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Ciencia

La ciencia había subestimado drásticamente lo mucho que se ha encogido Mercurio

Un nuevo cálculo del encogimiento de Mercurio muestra que el planeta podría haberse contraído un 10% a 20% más de lo que sugerían las investigaciones.
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Mercurio, el planeta más pequeño de nuestro sistema solar (aunque los defensores de Plutón no estén de acuerdo) se achica cada día más. De hecho, se ha estado encogiendo lentamente desde que se formó hace unos 4,5 mil millones de años. Un nuevo análisis de su encogimiento o “contracción radial” muestra que los cálculos anteriores tal vez estaban equivocados.

Los resultados del trabajo se publicaron hoy en Geophysical Research Letters, y sugieren que mercurio se ha encogido entre un 10% a 30% más de lo que indicaban los estudios anteriores. El nuevo cálculo equipara el encogimiento con unos 19 km en el diámetro total desde que se formó el planeta.

“La contracción radial de Mercurio que indicaban trabajos anteriores se subestimó porque faltaba considerar las geologías recientes”, le dijo en un email a Gizmodo Gaku Nishiyama, autor principal y científico planetario en el Instituto de Investigación Espacial del Centro Aeroespacial de Alemania (DLR). “Geologías recientes” significa los cráteres de impacto geológicamente jóvenes y los fragmentos eyectados, lo que puede causar diferencias en los cálculos de encogimiento.

“Nuestro trabajo es el primero en resolver eso al usar el dato de rugosidad de la superficie de Mercurio, para poder calcular cuánto de la contracción radial se pasó por alto en trabajos anteriores”, explicó.

Se empequeñece

Antes de que adquirieran forma los planetas de nuestro sistema solar el sol estaba rodeado por un disco plano y rotativo de gas y polvo. Con el tiempo la gravedad fue aglutinando el material en forma de terrones, y así nacieron los ocho planetas que conocemos hoy. Mercurio es un planeta rocoso, el más cercano al sol, y creció a medida que colisionaban los asteroides contra su superficie.

La energía cinética de estos impactos violentos se convirtió en calor y el pequeño planeta se ha estado enfriando desde entonces. A medida que se enfrió, el interior de Mercurio se fue encogiendo como sucede con una uva que se convierte en pasa. Y de hecho, como pasa, la superficie de Mercurio es arrugada con características tectónicas como escarpes y cordilleras. Los científicos estudian desde hace mucho tiempo esas arrugas para calcular cuánto cambió el tamaño del planeta desde su formación.

Como Mercurio se enfría de manera uniforme en todo su interior (o eso debería suceder) los científicos suponen que esas rugosidades se distribuyen también de manera pareja. Pero no es así. Nishiyama y sus colegas se preguntaban si eso podía deberse a que algunas de las características cambiaron a causa de otros eventos como impactos con asteroides que forman cráteres y esparcen fragmentos por el paisaje mercuriano.

Para probar su hipótesis los investigadores crearon un mapa global de la rugosidad de Mercurio, una representación de cómo era su geología con mapas anteriores de sus arrugas. Encontraron que las áreas más rugosas de Mercurio, con el terreno más modificado por eventos de impacto por ejemplo, tenían menos arrugas visibles. Eso sugiere que su hipótesis estaba en lo cierto.

“Esperaba que hubiera cierta correlación, pero fue tan clara que superó mis expectativas”, dijo Nishiyama.

Su equipo luego usó la contracción requerida para formar arrugas en áreas menos rugosas, con el fin de calcular cuánto se había encogido el planeta, incluyendo las partes más rugosas. Al considerar esas áreas que antes se habían pasado por alto, encontraron que el encogimiento era 10% a 30% superior de lo que calculaban los estudios anteriores. En total, creen que la contracción radial es de 6,9 a 11,6 kilómetros.

Lo que hay dentro importa

Estos cálculos actualizados ayudan a los investigadores a entender mejor lo que pasa debajo de la superficie de Mercurio, y echan luz sobre cómo se forman y evolucionan los planetas rocosos. Nishiyama señaló que no es fácil despejar los muchos parámetros del interior de Mercurio, pero que los resultados de su equipo sugieren que la evolución comenzó a temperaturas mayores con menos concentración de elementos livianos en el núcleo, lo que implica un núcleo más grande.

Los nuevos resultados de todos modos podrían subestimar el encogimiento de Mercurio, admitió Nishiyama. Se basan en datos de la misión MESSENGER de la NASA que solo midió de manera confiable características mayores a 5 km. Cuando en noviembre llegue a Mercurio BepiColombo, misión conjunta de la Agencia Espacial Europea y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, recogerá imágenes y escaneos en alta resolución de la superficie del planeta. Y eso podría revelar características en detalle, sin precedentes.

Mientras tanto, el trabajo del equipo de Nishiyama puede servir para refinar los cálculos del encogimiento de la luna también. Sí, el satélite de la Tierra también se está encogiendo.

“En el caso de la luna, la contracción radial anterior es de menos de 1 km y no es consistente con los modelos de evolución térmica. Pero la luna es en general más rugosa que Mercurio y eso significa que pasamos por alto más estructuras de la luna que de Mercurio”, explicó Nishiyama. “Al extender nuestro estudio y ampliarlo, podremos resolver también ese problema”.

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