Si alguna vez estallaste en carcajadas ante alguna broma, sabes que se siente diferente en comparación con la típica risita de cuando estás conversando. Un nuevo trabajo de investigación sostiene que la misma diferencia se da en tu cerebro.
Científicos de Reino Unido e Italia analizaron la literatura médica sobre la risa. Encontraron evidencia, en particular en pacientes epilépticos sometidos a cirugía, de que la risa realmente espontánea tiene que ver con redes cerebrales diferentes a las que se involucran en la risa voluntaria de cuando uno está conversando. El estudio brinda más información sobre la naturaleza de la risa, y podría ayudar a que se entienda mejor cómo evolucionaron los vínculos sociales y la comunicación en los humanos y animales, según los investigadores.
“Nuestra revisión refiere a una idea clásica en la neurología: que la risa (y probablemente muchas otras conductas socioemocionales) está controlada por dos sistemas cerebrales parcialmente independientes”, le dijo a Gizmodo el autor del estudio Fausto Caruana, científico del Consejo Nacional de Investigaciones de Italia.
El cerebro controla la risa
Hace tiempo que algunos neurólogos propusieron que la risa puede estar regulada por redes cerebrales diferentes. Lamentablemente, es difícil estudiar la risa, en particular la risa espontánea, usando las técnicas neurocientíficas habituales, según afirma Caruana. Pero afortunadamente, algunos médicos neurólogos lograron provocar carcajadas en sus pacientes sin tener que ser especialmente graciosos.
“Durante muchos años mi grupo de investigaciones colaboró con el Centro de Cirugía de Epilepsia del Hospital Niguarda de Milán, donde se utiliza la estimulación eléctrica intracraneal como rutina en pacientes con epilepsia resistente a las drogas. Durante los debates con neurólogos surgió el tema de que en algunos casos la estimulación eléctrica parecía dar lugar a repentinos episodios de carcajadas incontrolables. La estimulación intracraneal ofrecía una oportunidad poco frecuente de explorar los mecanismos neurales, directamente en el cerebro humano”, dijo Caruana.
Caruana y su equipo revisaron los estudios e informes de pacientes con epilepsia sometidos a estimulación cerebral con anterioridad a la cirugía (se usa para identificar las regiones vinculadas con los ataques de epilepsia). Se habían hecho también estudios con animales.
A partir de estos datos los investigadores afirmaron que la risa espontánea está gobernada principalmente por regiones cerebrales vinculadas al control motriz y la regulación emocional, como el córtex del cíngulo anterior y el núcleo accumbens. Estimular estas regiones para causar risa también parece mejorar el ánimo de las personas. Por otra parte, la risa voluntaria está vinculada a la estimulación de las regiones que solo se asocian con el control motor de la risa y la sonrisa, y estimular esas regiones solamente no parece mejorar el ánimo de las personas.
Los resultados del trabajo del equipo se publicaron en Trends in Neuroscience.
Queda más por aprender
Los investigadores sostienen que la risa espontánea puede ser señal de un antiguo camino cerebral que no es exclusivo de los humanos. Señalan que algunos animales mamíferos producen vocalizaciones similares a la risa mientras están jugando con otros. Del mismo modo, la risa voluntaria es parte importante de la conversación humana, y actúa a menudo como lubricante social.
“Entender la distinción entre la risa espontánea y la risa voluntaria podría brindar información valiosa sobre la evolución de la comunicación y la cognición social”, dijo Caruana.
Además, Caruana señaló que algunas de las regiones cerebrales vinculadas con la risa espontánea se vinculan también con la regulación del dolor, lo que explicaría por qué reír a veces parece aliviar el dolor.
“Los orígenes evolutivos de este mecanismo no se conocen del todo y representan una cuestión fascinante para las investigaciones futuras. Entender por qué una vocalización social se vinculó con la regulación del dolor podría revelar principios importantes sobre la evolución de la conducta social y la regulación emocional”, señaló.
Es probable que podamos aprender muchas cosas más sobre nosotros mismos al entender mejor por qué y cómo es que reímos.
“La risa es como una piedra Rosetta para poder entender una notable y extensa variedad de fenómenos”, afirmó Caruana.
Quizá la ciencia finalmente pueda responder lo que me pregunto muchas veces: ¿Por qué nos da tanta risa ver que a un hombre le pega en los testículos una pelota de fútbol?