Cuando pensamos en tiburones, nos viene a la mente una aleta dorsal cortando la superficie. Pero esa escena es reciente en la escala de la evolución. Durante 200 millones de años, estos peces no surcaban mares abiertos: permanecían pegados al fondo, invisibles para el ojo humano y muy distintos a los cazadores que conocemos hoy.
De habitantes del lecho a cazadores en mar abierto

El linaje de los tiburones se remonta más allá de los dinosaurios, pero no fue hasta el Jurásico y el Cretácico cuando algunos linajes abandonaron el fondo. Según la investigación publicada en Ecology and Evolution, los tiburones con “cuerpo profundo” surgieron en al menos cuatro ocasiones distintas, coincidiendo con cambios planetarios: ascensos del nivel del mar, reconfiguración de continentes y nuevas cadenas alimenticias.
Este cuerpo profundo, con colas simétricas y mayor eficiencia de nado, permitió la transición a aguas abiertas. La adaptación anatómica precedió al cambio de hábitat, revelando un proceso evolutivo sorprendente: primero se transformó la forma, luego se conquistó el espacio.
El papel del clima y los rivales extintos

La desaparición de reptiles marinos como los ictiosaurios y la expansión de peces óseos ofrecieron tanto oportunidades como desafíos. Más presas en el océano abierto, pero también más competencia. Los tiburones capaces de adaptarse prosperaron en el nuevo escenario. Otros permanecieron en las sombras bentónicas.
Esta revolución no fue una simple migración: fue una reinvención evolutiva, en la que los tiburones rediseñaron su cuerpo para conquistar un entorno hasta entonces inaccesible.
Una diversidad que aún desafía estereotipos
Hoy existen más de 500 especies de tiburones, y la mayoría sigue ligada al fondo o a zonas intermedias. Incluso algunos con cuerpo profundo habitan cerca del lecho marino, demostrando que forma y función no siempre coinciden. La investigación cuestiona nuestra visión simplificada de los tiburones como cazadores pelágicos universales.
La historia de este grupo es, en esencia, una crónica de adaptación continua. Comprender cómo pasaron de habitantes discretos a depredadores de alta velocidad ofrece claves para entender su futuro frente al cambio climático y la presión humana sobre los océanos.