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Ciencia

Extrajeron agua de pozos de gas a más de 500 metros bajo Michigan. Cada mililitro contenía miles de hongos y algunos podrían pertenecer a linajes nunca descritos

Los investigadores consiguieron cultivar 205 cepas procedentes de una formación rocosa anterior a los dinosaurios. Trece grupos mostraron diferencias genéticas suficientes para ser considerados candidatos a nuevos taxones.
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A cientos de metros bajo Michigan, sin luz solar y dentro de rocas formadas hace más de 350 millones de años, existe una comunidad de hongos sorprendentemente abundante. No fue necesario perforar nuevos túneles para encontrarla: los científicos analizaron el agua que sale de seis pozos dedicados a la extracción de gas.

Las muestras procedían de la formación Antrim Shale y fueron recogidas a profundidades comprendidas entre 247 y 556 metros. Cuando los investigadores observaron el agua mediante microscopía, contabilizaron entre 4.200 y 6.800 células fúngicas por mililitro.

La cifra no significa que el agua estuviera llena de setas microscópicas. Más del 99% de la biomasa fúngica estaba formada por células individuales, muy diferentes de las redes de filamentos que solemos relacionar con los hongos de la superficie.

Hasta 6.800 células fúngicas en un solo mililitro

El subsuelo estaba mucho más habitado de lo esperado. El recuento total osciló entre 41.000 y 69.000 células microbianas por mililitro. Una parte considerable pertenecía a hongos, organismos cuya abundancia en estas aguas profundas apenas había sido cuantificada hasta ahora.

Para obtener muestras representativas, el equipo recogió 80 litros de agua de cada pozo. Todos llevaban al menos una década en funcionamiento y habían bombeado más de un millón de litros desde su perforación o última intervención, lo que reduce la posibilidad de que los microorganismos procedieran únicamente de una contaminación reciente en la superficie.

Los ambientes tampoco eran idénticos. El pozo situado a 247 metros contenía agua dulce, mientras que el más profundo presentaba una salinidad mucho mayor. Pese a esas diferencias, los hongos aparecieron en todo el sistema estudiado.

El trabajo publicado en The ISME Journal reconoce que las cifras son aproximadas. Muchos microorganismos pueden vivir adheridos a las rocas formando biopelículas y no necesariamente llegar hasta el agua bombeada. La comunidad real podría ser diferente (e incluso mayor) que la observada.

Los científicos consiguieron cultivar 205 cepas

Extrajeron agua de pozos de gas a más de 500 metros bajo Michigan. Cada mililitro contenía miles de hongos y algunos podrían pertenecer a linajes nunca descritos
© Moon et al./The ISME Journal.

Encontrar ADN no demuestra que un organismo esté vivo. Por eso, los investigadores filtraron las muestras, trasladaron el material retenido a diferentes medios de cultivo y lo incubaron a 17 grados, una temperatura similar a la registrada en el subsuelo.

El procedimiento produjo 205 cultivos fúngicos puros. Los análisis genéticos permitieron organizarlos en 67 grupos pertenecientes principalmente a Ascomycota y Basidiomycota, dos de las grandes divisiones del reino de los hongos.

Uno de los organismos encontrados en los seis pozos fue Irpex cf. lacteus, emparentado con los hongos de podredumbre blanca. En la superficie, estos microorganismos pueden degradar lignina, una de las sustancias que proporciona rigidez a la madera. Su presencia resulta especialmente interesante porque Antrim Shale se formó durante el Devónico Superior, hace entre 383 y 359 millones de años. Sus rocas contienen abundante materia orgánica procedente de algas y restos vegetales antiguos.

Los autores plantean que algunos hongos podrían estar degradando ese carbono y produciendo compuestos aprovechados posteriormente por bacterias y microorganismos generadores de metano. Sin embargo, el estudio no comprobó directamente esa actividad: los organismos también podrían encontrarse en estado latente.

Trece grupos podrían pertenecer a linajes desconocidos

La comparación con las bases de datos dejó otro resultado intrigante. De los 67 grupos cultivados, 26 no pudieron asignarse con seguridad a un género y 13 quedaron por debajo del 98% de similitud utilizado para relacionarlos con taxones conocidos.

El caso más extremo fue Teichospora sp. QM01, cuya secuencia solo coincidía en un 74% con su referencia más cercana. Un análisis filogenético posterior también lo situó fuera de las especies establecidas del género. Eso no equivale a descubrir formalmente 13 especies nuevas. Para bautizarlas hacen falta descripciones morfológicas, genéticas y ecológicas adicionales. Por ahora, son candidatos a representar diversidad todavía desconocida.

Los cultivos fueron preservados en el Herbario de la Universidad de Michigan para que puedan volver a estudiarse. Son una muestra física de un ecosistema que llevaba millones de años fuera de nuestra vista, escondido bajo una región atravesada diariamente por pozos de gas.

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