El descubrimiento de Pr√≥xima b fue anunciado como una de las noticias del siglo, pero el exoplaneta m√°s cercano a la Tierra podr√≠a ser menos habitable de lo que nos gustar√≠a, seg√ļn una nueva investigaci√≥n de la NASA.

Un estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters sugiere que los cuerpos que orbitan en la zona de habitabilidad de una enana roja, como Próxima b, pierden demasiado oxígeno de su atmósfera para formar agua líquida, y podrían no ser compatibles con la vida tal y como la conocemos.

Hasta ahora, los científicos habían determinado las zonas habitables de los sistemas estelares en base a la cantidad de luz y calor que reciben de sus estrellas. Este nuevo enfoque tiene en cuenta además las fulguraciones estelares y la tasa de pérdida de oxígeno de las atmósferas para construir un baremo más refinado con el que buscar otro planeta como el nuestro.

El equipo de investigadores de la NASA desarrolló un nuevo modelo matemático para analizar el efecto que tienen las emisiones de luz ultravioleta y rayos X de una enana roja sobre el oxígeno de una atmósfera planetaria en la zona supuestamente habitable de su órbita.

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Y, bueno, la manera en la que nuestra estrella vecina Pr√≥xima Centauri erosiona la atm√≥sfera de Pr√≥xima b son malas noticias para los que esper√°bamos encontrar vida a menos de cinco a√Īos luz de la Tierra.

En resumen, la brutal energía de la luz ultravioleta extrema y los rayos X de alta potencia de la enana roja ioniza la atmósfera y produce un fuerte efecto escape de los electrones de oxígeno hacia el espacio.

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El equipo calcul√≥ que en un planeta como Proxima b, que est√° 20 veces m√°s cerca de su estrella que nosotros, las tormentas estelares se descargan contra la atm√≥sfera cada dos horas. En diez millones de a√Īos, su ox√≠geno habr√° desaparecido por completo.

Hay una noticia a√ļn peor dentro de esta mala noticia: las enanas rojas son las estrellas m√°s comunes de nuestra galaxia. De las 60 estrellas m√°s cercanas a la Tierra, 50 son enanas rojas.

A medida que seguimos descubriendo lo que hace falta para ser una estrella progenitora de la vida, parece cada vez más claro que el Sol es una madre perfecta. [The Astrophysical Journal Letters vía NASA]