Imagen: Lakov Kalinin / Shutterstock

Imagina que has nacido con el poder de una labia incre√≠ble junto a una fluidez innata para aprender idiomas. Imagina ahora que esas cualidades las utilizas para la estafa. Entonces es posible que seas el hombre que ha vendido la Torre Eiffel, quiz√° hasta dos veces, o de poner en peligro a la econom√≠a de Estados Unidos con la maquinaria de billetes falsos. De ser as√≠, tu nombre es Victor Lustig, ¬Ņo quiz√° ese no es el nombre real?

A finales del a√Īo 1935 pod√≠amos imaginarnos la escena: un hombre divisa a trav√©s de una diminuta ventana como pasan numerosas embarcaciones de recreo a trav√©s de la Bah√≠a de San Francisco. Ese tipo ahora tiene la mirada cansada y perdida recordando lo que fue su vida hace no tanto y lo que es ahora. Esa diminuta ventana se encuentra en la prisi√≥n de Alcatraz y nuestro hombre est√° fuertemente encadenado de manos y pies. No es un recluso cualquiera, es Victor Lustig pasando los √ļltimos a√Īos de su ins√≥lita vida entre rejas.

Lustig finalmente fue capturado despu√©s de haber planeado una operaci√≥n de billetes del banco falsificados, un plan tan enorme que amenazaba con sacudir la confianza de la propia econom√≠a estadounidense. Fue su √ļltimo plan, aunque antes existieron muchos y muy variados.

Lustig o cómo pasar la vida estafando

Imagen: Lustig / Wikimedia Commons

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El hombre que se cuenta entre los estafadores m√°s grandes de la historia nac√≠a en 1890 en Hostinne (Republica Checa). Hijo de padres campesinos, Lustig dec√≠a que desde peque√Īo tuvo que robar para sobrevivir, aunque desde la c√°rcel de Alcatraz dijo tambi√©n que sus robos ten√≠an como protagonistas √ļnicamente a personas codiciosas o deshonestas. Veamos.

En plena adolescencia, a comienzos de 1900, Lustig fue pasando de ladronzuelo a ratero, de robo peque√Īos o menores a m√°s sofisticados. Se fue curtiendo en la calle como un buscavidas mientras en sus ratos libres perfeccionaba otros de sus hobbys, los trucos de carta con los que se sacaba un dinero en las calles.

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Pronto se trasladaría a Estados Unidos. Allí se percata de la labia y encanto que tiene en el trato cara a cara, además poseía una sencillez innata para hablar idiomas con fluidez. Así fue como comenzó con sus primeras estafas, a bordo de los transatlánticos de vapor que cubrían las rutas entre Nueva York y París. Los pasajeros a bordo en primera clase serían presas fáciles para un elocuente, locuaz (e incluso refinado si fuera necesario) Lustig.

Una etapa donde tambi√©n har√≠a uso de su primer alias, el primero de los 47 que fueron registrados por la posterior investigaci√≥n de la polic√≠a donde encontrar√≠an tras su detenci√≥n que Lustig utiliz√≥ decenas de pasaportes falsos. El hombre hab√≠a llegado a Estados Unidos al finalizar la Primera Guerra Mundial, por tanto lleg√≥ en el apogeo de los ‚Äúlocos a√Īos 20‚ÄĚ, una √©poca donde el dinero circulaba a gran ritmo. Las investigaciones posteriores hablan de al menos 40 ciudades de Estados Unidos donde Lustig dej√≥ su ‚Äúsello‚ÄĚ personal.

La caja de dinero rumana

Imagen: Victor Lustig / Biography

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Su primer gran ‚Äútruco‚ÄĚ de estafador lleg√≥ en estas fechas a trav√©s de lo que se llam√≥ la ‚Äúcaja de dinero rumana‚ÄĚ, es decir, una supuesta m√°quina de impresi√≥n de dinero con la que puso en pr√°ctica la siguiente estafa: Lustig organiza una reuni√≥n con posibles compradores realizando una demostraci√≥n con las capacidades de una peque√Īa m√°quina, nada menos que una copia exacta de un billete de 100 d√≥lares. La realidad es que previamente hab√≠a introducido tres billetes aut√©nticos de 100 d√≥lares. La demostraci√≥n es un ‚Äú√©xito‚ÄĚ. Tambi√©n es el momento en el que Lustig se lamenta de que su dispositivo necesita de seis horas para llevar a cabo otra copia.

El cliente, obviamente, ve√≠a en la m√°quina un gran potencial, as√≠ que por norma general acababa comprando la m√°quina a un precio muy alto. Durante las siguientes doce horas la m√°quina ser√≠a capaz de producir otros dos billetes de 100 d√≥lares (billetes reales que Lustig hab√≠a introducido previamente). Tras el √ļltimo billete, la m√°quina solo produce papel en blanco.

Los clientes entonces se daban cuenta de que habían sido estafados pero habían pasado más de doce horas y Lustig ya estaba camino de otra ciudad para continuar con esta y con otras estafas como las falsas carreras de caballos o inversiones mobiliarias que le dieron grandes dividendos.

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La venta de la Torre Eiffel

Imagen: Martin M303 / Shutterstock

As√≠ llegamos hasta el a√Īo 1925, momento en el que se produce lo que los investigadores denominaron como ‚Äúla gran venta‚ÄĚ, nada menos que la mism√≠sima Torre Eiffel. Seg√ļn explic√≥ el agente secreto James Johnson en sus memorias, el hombre que sigui√≥ la estela de Lustig, este llega a Par√≠s en mayo de ese mismo a√Īo.

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Nos encontramos en un contexto donde Francia se ha recuperado de la Primera Guerra Mundial y en particular la ciudad de Par√≠s se encontraba en plena ebullici√≥n y auge. Probablemente el mismo Lustig pens√≥ que no exist√≠a un lugar mejor para subir la apuesta del enga√Īo ante algo mucho m√°s grande. Esa misma primavera y mientras le√≠a el peri√≥dico en un caf√© parisino se encuentra con un art√≠culo que habla del problema que ten√≠a la ciudad de Par√≠s para llevar a cabo el mantenimiento de la Torre Eiffel.

El artículo explicaba que sólo la pintura ya era un gran problema y una tarea costosa y que por esta razón la obra se estaba convirtiendo en una escultura un tanto descuidada. Lustig vio un filón en la noticia y se puso a desarrollar una historia paralela.

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Lo primero que hizo fue contactar con un falsificador para pedirle una serie de notas y documentos que pudieran pasar por oficiales del gobierno. Luego invitó a seis comerciantes de chatarra a una reunión en el Hotel de Crillon, uno de los más prestigiosos de la ciudad, con el fin de discutir un acuerdo sobre un negocio que no detalló en el anuncio.

Acudieron los seis a la cita y nuestro hombre se presenta como director adjunto del Ministerio de Correos y Telégrafos. Allí les explica que habían sido seleccionados sobre una gran base de empresarios debido a su buena fama como profesionales honestos. Seguidamente le explica al grupo que el mantenimiento de la Torre Eiffel era un escándalo en términos económicos y que la ciudad no podía soportar su mantenimiento por más tiempo, así que habían decidido venderla como chatarra.

Tambi√©n les explica que debido a las probables protestas de la opini√≥n p√ļblica, el asunto deb√≠a llevarse en el m√°s absoluto secreto hasta que los detalles y las negociaciones finalizaran. Lustig termina explicando que √©l ha sido designado para elegir al empresario ganador.

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Es posible que en este punto pienses que se trata de un plan totalmente surrealista. La realidad es que hoy sería así, pero en aquella época y en el contexto de París, no tanto. La idea no era tan inverosímil en 1925 porque la Torre Eiffel se había construido para la Expo de París de 1889, no hacía mucho por tanto, y se preveía que no fuera permanente. De hecho en 1909 estuvo a punto de ser trasladada.

Imagen: Lustig / Wikimedia Commons

El siguiente paso de Lustig fue llevar a los hombres a la torre en una limusina alquilada, todo como parte de una visita de inspecci√≥n. La puesta en escena segu√≠a dando sus frutos y los hombres estaban entusiasmados. All√≠ y cuando ya hab√≠a mostrado sus cartas, Lustig analiz√≥ cada uno de los posibles ‚Äúcompradores‚ÄĚ intentando calibrar cu√°l de ellos era el m√°s entusiasta (y cr√©dulo). Al finalizar la visita les comunica que al d√≠a siguiente tendr√≠a lugar la licitaci√≥n record√°ndoles una vez m√°s que deb√≠an guardar discreci√≥n absoluta ya que era un ‚Äúsecreto de Estado‚ÄĚ.

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Cuando Lustig se dirigía a su casa él ya sabía quién sería el ganador. Nuestro hombre aceptaría la oferta de André Poisson, un comerciante algo inseguro que había aireado su tristeza por no estar en los círculos internos de los grandes comerciantes de París. El hombre decía que la obtención del acuerdo por la Torre Eiffel lo situaría en la gran liga de los negocios. La esposa de Poisson en cambio no pensaba lo mismo y se preguntaba quién era realmente este director adjunto y las razones para que una cosa así se mantuviera en el más absoluto secreto. También se preguntaba por la rapidez en una operación tan grande.

Poisson le trasladó estas dudas a Lustig, razón por la que el estafador organizó otra reunión, esta vez sólo con él. Lustig contaría a Poisson que como Ministro del Gobierno no ganaba lo suficiente para tener el estilo de vida de deseaba, y que por esta razón debía encontrar la manera de complementar sus ingresos. También significaba que esos tratos debían llevarse con cierta discreción.

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Poisson entendió rápidamente lo que Lustig le estaba explicando. Captó que Lustig no era más que otro funcionario del gobierno corrupto que quería un soborno. De esta manera Poisson se relajó completamente, él mismo había tratado con tipos así y estaba familiarizado, por lo que no tenía problemas para negociar en esos términos. Así que nuestro hombre no sólo se llevó los fondos por la supuesta venta de la Torre Eiffel, también se llevó un soborno.

Tras sellar el acuerdo y la entrega del dinero Lustig parti√≥ en tren a Viena. Lo hizo con una maleta llena de dinero en efectivo. Por extra√Īo que parezca en los siguientes d√≠as o semanas nadie le buscaba. Poisson hab√≠a sido estafado de forma tan humillante que jam√°s acudi√≥ a la polic√≠a.

Esta fue la raz√≥n de que al cabo de un mes Lustig regres√≥ a Par√≠s. All√≠ seleccion√≥ a otros seis comerciantes para vender una obra, ¬Ņadivinan cual? La Torre Eiffel por segunda vez, aunque esta vez la v√≠ctima s√≠ acudir√≠a a la polic√≠a presentando los papeles y documentos falsos. El hombre hab√≠a firmado pero no le hab√≠a dado el dinero a Lustig, qui√©n a su vez logr√≥ escapar de la polic√≠a huyendo a Estados Unidos.

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Estados Unidos: √ļltima parada

Imagen: Huellas dactilares de Lustig tomadas por el FBI / Jeff Maysh

Ya en Estados Unidos y durante los a√Īos posteriores, el artista del enga√Īo agrandar√≠a su leyenda como estafador. Leyenda que al final de su vida acompa√Ī√≥ con un dec√°logo de mandamientos o reglas para futuros o posibles estafadores:

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  • Ser un oyente paciente
  • Jam√°s tengas una mirada aburrida
  • Espera a que la otra persona revele sus opiniones pol√≠ticas, entonces, estar√°s de acuerdo con ellas.
  • Deja que la otra persona revele sus puntos de vista religiosos, luego t√ļ debes tener los mismos.
  • Nunca te emborraches
  • Jam√°s seas desordenado

Pasaron los a√Īos y posiblemente la codicia fue lo que llev√≥ a Lustig a su perdici√≥n. En 1930 el estafador se asocia con el qu√≠mico Tom Shaw para entrar en el negocio de los billetes de d√≥lares falsos. De esta forma Lustig comenz√≥ a crear billetes de 100 d√≥lares impecables capaces de enga√Īar incluso a los cajeros de los bancos. Un lucrativo negocio que encendi√≥ las alarmas de los servicios secretos del pa√≠s, quienes tem√≠an que una racha de estos billetes falsos pudieran llegar a tambalear la confianza internacional en el d√≥lar. Fueron meses en los que Lustig viajaba con todo un arsenal de disfraces para poder escapar bajo cualquier circunstancia.

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Hasta el 10 de mayo de 1935. Ese día fue detenido en Nueva York por agentes federales por cargos de falsificación tras una llamada anónima. Ese día también nuestro hombre tenía un maletín consigo. Al abrirlo los agentes solo encontraron ropa y su cartera junto a una llave. Lustig se negó a especificar lo que abría la llave.

Unas semanas más tarde los investigadores descubrieron el enigma. Se trataba de una llave que abría una taquilla en la estación de metro de Times Square, taquilla que contenía 51 mil dólares en billetes falsos junto a las placas con la que habían sido impresos.

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Un día antes del juicio contra su persona, Lustig escapa por la ventana del centro de detención de Manhattan en el que se encontraba. Cuando la policía acude a su celda se encuentra esta vacía junto a una nota, un extracto de Los Miserables. Una nota donde Lustig venía a reivindicar su estilo de vida.

Victor eludi√≥ la ley hasta el 28 de septiembre de 1935, momento en el que fue detenido en Pittsburgh. Ahora s√≠, el juez lo declar√≥ culpable y fue condenado a 20 a√Īos de c√°rcel en la isla de Alcatraz. All√≠ muri√≥ el 9 de marzo de 1947, dos d√≠as despu√©s de contraer neumon√≠a.

A√ļn as√≠ y despu√©s de morir, dejar√≠a dos √ļltimas ‚Äújugadas‚ÄĚ maestras en su curr√≠culum. La primera en el certificado de defunci√≥n de su ocupaci√≥n, espacio donde se escribi√≥: aprendiz de vendedor.

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Imagen: Certificado de defunción de Lustig / Jeff Maysh

La segunda, y quiz√°s m√°s importante, ocurrir√≠a muchas a√Īos despu√©s. Y es que en marzo del 2015, el historiador Tomas Andel de la ciudad natal de Lustig, comenz√≥ la ardua tarea de buscar toda la informaci√≥n biogr√°fica acerca del ciudadano m√°s famoso de la ciudad de Hostinne. El hombre busc√≥ en los registros rescatados de la quema de material de los nazis, estudi√≥ minuciosamente las listas p√ļblicas electorales e incluso accedi√≥ durante semanas a documentos hist√≥ricos de la ciudad. No encontr√≥ nada.

Pens√≥ que como m√≠nimo deb√≠a estar registrado en la lista de la √ļnica escuela primaria local. Tampoco aparec√≠a su nombre.

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As√≠ que tras una ardua investigaci√≥n Andel dej√≥ de buscar y lleg√≥ a la √ļnica conclusi√≥n posible: no hab√≠a una sola evidencia de que Lusting hubiera existido.


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