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Ciencia

Los perros no llegaron con los primeros humanos: lo que revelan sus huellas en Sudamérica

Aunque solemos imaginar que los perros acompañaron a los humanos desde siempre, una reciente investigación del CONICET desmonta esa idea. Nuevas evidencias arqueológicas indican que nuestros fieles compañeros llegaron a Sudamérica mucho más tarde de lo pensado, dejando al descubierto una historia sorprendente y llena de giros inesperados.
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Durante años creímos que los perros formaban parte de todas las migraciones humanas, incluso cuando nuestros antepasados cruzaron hacia Sudamérica. Pero un estudio reciente demuestra que no fue así. Los primeros pobladores del sur no contaban con estos animales a su lado. Entonces, ¿cuándo llegaron los perros a esta parte del mundo? La respuesta revela mucho más que una simple cronología.


Un viaje que comenzó sin ellos

Aunque domesticados hace más de 15.000 años, los perros no acompañaron a los primeros humanos que llegaron a Sudamérica. Así lo revela una investigación con participación del CONICET que analizó restos de 70 perros hallados en 43 yacimientos arqueológicos, desde Mesoamérica hasta la Patagonia.

Los perros no llegaron con los primeros humanos: lo que revelan sus huellas en Sudamérica
© dilan archive – Pexels

Los ejemplares más antiguos hallados en el sur del continente datan de entre 5.000 y 7.000 años atrás, bastante más jóvenes que los restos caninos del norte de América, que alcanzan los 15.000 años. Esta diferencia sugiere que la llegada de los perros al sur no fue inmediata ni universal.

Agricultores y perros: una alianza reciente

La clave parece estar en los cambios culturales de los humanos. Los perros habrían llegado con las primeras sociedades agrícolas, aquellas que cultivaban maíz, vivían en asentamientos estables y generaban residuos orgánicos: un entorno perfecto para estos animales.

Según los investigadores, los perros que arribaron formaban parte de un linaje norteamericano ya diferenciado del resto del mundo. Su diversidad genética disminuía a medida que avanzaban con los humanos hacia el sur, en un fenómeno conocido como “cuello de botella genético”.

Estos perros eran pequeños o medianos, con pocas variaciones morfológicas y sin similitud con las razas europeas modernas.

Huellas que la conquista casi borró

La llegada de los colonizadores europeos marcó un punto de inflexión. Las nuevas razas importadas desplazaron a los perros originarios hasta casi eliminar su rastro genético. Hoy, apenas quedan vestigios en el ADN canino sudamericano de aquellos primeros animales.

Los perros no llegaron con los primeros humanos: lo que revelan sus huellas en Sudamérica
© behzad kazemi – Pexels

Sin embargo, algunos hallazgos ayudan a reconstruir su historia. En Chubut, un perro bautizado “Huachen”, que vivió en el siglo XVII, fue identificado como animal de carga. Las deformaciones en su columna muestran el esfuerzo físico al que fue sometido por las comunidades cazadoras-recolectoras que habitaban la estepa.

Más que compañía: aliados logísticos

“Huachen” no fue solo una mascota: era parte de la logística del grupo humano. Su esqueleto demuestra que ayudaba a transportar objetos, una tarea crucial en contextos donde todo debía cargarse a pie.

Cada hallazgo arqueológico canino aporta una nueva pieza al rompecabezas de la relación humano-perro. Lejos de ser automática, esta relación fue construyéndose a través del tiempo, las costumbres y los cambios sociales.

Estudiar la historia de los perros en Sudamérica nos permite entender también la de sus compañeros humanos. Su rastro nos habla de migraciones, adaptaciones y pérdidas culturales que siguen resonando hoy.

Fuente: Meteored.

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