este calentamiento sería la mejor analogía natural del calentamiento climático provocado por la actividad humana, pero el ritmo al que liberamos carbono al quemar combustibles fósiles es 10 veces mayor.

Los investigadores creen que lo que encontraron podría preanunciar los grandes cambios que exacerbarían el impacto en el clima cuando esto suceda con los bosques modernos. Se crearía un bucle peligroso que se retroalimentaría.

La reconstrucción de un antiguo bosque

Encabezado por Regan Dunn, paleobotánica del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles y profesora adjunta asistente de la Universidad del Sur de California, el equipo de investigadores analizó los fósiles del bosque de la cuenca Hanna de Wyoming.

Es una cuenca excepcionalmente profunda que preserva muchas capas de carbón, llo que significa que contiene rocas ricas en material orgánico. Así, el equipo pudo analizar las células de la epidermis de las hojas fosilizadas de los tiempos del PETM, y calcular cómo se vería el bosque en esa época.

“Estas son células en lo que sería la piel de una hoja de árbol”, le dijo Dunn a Gizmodo. “Se ven como piezas de un rompecabezas, y la forma de esas células depende de cuánta luz recibió la hoja mientras se desarrollaba”.

Con sus colegas, pensaba que la forma de estas células podría tener estrecha relación con el índice de superficie de la hoja, lo que indica cuánto follaje hay en lo alto de un bosque, determinando así la cantidad de luz que penetra ese techo de hojas.

Probaron la idea usando hojas modernas de bosques, con índices ya conocidos, y encontraron una importante correlación entre la forma de la célula y la cantidad de follaje. Establecida ya la relación, pudieron usar la forma de las células de las hojas fósiles para calcular cuánto follaje había en los bosques de la Cuenca Hanna durante el PETM.

“No esperaba necesariamente lo que encontré”, dijo Dunn. Las plantas consumen dióxido de carbono para producir energía, por o que se podría argumentar que al aumentar el CO2 atmosférico se impulsaría el crecimiento vegetal, creando bosques más densos. Sin embargo, lo que vio demostraba que las consecuencias de un calentamiento rápido contrarrestaban los beneficios de la mayor disponibilidad de CO2, al matar los árboles y ralear el follaje en lo alto.

“Cuanto más calor, más estrés para los árboles”, explicó Dunn. Basándose en su análisis los investigadores hallaron que el follaje alto de Hanna era en promedio 35% menos denso durante el PETM de lo que había sido antes del calentamiento. El bosque se raleó más cuando comenzó el PETM, cuando el índice de luz se redujo en alrededor del 61%.

Un futuro poco auspicioso

Dunn y sus colegas atribuyen esta disminución a la sequía impulsada por el aumento de las temperaturas y la alteración en los patrones de precipitaciones. Si eso te suena conocido es porque esencialmente es lo que sucede hoy en muchos bosques.

Aunque las emisiones de carbono dieron lugar a más políticas “verdes” desde 1982, el patrón se revirtió cerca del año 2000, con casi el 90% de la superficie vegetal de la Tierra, lo que indica que los beneficios de productividad al aumentar los niveles de CO2 no llegan a compensar la velocidad con que aumenta el calor y el estrés de las sequías.

Como resultado, los árboles almacenan menos carbono, y si la tendencia continúa los científicos calculan que la cantidad de carbono acumulada en la biomasa terrestre disminuiría en un 20% para el año 2100.

El aumento de las temperaturas debilita a una de las defensas más importantes que la Tierra tiene contra las emisiones de carbono, lo que haría que se acumule más calor en la atmósfera, y sigan aumentando las temperaturas. Sin embargo hay algunos bosques que ofrecen esperanzas.
“En lugares com China hay grandes reforestaciones”, dijo Dunn. “No es demasiado tarde si podemos reconocerlo ahora mismo, si vemos que harán falta 100.000 años de recuperación después de esta enorme burbuja de carbono que estamos poniendo en el aire”.

Con respecto al futuro, espera investigar los cambios en los bosques durante el PETM en otros lugares del planeta para poder conocer más sobre la respuesta global. “Uno de mis principales intereses es entender lo que sucede en nuestros bosques más grandes y productivos”, dijo Dunn. “¿Qué sucedió durante este intervalo en los trópicos?”.

Responder a esa pregunta resulta especialmente importante ya que la selva del Amazonas, conocida como los pulmones de nuestro planeta, está cediendo y degradándose a causa de la deforestación y el calentamiento global. El clima de la Tierra entra en territorio desconocido, y es importante comprender las consecuencias de los eventos de calentamiento que hubo para poder entender mejor lo que podría pasar en nuestro futuro.

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