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Ciencia

Los misteriosos puntos rojos que intrigan al James Webb podrían cambiar lo que sabemos de los agujeros negros

En las profundidades del universo primitivo, el telescopio James Webb ha detectado diminutos puntos rojos que podrían ser un tipo de objeto cósmico nunca antes visto: estrellas de agujero negro. Estos capullos de gas iluminados por una fuerza invisible podrían reescribir la historia temprana de los agujeros negros y las galaxias.
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Tres años después de las primeras imágenes, la incógnita sigue viva: ¿qué son esos extraños destellos rojizos que el James Webb captó en los primeros mil millones de años del universo? Dos equipos de investigación creen haber encontrado una pista, una hipótesis tan fascinante como disruptiva que desafía los modelos clásicos de la evolución cósmica.

Estrellas de agujero negro: un candidato inesperado

Los misteriosos puntos rojos que intrigan al James Webb podrían cambiar lo que sabemos de los agujeros negros
© Unsplash – Олег Мороз.

Los misteriosos puntos rojos detectados por el telescopio espacial James Webb no se parecen a ninguna estrella o galaxia conocida. Según los estudios liderados por Anna de Graaff (Instituto Max Planck de Astronomía) y Rohan Naidu (MIT), podrían ser esferas de gas, del tamaño de un sistema solar, iluminadas no por la fusión nuclear, sino por la energía extrema de un agujero negro activo en su interior.

La revista Science adelantó que ambos equipos trabajan en artículos donde describen estos objetos como una posible fase intermedia en la formación de agujeros negros supermasivos. En lugar de devorar la materia a su alrededor, el núcleo gravitacional calentaría el gas circundante hasta hacerlo brillar, dando origen a estas enigmáticas luces rojas.

Una ventana al universo temprano

Los misteriosos puntos rojos que intrigan al James Webb podrían cambiar lo que sabemos de los agujeros negros
© NASA, ESA, CSA, STScI, Dale Kocevski (Colby College).

Estos “rubíes cósmicos” parecen abundar en la misma etapa temprana del cosmos, lo que sugiere que pudieron ser un fenómeno común durante los primeros 1.000 millones de años tras el Big Bang. Su existencia podría explicar por qué algunas galaxias crecieron demasiado rápido y por qué ciertos agujeros negros supermasivos aparecieron antes de lo esperado.

Jenny Green, astrofísica de Princeton, lo resume así: “Podemos imaginar que la Vía Láctea fue en su origen un pequeño punto rojo, incubando su agujero negro antes de evolucionar hacia la galaxia que conocemos”.

Aunque no se descarta que sean cúmulos densos de estrellas masivas, la hipótesis de las estrellas de agujero negro gana fuerza. Las próximas observaciones del James Webb, centradas en el flujo de radiación y las galaxias que rodean a estos puntos, podrían confirmar si un agujero negro es el corazón de estas misteriosas esferas de gas.

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