El Sahara es sinónimo de sequedad y arena infinita. Sin embargo, en épocas pasadas, sus montañas escondieron lagos que rivalizaban con los más grandes de África. Un nuevo estudio científico ha logrado explicar este enigma: el papel de los vientos y la orografía del Tibesti. Lejos de ser una rareza aislada, este hallazgo cambia la forma en que entendemos la dinámica climática y la resiliencia de los ecosistemas en regiones extremas.
Un pasado húmedo en el corazón del desierto
El macizo del Tibesti, en Chad, es una de las formaciones montañosas más altas del Sahara. Hoy luce árido y seco, pero durante el Holoceno medio (entre 9.500 y 5.000 años atrás) albergó lagos profundos en cráteres volcánicos como Trou au Natron y Era Kohor. Sedimentos y análisis geoquímicos confirman que el primero alcanzó hasta 330 metros de profundidad y 40 km² de extensión, mientras que el segundo llegó a 130 metros. Estas masas de agua existieron en un periodo conocido como el Período Húmedo del Norte de África, cuando lluvias más frecuentes transformaron el paisaje desértico en un mosaico de ríos y lagos.
Hace aproximadamente entre 11.000 y 5.000 años, durante el Período Húmedo Africano, la mayor parte del Sáhara no era un desierto, era una sabana con pastizales, bosques dispersos, ríos y grandes lagos. pic.twitter.com/iCrBvbNGrl
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El papel de la topografía y los vientos
Los investigadores emplearon simulaciones climáticas de alta resolución y reconstrucciones isotópicas para descubrir que la clave fue la combinación de la abrupta orografía y los vientos del noreste procedentes del Mediterráneo. Al chocar con las montañas del Tibesti, estas corrientes ascendieron y generaron lluvias intensas localizadas. En años de monzón fuerte, Trou au Natron registraba hasta 1.960 mm anuales de lluvia, diez veces más que las áreas vecinas. En contraste, Era Kohor, situado en sombra orográfica, recibía menos agua y dependía de aportes subterráneos. El monzón africano, aunque más intenso que en la actualidad, no alcanzó la altitud de estos lagos.
Ocho fases lacustres y un lento camino hacia la aridez
El análisis de los depósitos reveló hasta ocho fases de llenado en Trou au Natron y cuatro en Era Kohor, con niveles máximos de agua entre 7.900 y 6.500 años atrás. A partir de 6.500 años comenzó un proceso progresivo de desecación, acelerado después de los 5.300 años. Trou au Natron, con un balance atmosférico positivo, logró mantener estabilidad temporal gracias a filtraciones subterráneas. En cambio, Era Kohor presentó pérdidas sostenidas y se secó más rápido.
Desde junio de 2000, sólo otros dos eventos de lluvia han resultado en volúmenes mayores del lago, uno en 2008 y otro en 2014. [📷 Recreación con IA] pic.twitter.com/G2NRDnXRtg
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Relevancia científica y legado climático
La investigación demuestra cómo factores locales, como la topografía y corrientes atmosféricas, pueden modificar profundamente el régimen hídrico de regiones consideradas inhóspitas. Los modelos climáticos a escala fina resultaron esenciales para explicar estos contrastes y reconstruir con precisión la evolución del Sahara. Comprender cómo estas dinámicas dieron lugar a lagos en pleno desierto no solo resuelve un enigma paleoclimático, sino que también ofrece claves para prever el impacto del cambio climático actual en zonas áridas y montañosas.
Fuente: Infobae.