Marte todavía conserva pequeñas burbujas magnéticas
Marte no posee actualmente un campo magnético global como el de la Tierra. Sin embargo, algunas regiones de su corteza mantienen rastros del antiguo magnetismo del planeta, generado hace unos 4.000 millones de años y conservado cuando la lava se enfrió y solidificó.
Estas zonas magnetizadas actúan como pequeñas burbujas que alteran el viento solar y conducen partículas cargadas hacia la atmósfera. Allí pueden aparecer auroras localizadas, principalmente sobre regiones del hemisferio sur con campos especialmente intensos.
Un estudio publicado en Nature Communications acaba de demostrar que estas pequeñas magnetosferas no se limitan a desviar electrones. También desarrollan una versión reducida del ciclo magnético responsable de las auroras terrestres.
Una versión diminuta del ciclo de Dungey
En la Tierra, las líneas del campo magnético transportadas por el viento solar pueden conectarse con las que rodean nuestro planeta. Este proceso, conocido como reconexión magnética, abre las líneas del campo terrestre y permite que la energía y las partículas entren en la magnetosfera.
Después, esas líneas son arrastradas hacia la cola magnética situada en el lado nocturno, donde vuelven a conectarse. Parte de las partículas aceleradas regresa hacia la atmósfera y produce las luces polares. Todo este circuito recibe el nombre de ciclo de Dungey.
MARTE
El orbitador #Hope de los Emiratos Árabes fotografía por primera las auroras discretas de Marte > a diferencia de las terrestres se producen en zonas ecuatoriales 🛰🔴https://t.co/II2GSlltgD
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Los investigadores descubrieron un comportamiento parecido sobre los campos de la corteza marciana. Las líneas magnéticas locales se abren al interactuar con el campo interplanetario, circulan junto con el plasma y vuelven a cerrarse. Durante ese recorrido, algunos electrones adquieren la energía necesaria para generar auroras ultravioletas.
Un fenómeno veinte veces más pequeño
El equipo estudió en detalle las observaciones realizadas por MAVEN el 25 de febrero de 2017 sobre una de las regiones más magnetizadas de Marte, cerca del límite entre el día y la noche.
Los datos mostraron corrientes eléctricas alineadas con el campo magnético, movimientos del plasma en la ionosfera y electrones acelerados hacia la atmósfera. Estos elementos encajaban dentro del mismo modelo físico que explica las auroras terrestres.
La diferencia está en la escala. El sistema marciano analizado es unas veinte veces más pequeño y mucho menos energético. Mientras el ciclo terrestre puede durar alrededor de una hora, las estimaciones indican que el proceso observado en Marte se completa en aproximadamente dos minutos y medio. Su diferencia de potencial sería además unas mil veces menor que la presente normalmente sobre los polos terrestres.
MAVEN reunió las piezas antes de desaparecer
Para reconstruir el fenómeno, los investigadores combinaron mediciones del magnetómetro, el analizador de electrones del viento solar y el instrumento STATIC, encargado de medir la composición y el movimiento de los iones.
La investigación se apoya en un caso especialmente detallado y en otros seis eventos con características compatibles. Por ello, no demuestra que todas las auroras marcianas se produzcan de esta manera, pero sí propone un marco que conecta procesos que anteriormente habían sido estudiados por separado.
MAVEN dejó de comunicarse con la Tierra el 6 de diciembre de 2025. La NASA declaró oficialmente terminada la misión el 3 de junio de 2026 después de concluir que la nave estaba girando de manera descontrolada, había agotado sus baterías y no podía recuperarse. Aun así, sus más de once años de observaciones continuarán generando descubrimientos durante décadas.
Las brillantes auroras de Marte capturadas por la nave espacial Hope Las imágenes del orbitador son las más detalladas hasta ahora de las discretas a …
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Una pista sobre la evolución del planeta rojo
Comprender estas auroras permite estudiar cómo el viento solar interactúa con una atmósfera que ya no está protegida por una gran magnetosfera. Esto puede ayudar a reconstruir la pérdida atmosférica de Marte y explicar por qué siguió una evolución tan distinta a la terrestre.
El hallazgo también amplía el alcance del ciclo de Dungey. Ya no parece ser un mecanismo exclusivo de planetas con campos magnéticos globales: puede aparecer alrededor de pequeñas regiones magnetizadas y operar a escalas mucho menores.
Marte perdió su gran escudo hace miles de millones de años, pero algunas partes de su corteza todavía reproducen, en miniatura, la maquinaria magnética que ilumina los cielos de la Tierra.