Un análisis reciente arroja luz sobre el enigmático caso de la niña inca sacrificada en el volcán Quehuar, descubierta en 1975 en la región de Salta. Nuevos datos sorprenden al revelar detalles inéditos sobre su alimentación y origen, desvelando un complejo sistema de comercio y rituales incaicos.
Un hallazgo arqueológico que cambió la historia
El descubrimiento de la momia en el volcán Quehuar, a más de 6.000 metros de altitud, reveló no solo la práctica del ritual inca de la Capacocha, sino también los secretos de la vida y muerte de esta niña de 12 años. A través de técnicas avanzadas de análisis isotópico, los investigadores han reconstruido una parte crucial de su vida: su dieta, su lugar de origen y los preparativos para el sacrificio.
Los resultados sugieren que la niña probablemente provenía de una zona ubicada entre 2.500 y 3.000 metros sobre el nivel del mar, en la frontera entre Chile y Argentina, posiblemente en regiones como San Pedro de Atacama o la Quebrada de Humahuaca. Este tipo de sacrificios se realizaba en honor a los dioses incas para prevenir desastres naturales o garantizar buenas cosechas.
Un descubrimiento inesperado: algas en su dieta
Uno de los hallazgos más sorprendentes del análisis isotópico fue la presencia de algas marinas en su dieta, a pesar de vivir lejos del mar. Estas algas, consumidas aproximadamente un año antes de su muerte, habrían sido transportadas desde la costa gracias a la vasta red de caminos del Imperio Inca, lo que demuestra la habilidad de los incas para gestionar el comercio de productos a grandes distancias.
Preparativos para el sacrificio
Los análisis también revelaron cambios en la dieta de la niña durante los últimos seis meses de vida, marcados por un aumento en el consumo de maíz, un alimento reservado para las élites. Este detalle sugiere que fue preparada especialmente para su sacrificio, lo que refuerza la importancia simbólica de su muerte dentro del sistema político y religioso del Imperio Inca.