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Una tortuga fósil europea cambia el origen del linaje de las especies tropicales asiáticas

Un hallazgo en la República Checa reescribe la historia evolutiva de las tortugas tropicales. La especie Manouria morla, de unos 50 centímetros, vivió hace 17 millones de años en un bosque húmedo europeo y podría ser el ancestro directo de las tortugas asiáticas actuales. Su descubrimiento cambia el mapa evolutivo del género.

Durante años se pensó que las tortugas del género Manouria, habitantes de los bosques tropicales del sudeste asiático, eran originarias de esa región. Pero un nuevo hallazgo en el norte de Bohemia sugiere lo contrario. El descubrimiento de Manouria morla, una especie fósil de hace 17 millones de años, apunta a que el linaje de estas tortugas pudo haberse iniciado en Europa, en un entorno pantanoso y tropical hoy desaparecido.

Una tortuga del Mioceno con nombre de leyenda

El fósil fue hallado en el yacimiento de Ahníkov I, al norte de Bohemia, en lo que durante el Mioceno era una extensa zona pantanosa.
El ejemplar, de unos 50 centímetros de longitud, ha permitido reconstruir buena parte del caparazón y el plastrón, revelando una combinación de rasgos inédita en el registro fósil.

La nueva especie fue bautizada como Manouria morla, en homenaje a la tortuga sabia de La historia interminable, y no por casualidad: este reptil prehistórico también parece encarnar la sabiduría de los ancestros, al ofrecer una nueva perspectiva sobre el origen de su linaje.

Se trata del fósil más antiguo del género Manouria conocido hasta la fecha, lo que sitúa a Europa como un posible punto de partida evolutivo para las tortugas de bosque que hoy habitan en Tailandia o Myanmar.

Un bosque tropical en el corazón de Europa

Hace 17 millones de años, la actual República Checa era muy diferente. El clima era cálido y húmedo, con ríos serpenteantes, lagunas y una vegetación densa de tipo tropical.
El entorno de Ahníkov I albergaba cocodrilos, serpientes, salamandras y peces, un ecosistema propio de un trópico olvidado.

La presencia de M. morla en este entorno indica que el Mioceno europeo tuvo zonas con un clima mucho más lluvioso de lo que se pensaba.
Hasta ahora, las tortugas fósiles se asociaban a ambientes áridos, pero este hallazgo sugiere lo contrario: su existencia apunta a paisajes húmedos y boscosos, capaces de sostener una fauna similar a la de Asia.

El viaje evolutivo hacia Asia

Hasta ahora, los científicos creían que el género Manouria era exclusivamente asiático.
Sus dos especies actuales, Manouria emys y Manouria impressa, habitan selvas tropicales del sudeste asiático.
Sin embargo, la antigüedad del fósil checo —17 millones de años— sugiere que los antepasados de esas tortugas pudieron originarse en Europa y migrar hacia el este cuando el clima global se volvió más cálido durante el Óptimo Climático del Mioceno Medio.

De confirmarse, Manouria morla sería el eslabón perdido entre las especies europeas extintas y las asiáticas actuales, un puente evolutivo entre dos continentes.
El hallazgo demuestra que los movimientos de fauna durante el Mioceno fueron más dinámicos y complejos de lo que se creía.

Un caparazón que revela secretos

El estudio, liderado por Milan Chroust (Academia Polaca de Ciencias) y Àngel H. Luján (Institut Català de Paleontologia), detalla una serie de rasgos anatómicos que distinguen a M. morla de sus parientes asiáticos.
Entre ellos, destaca la forma del plastrón, el diseño de los escudos óseos y una característica inédita: la multiplicación de los escudos inguinales, un rasgo diagnóstico que redefine la clasificación del género.

Los investigadores digitalizaron el fósil en 3D y compararon los restos con ejemplares actuales, confirmando que se trata de una especie única, ni perteneciente a las Manouria modernas ni a otras tortugas fósiles conocidas.

Una pieza clave del puzle evolutivo

El descubrimiento de Manouria morla no solo aporta una nueva especie al registro fósil europeo; reescribe una historia biogeográfica.
Demuestra que Europa, y no Asia, pudo ser el punto de origen de uno de los linajes más antiguos de tortugas terrestres tropicales.

Además, redefine el papel de las tortugas como indicadores climáticos: su presencia ya no implica sequía, sino, en este caso, ecosistemas húmedos y exuberantes.
Con cada nuevo fósil, los científicos no solo reconstruyen el pasado: también reescriben el mapa de la vida.

 

 

Fuente: MuyInteresante.

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