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Tecnología

Más de 60.000 videojuegos se quedan sin un futuro claro tras el cierre de un histórico proyecto alemán

Sony dejará de producir discos para los nuevos juegos de PlayStation desde 2028. Al mismo tiempo, Alemania pone fin a la Internationale Computerspielesammlung, un proyecto que catalogaba más de 60.000 títulos. Dos decisiones distintas que amenazan el acceso futuro a una parte fundamental de la cultura digital de varias generaciones.
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La preservación de videojuegos parece un problema lejano hasta que desaparece una tienda, se apaga un servidor o deja de fabricarse el soporte que permitía conservar una obra. En apenas unos días, dos decisiones han dejado clara la fragilidad de esa memoria: Sony abandonará los discos para los futuros juegos de PlayStation y Alemania dejará caer uno de los proyectos públicos de archivo más importantes del mundo.

Sony confirmó que dejará de producir discos físicos para todos los nuevos juegos que lleguen a sus consolas desde enero de 2028. Los títulos anteriores no se verán afectados, pero los lanzamientos futuros quedarán disponibles únicamente mediante PlayStation Store o códigos digitales. La compañía justifica el cambio por el crecimiento de las descargas, que ya representan cerca del 80% de sus ventas de juegos completos.

El problema no se limita a perder cajas o el mercado de segunda mano. Un disco puede guardarse, prestarse y utilizarse décadas después, siempre que exista una consola compatible. Una licencia digital depende de cuentas, servidores, tiendas y políticas comerciales que pueden modificarse o desaparecer.

Más de 60.000 videojuegos se quedan sin un futuro claro tras el cierre de un histórico proyecto alemán
© Cegarrandres – Youtube.

Alemania pierde un archivo con más de 60.000 juegos

Casi al mismo tiempo, la Internationale Computerspielesammlung, conocida como ICS, anunció que su proyecto no continuará. La iniciativa alemana buscaba reunir y catalogar más de 60.000 juegos almacenados en cartuchos, disquetes, CD, DVD y Blu-ray, junto con consolas, cajas, manuales, publicidad y otros documentos relacionados con su historia.

El archivo combinaba fondos del Computerspielemuseum de Berlín, la organización de clasificación USK, la asociación de la industria game y centros de investigación como DIGAREC. Desde abril de 2019 ofrecía una base de datos pública con decenas de miles de registros, aunque eso no significaba que los juegos pudieran descargarse o jugarse libremente desde Internet.

La financiación pública, aportada por el Senado de Berlín y organismos federales, alcanzó aproximadamente 1,5 millones de euros y terminó a finales de abril de 2026. El Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio evaluó la posibilidad de transformar el proyecto en una institución permanente, pero concluyó que el modelo no era viable por el coste de mantener archivos físicos, personal especializado y espacios de consulta.

Los socios votaron por unanimidad no seguir adelante. Las colecciones físicas no serán destruidas, ya que permanecerán en manos de las instituciones propietarias. Lo que queda en duda es el futuro de la base de datos compartida y de la infraestructura técnica desarrollada para conectarlas, ahora sometidas a una revisión legal y tecnológica.

Guardar un videojuego no sirve si nadie puede jugarlo

La ICS aspiraba a algo más que almacenar objetos. Su siguiente etapa contemplaba una sede pública estable y sistemas de emulación para ejecutar títulos antiguos cuando sus consolas originales dejaran de funcionar. Esa fase nunca llegó a consolidarse y es la que diferencia una colección cerrada de un archivo cultural realmente útil.

Un videojuego no puede conservarse igual que un libro. Además del programa, necesita hardware, sistemas operativos, controles, documentación y, en algunos casos, servidores activos. Guardar un disco sin preservar el entorno capaz de ejecutarlo puede convertir la obra en un objeto visible, pero inaccesible.

La coincidencia entre Sony y Alemania muestra cómo puede desaparecer la historia del videojuego: no mediante un gran apagón, sino retirando poco a poco las estructuras que garantizan su supervivencia. Primero desaparece el soporte físico, después la tienda y finalmente el archivo que debía estudiarlo. Cuando eso ocurre, la conservación vuelve a recaer en comunidades de aficionados con recursos limitados y en un terreno legal cada vez más complicado.

 

Fuente: Xataka.

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