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Ciencia

Los perros callejeros de Chernobyl son genéticamente particulares, aunque no es por la radiación

Los perros que viven cerca de la planta nuclear de Chernobyl no son mutantes radioactivos, aunque sus diferencias genéticas revelan una historia sorprendente.
Por Margherita Bassi Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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En 1986 el reactor nuclear de Chernobyl, entonces en la Unión Soviética y hoy, en Ucrania, explotó y lanzó al aire enorme cantidad de material radioactivo. Casi cuatro décadas después los perros callejeros que deambulan cerca de la planta nuclear de Chernobyl son genéticamente diferentes a los de la cercana ciudad de Chernobyl. Pero tal vez no se deba a la radiación. 

Los investigadores de la Universidad estatal de Carolina del Norte, y la Facultad de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, llegaron ala conclusión de que las diferencias genéticas entre los perros de la ciudad de Chernobyl y los que están cerca de la planta nuclear, probablemente no se deban a mutaciones inducidas por la radiación. En su trabajo publicado el 27 de diciembre en PLOS One, brindan datos de cómo la desastrosa contaminación ambiental afecta a las poblaciones cercanas a lo largo del tiempo. 

“Hemos estado trabajando con dos poblaciones de perros que aunque están separados por solo 16 kilómetros presentan diferencias genéticas”, dijo Matthew Breen de la Universidad de Carolina del Norte y participante del estudio en declaraciones de la universidad. “Intentamos determinar si la exposición a bajos niveles a lo largo de muchos años, a toxinas ambientales como la radiación, el plomo, etc. podría explicar tales diferencias”. En análisis genéticos previos Breen y sus colegas habían identificado casi 400 regiones del genoma con diferencias entre las dos poblaciones caninas, y en algunos había genes relacionados con la reparación del daño al ADN.

Parecidos y diferentes

En este estudio el equipo confirmó que los perros de la ciudad eran genéticamente similares a los perros de regiones cercanas como Rusia y Polonia, lo que los estableció como población representativa de control. Luego buscaron anormalidades y mutaciones en los perros callejeros, probablemente acumuladas a lo largo del tiempo. Las mutaciones del ADN, por ejemplo, son cambios que se heredan por el ADN de las células reproductivas. Los investigadores comenzaron estudiando los cromosomas y luego pasaron a características genéticas menores. 

“Es como si hicieras zoom con la cámara de tu teléfono para ver más detalles”, explicó Breen. “Aunque esta población de perros ya lleva unas 30 generaciones o más desde la del desastre de 1986 las mutaciones podrían ser detectables de todos modos. Pero no hallamos esa evidencia en estos perros”. 

Las presiones evolutivas causadas por el desastre del reactor nuclear de todos modos podrían haber impulsado la diferencia genética entre ambas poblaciones. “En términos humanos sería como si estudiaras una población siglos después”, dijo Megan Dillon de la misma universidad, quien encabezó el trabajo. “Es posible que los perros que sobrevivieron lo suficiente como para reproducirse ya tuvieran características genéticas que mejoraron su capacidad para sobrevivir. Así que tal vez se trató de una presión selectiva extrema desde el principio, y luego los perros de la planta nuclear se mantuvieron separados de los de la población de la ciudad. Es importante investigar esto, y lo estamos haciendo”. 

“Lo importante es estudiar los aspectos de la salud ambiental en desastres a gran escala porque, debido a que nuestras sociedades son cada vez más industriales y tecnológicas, invariablemente habrá desastres en el futuro y necesitamos entender los potenciales riesgos para proteger mejor a las personas”, explicaron los científicos.

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