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Ciencia

Las parejas no se forman al azar. Y en la cúspide económica de España se observa una homogamia tan fuerte que multiplica la desigualdad por generaciones

Los investigadores lo llaman homogamia socioeconómica: una tendencia clara a emparejarse con alguien del mismo nivel económico. Según datos analizados por El País a partir de un estudio publicado en los archivos de la Comisión Europea, la élite española se casa entre sí con una intensidad que altera la desigualdad estructural y la movilidad social.
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Durante mucho tiempo hemos repetido que “el amor no entiende de clases”. Pero los datos dicen otra cosa. Un análisis reciente (explicado en detalle por El País y basado en el estudio que Silvia de Poli y otros autores han publicado en los archivos de la Comisión Europea) revela un patrón que atraviesa silenciosamente a la sociedad española: las parejas no se forman al azar. Se forman, sobre todo, entre quienes comparten ingresos, educación y patrimonio. Y en la cúspide económica, este mecanismo se intensifica hasta niveles extraordinarios.

Los ricos se encuentran entre ellos tres veces más de lo que permitiría el azar

El amor también tiene clase social. Y los datos revelan que los ricos en España se casan entre ellos tres veces más de lo que ocurriría por azar
© Pexels / Rimiscky Tayuna.

La investigación de De Poli parte de una premisa simple pero poderosa: ¿qué pasaría si las parejas se formasen al azar, como números que salen del bombo de un bingo? Para responderlo, la autora cruzó microdatos del Ministerio de Hacienda y del INE, organizó a toda la población en deciles económicos y simuló distintos escenarios de emparejamiento.

El resultado, según recoge El País, es contundente: en la mayoría de la población, el comportamiento se asemeja al azar. Pero en el 10% más rico, la dinámica cambia por completo. Los hombres y mujeres de ese decil tienen tres veces más probabilidades de casarse entre sí que en una sociedad sin filtros. Y la posibilidad de que un hombre muy rico se empareje con una mujer de ingresos medio-bajos se reduce cinco veces respecto a un escenario aleatorio.

El patrimonio acentúa aún mucho más esta selectividad. A diferencia de los ingresos (volátiles, afectados por el ciclo laboral o la jubilación), la riqueza es estable. Y ahí el patrón es casi perfecto: los más ricos se emparejan con los más ricos; los más pobres, entre sí. Una simetría casi al milímetro que se traduce en una distribución del capital profundamente estratificada.

Educación, espacios sociales y la arquitectura del encuentro

El amor también tiene clase social. Y los datos revelan que los ricos en España se casan entre ellos tres veces más de lo que ocurriría por azar
© Pixabay / MabelAmber.

Este estudio señala que la homogamia no es solo una cuestión de gustos o estrategias individuales. También es producto de la forma en que la sociedad se organiza. Diederik Boertien, sociólogo del Centro de Estudios Demográficos de Barcelona, lo explica así en El País: interactuamos casi siempre con personas del mismo nivel socioeconómico. Familia, universidad, amistades, trabajos, barrios: todos funcionan como filtros invisibles.

Para las rentas altas, estos filtros son aún más estrictos. La riqueza crea espacios exclusivos (clubes, escuelas privadas, círculos profesionales, redes familiares) que limitan el acceso y refuerzan la endogamia. En este ecosistema cerrado, conocer a alguien económicamente similar no es casualidad: es la norma.

La educación añade otra capa determinante. Como muestran las estimaciones de Nuria Badenes citadas por El País, cuanto mayor es el nivel económico, menor es la distancia formativa dentro de la pareja. En la base social conviven personas con trayectorias educativas diversas; en la élite, predominan las parejas con credenciales casi idénticas, habitualmente universitarias y de posgrado. La desigualdad, así, también se hereda en forma de currículos.

Un mecanismo silencioso que amplifica la desigualdad

El amor también tiene clase social. Y los datos revelan que los ricos en España se casan entre ellos tres veces más de lo que ocurriría por azar
© Pexels / Gera Cejas.

El emparejamiento selectivo no solo une fortunas: las multiplica. Según las simulaciones de De Poli publicadas en los archivos de la Comisión Europea, si las parejas se formasen al azar, la desigualdad bajaría de forma notable. El 80% de la población (especialmente los grupos más vulnerables) mejoraría su posición económica. Solo el 20% superior perdería parte del poder acumulado.

Pero en la vida real, ocurre todo lo contrario. La élite combina ingresos elevados, patrimonios familiares y propiedades inmobiliarias, creando auténticas fortalezas económicas intergeneracionales. Sus hijos heredan no solo capital económico, sino capital educativo, cultural y relacional. En cambio, quienes parten de abajo encuentran más barreras para ascender y acceder a espacios de movilidad.

Las políticas públicas (impuestos, educación, vivienda) pueden mitigar parte del fenómeno, pero el estudio concluye que no logran frenar la acumulación constante de riqueza que generan estas uniones selectivas. La homogamia no crea desigualdad por sí sola… pero la amplifica de manera persistente.

España no es una excepción: es un espejo. Al observar cómo se forman nuestras parejas, vemos cómo se forma también nuestra desigualdad. Y mientras la élite económica sigue eligiéndose a sí misma, el resto del país vive en un mercado sentimental donde la movilidad social depende, cada vez más, de a quién tenemos la oportunidad (o el privilegio) de conocer.

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