Lagos formados en el corazón del desierto de Atacama durante las lluvias.
Photo: ©Carlos González Silva (Centro de Astrobiología)

Se supone que si llueve en un lugar extremadamente seco, el agua deber√≠a actuar como una bendici√≥n de la naturaleza que deje la tierra exultante de vida ¬Ņno? Resulta que la realidad no siempre es como en los cuentos de hadas, y la lluvia en un lugar tan seco como el desierto de Atacama puede ser una maldici√≥n.

En junio de 2017 llovi√≥ en el desierto de Atacama. Dos a√Īos antes volvi√≥ a llover. Se trata de dos eventos extremadamente raros, y cuando decimos extremadamente raros nos referimos a que no existe constancia de que haya llovido en Atacama en los √ļltimos 500 a√Īos. Los registros geol√≥gicos muestran que el desierto lleva siendo una regi√≥n √°rida los √ļltimos 150 millones de a√Īos, y que en los √ļltimos 15 millones de a√Īos ha sido una regi√≥n hiper√°rida. El desierto m√°s √°rido del planeta es tambi√©n el m√°s antiguo.

Semejante panorama convierte a Atacama en un lugar privilegiado en el que estudiar el ecosistema para tratar de extrapolar cómo pueden ser los ecosistemas extremos en otros planetas. Aunque es un infierno en la Tierra, Atacama no está exento de vida. Sobre su tierra yerma hay millones de bacterias y microorganismos extremófilos habituados a vivir en un entorno extremadamente seco, con un alto índice de salinidad, y bombardeado constantemente por altas dosis de rayos ultravioleta. En muchos sentidos, Atacama es un análogo terrestre de Marte. Los depósitos de nitratos del terreno, por ejemplo, son muy similares a los que ha encontrado el Rover Curiosity.

Photo: NASA

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Ni que decir tiene que los astrobi√≥logos acudieron entusiasmados a estudiar c√≥mo el entorno de Atacama hab√≠a reaccionado a las lluvias. ‚ÄúEsper√°bamos encontrar una masiva explosi√≥n de vida‚ÄĚ comenta el astrobi√≥logo Alberto Gonz√°lez Fair√©n del Centro Espa√Īol de Astrobiolog√≠a (CAB). En su lugar, lo que encontraron fue un aut√©ntico apocalipsis.

‚ÄúContrariamente a lo que cabr√≠a esperar, el aporte de agua no ha supuesto un florecimiento de la vida en Atacama sino todo lo contrario‚ÄĚ, asegura Armando Az√ļaBustos, investigador del CAB y primer autor del estudio. ‚ÄúLas lluvias han causado una enorme devastaci√≥n en las especies microbianas que habitaban en estos lugares antes de las precipitaciones.‚ÄĚ Ni siquiera los peque√Īos lagos que se formaron tras las lluvias han logrado albergar vida. Los investigadores, cuyos resultados se acaban de publicar en la revista Nature Scientific Reports, tampoco han encontrado cianobacterias o microalgas que pudieran reiniciar el ecosistema.

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Entender el destino de Marte

Arcoiris fotografiado por primera vez en el corazón del desierto de Atacama.
Photo: ©Carlos González Silva (Centro de Astrobiología)

La analogía es especialmente interesante, porque nos da pistas de lo que pudo ocurrir en Marte. El planeta rojo siguió un ciclo hídrico de desecación y lluvia muy similar al de Atacama. Alberto González Fairén explica:

Marte tuvo un primer periodo geol√≥gico, el No√©ico (hace entre 4.500 y 3.500 millones de a√Īos), durante el que alberg√≥ mucha agua en su superficie. Esto lo sabemos por la cantidad de evidencias hidrogeol√≥gicas que se conservan, como huellas de r√≠os, lagos y deltas.

Si en alg√ļn momento hubiera surgido la vida en Marte tendr√≠a que haber ocurrido durante este periodo, que coincide con el origen de la vida sobre la Tierra. Despu√©s, Marte perdi√≥ su atm√≥sfera y su hidrosfera, convirti√©ndose en el mundo seco y √°rido que conocemos hoy.

Pero en algunos momentos durante el periodo Hesp√©rico (hace entre 3.500 y 3.000 millones de a√Īos), grandes vol√ļmenes de agua excavaron su superficie en forma de canales de desbordamiento. Si a√ļn exist√≠an comunidades microbianas resistiendo el proceso de desecaci√≥n extrema, se habr√≠an visto sometidas a procesos de estr√©s osm√≥tico similares a los que hemos estudiado en Atacama.

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En otras palabras, que Marte se secó al perder su atmósfera, pero experimentó otro período de lluvias más tarde. Esas precipitaciones, en vez de ayudar a recuperar la biosfera marciana, probablemente la terminaron de devastar. [CAB y Nature]