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Ciencia

Las hormigas revelan el peligro de repetir una señal sin comprobar su origen

Un estudio basado en modelos matemáticos muestra que las cámaras de eco pueden aparecer incluso sin algoritmos, propaganda o intención consciente. El comportamiento de las hormigas legionarias ofrece un ejemplo extremo de cómo una señal repetida puede terminar desconectando a todo un grupo de la realidad que lo rodea.
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Las cámaras de eco suelen asociarse con las redes sociales y con grupos de personas que reciben una y otra vez mensajes similares hasta asumirlos como una representación fiable de la realidad. Sin embargo, un nuevo estudio plantea que este fenómeno podría tener raíces mucho más básicas.

La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analiza mediante modelos matemáticos cómo los sistemas colectivos pueden quedar atrapados en ciclos de información que se refuerzan a sí mismos. Para entenderlo, los científicos recurrieron a uno de los ejemplos más sorprendentes de la naturaleza: los llamados círculos de la muerte de las hormigas.

Cuando seguir al grupo termina siendo mortal

Las hormigas legionarias se desplazan formando grandes columnas y utilizan rastros químicos de feromonas para orientarse. Cada individuo sigue las señales dejadas por los demás, una estrategia que normalmente permite coordinar a miles de animales de manera eficiente.

El problema aparece cuando una hormiga comienza accidentalmente a caminar en círculo.

Otras detectan su rastro y lo siguen, mientras nuevas hormigas depositan todavía más feromonas sobre la misma ruta. La señal se vuelve cada vez más intensa y termina reforzándose sin aportar información nueva sobre el entorno. El resultado puede ser un círculo cerrado en el que las hormigas continúan caminando hasta agotarse e incluso morir.

Para los investigadores, este comportamiento representa una forma física de cámara de eco: todos reciben prácticamente el mismo mensaje, lo reproducen y vuelven a recibirlo.

El problema de observar una acción sin conocer su origen

El estudio identifica dos condiciones que pueden favorecer estos ciclos.

La primera es que los individuos suelen observar lo que hacen los demás, pero no necesariamente conocen la información que provocó esa decisión.

Un pez puede ver que otro cambia de dirección sin saber si detectó un depredador. Un ave puede seguir el movimiento de otra sin conocer qué vio. Del mismo modo, una hormiga puede seguir una feromona sin saber por qué fue depositada originalmente. Cuando únicamente se transmite la acción final, parte del contexto desaparece.

Así, una decisión puede convertirse en una señal para otros aunque ya no refleje correctamente lo que ocurre en el entorno.

Las hormigas revelan el peligro de repetir una señal sin comprobar su origen)
© Magnific

La atención limitada también favorece las cámaras de eco

La segunda condición es igualmente sencilla: ningún individuo puede prestar atención a todos los miembros de un grupo al mismo tiempo.

Cada uno observa solo una parte de la red.

Si esas pocas fuentes están conectadas entre sí y reciben información similar, el mismo mensaje puede empezar a circular repetidamente dentro del grupo. Se crea entonces un circuito en el que A observa a B, B observa a C y C termina reforzando nuevamente la decisión de A.

El grupo puede alcanzar un consenso, pero ese consenso no garantiza que su interpretación del entorno sea correcta.

También existe una forma de romper el círculo

Los modelos mostraron que los individuos situados en la periferia de una red pueden desempeñar un papel especialmente importante.

Estos miembros siguen conectados con el grupo, pero tienen más posibilidades de recibir señales procedentes del exterior. Si incorporan información diferente y modifican su comportamiento, esa nueva señal puede propagarse hacia el centro.

Otro mecanismo aparece cuando algunos individuos son capaces de detectar que la decisión colectiva podría ser incorrecta y reducen temporalmente su dependencia de las señales sociales.

Según los modelos, incluso una pequeña proporción de miembros que vuelva a comprobar el entorno por su cuenta puede ser suficiente para romper el ciclo.

Una lección que también puede aplicarse a los humanos

Los autores advierten que una sociedad humana es mucho más compleja que una colonia de hormigas y que sus resultados no implican que ambos sistemas funcionen exactamente de la misma manera. Sin embargo, el estudio ofrece una explicación de por qué una cámara de eco puede surgir incluso sin que exista alguien diseñándola deliberadamente.

Cuando las personas observan principalmente opiniones o decisiones sin conocer toda la información que las originó y, además, solo pueden prestar atención a una pequeña parte de las señales disponibles, pueden aparecer dinámicas de confirmación mutua.

La repetición termina funcionando como una aparente prueba de credibilidad.

El riesgo, por tanto, no consiste únicamente en que circule información incorrecta. El problema más profundo aparece cuando un sistema comienza a escuchar cada vez más sus propias señales y pierde progresivamente la capacidad de detectar que necesita mirar nuevamente hacia afuera.

 

 

Fuente: Mundo Diario.

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