Mucho antes de que los humanos aparecieran en Europa, la actual península ibérica estaba habitada por animales que parecían sacados de una película de ciencia ficción. Entre ellos estaban los entelodóntidos, enormes mamíferos conocidos popularmente como “cerdos del infierno” por sus grandes cráneos, poderosas mandíbulas y aspecto intimidante.
Ahora, una nueva revisión de fósiles encontrados en el yacimiento de Rocallaura, en Lleida, acaba de cambiar lo que se sabía sobre los ejemplares que habitaron esta región hace aproximadamente 30 millones de años.
Los fósiles llevaban décadas con una identidad equivocada
El estudio, publicado en la revista científica Geologica Acta por investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, analizó restos atribuidos históricamente a Entelodon magnus.
Entre el material estudiado hay un fragmento de mandíbula y piezas dentales procedentes del yacimiento de Rocallaura, dentro de la cuenca del Ebro. Los investigadores confirmaron que pertenecen al género Entelodon, pero encontraron diferencias en el tamaño y en determinadas características de los molares respecto de especies europeas conocidas.
Eso significa que los fósiles no pueden asignarse con seguridad a Entelodon magnus ni a otras especies descritas como Entelodon antiquus o Entelodon deguilhemi.
Por ahora, los científicos han optado por clasificarlos simplemente como Entelodon sp., dejando abierta la posibilidad de que futuras investigaciones aclaren su identidad.

Por qué los llamaban “cerdos del infierno”
Los entelodóntidos eran mamíferos artiodáctilos de tamaño mediano a grande que habitaron Eurasia y América del Norte entre el Eoceno y el Mioceno temprano. Su anatomía era especialmente llamativa. Tenían cabezas grandes, hocicos alargados, patas relativamente delgadas y prominentes protuberancias óseas en el cráneo y la mandíbula.
Estas estructuras estaban relacionadas con una potente musculatura mandibular y probablemente ayudaban a estabilizar la mandíbula durante movimientos especialmente exigentes.
A pesar de su aspecto, llamarlos “cerdos” puede resultar engañoso. Los estudios evolutivos sitúan a los entelodóntidos dentro de un linaje relacionado con otros cetartiodáctilos, más próximo evolutivamente a hipopótamos y cetáceos que a los cerdos modernos.
No eran simplemente enormes depredadores
Su formidable mandíbula llevó durante años a representarlos como grandes cazadores prehistóricos. Sin embargo, el análisis del desgaste dental de algunas especies europeas apunta a una alimentación más flexible.
En Entelodon magnus, las marcas microscópicas de los dientes son compatibles con una dieta omnívora, comparable en algunos aspectos con la de los jabalíes actuales. Esto sugiere que podían consumir diferentes recursos, incluyendo vegetación, pequeños animales y posiblemente carroña.

Los fósiles españoles todavía pueden guardar otra sorpresa
El registro de entelodóntidos en la península ibérica sigue siendo muy escaso, por lo que los ejemplares de Rocallaura tienen especial importancia para reconstruir cómo se distribuyeron estos grandes mamíferos por el suroeste de Europa.
El equipo ya está estudiando restos procedentes de otros yacimientos cercanos, entre ellos El Talladell.
Esos fósiles podrían ayudar a determinar si los animales encontrados en Lleida pertenecían a una especie conocida o si, después de 30 millones de años enterrados, los llamados “cerdos del infierno” españoles todavía esconden una identidad completamente nueva.