Hay descubrimientos paleontológicos que necesitan un esqueleto casi completo. Otros caben en una línea microscópica. En un fósil encontrado en la Formación Chañares, en el noroeste de Argentina, un equipo de investigadores ha identificado una señal en los huesos de Chiniquodon theotonicus que podría cambiar nuestra idea de cómo se reproducían algunos de los animales más cercanos al origen de los mamíferos.
El ejemplar tiene alrededor de 236 millones de años y pertenece a un cinodonte probainognatio, un grupo anterior a los verdaderos mamíferos. El estudio, publicado en Frontiers in Mammal Science, concluye que Chiniquodon probablemente daba a luz crías vivas. De confirmarse este escenario de forma más amplia, la viviparidad habría aparecido en el linaje mamaliano entre 90 y 95 millones de años antes de lo que se reconocía hasta ahora.
Una cicatriz del nacimiento quedó atrapada dentro del hueso

Todo gira alrededor del espécimen CRILAR-PV109, recuperado en la Formación Chañares. Se trata de un esqueleto parcialmente articulado que conserva cráneo y numerosos elementos postcraneales. Con un cráneo de unos 160 milímetros, está entre los ejemplares de Chiniquodon theotonicus más grandes conocidos en esa unidad, y distintas características de sus huesos y dientes indican que era un adulto probablemente completamente desarrollado.
Al estudiar secciones extremadamente finas del fémur y el cúbito, los investigadores encontraron algo inusual: un cambio brusco entre el tejido formado antes y después del nacimiento. La estructura registra una aceleración repentina del crecimiento óseo y coincide con lo que en animales actuales se conoce como línea neonatal.
Ese detalle es especialmente valioso porque normalmente desaparece. A medida que un animal crece, la expansión de la cavidad medular suele destruir el tejido embrionario más antiguo. En este fósil, sin embargo, parte de ese diminuto archivo biológico sobrevivió durante más de 200 millones de años.
Hay un matiz importante: la marca por sí sola no permite distinguir histológicamente entre nacimiento y eclosión de un huevo. Así que el equipo necesitaba otra pista. Y la encontró en el tamaño que tenía el animal cuando apareció aquella línea.
El recién nacido pesaba demasiado para encajar con un animal que salía de un huevo

A partir de la circunferencia del fémur, los investigadores estimaron que Chiniquodon pesaba aproximadamente 1,68 kilos al nacer y unos 11,99 kilos al morir. Es decir, la cría ya tenía alrededor del 14% de la masa alcanzada por el adulto.
Después llegó la comparación a gran escala: 1.869 mamíferos, 2.619 reptiles no avianos y 782 aves actuales. El resultado colocó a Chiniquodon mucho más cerca de los mamíferos placentarios que de los animales ovíparos. Los reptiles adultos de tamaño comparable suelen producir crías de apenas el 0,1% al 0,6% de su masa; en algunas aves comparables la proporción ronda el 1,3% al 4,5%. En placentarios, en cambio, puede acercarse al 19%.
Eso no convierte a Chiniquodon en un mamífero placentario. Lo que indica es que su estrategia reproductiva producía crías sorprendentemente grandes, algo mucho más compatible con un desarrollo prolongado dentro del cuerpo materno que con la puesta de huevos.
Ahora hay dos historias posibles, y ambas cambian bastante lo que creíamos
Hasta ahora se asumía generalmente que los cinodontes no mamalianos eran ovíparos, aunque la evidencia directa era extraordinariamente escasa. El nuevo fósil abre dos posibilidades evolutivas. Una es que la viviparidad apareciera de manera independiente en Chiniquodon y, millones de años después, en los mamíferos terios.
La otra es mucho más llamativa: el parto de crías vivas pudo aparecer una sola vez, muy pronto en este linaje, y los monotremas actuales (ornitorrincos y equidnas) habrían regresado posteriormente a la puesta de huevos. Los propios autores consideran ambos escenarios igualmente parsimoniosos y reconocen que todavía faltan fósiles para decidir entre ellos.
Lo fascinante es que el debate ya no empieza donde empezaba. Una característica que asociamos casi automáticamente con los mamíferos modernos podría haber estado presente cuando los primeros dinosaurios apenas comenzaban su historia evolutiva Y la pista llevaba 236 millones de años escondida en el interior de un hueso argentino.