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Ciencia

El secreto mejor guardado del meteorito que acabó con los dinosaurios finalmente salió a la luz

Un nuevo estudio logró identificar con una precisión sin precedentes el tipo de meteorito que desencadenó la extinción de los dinosaurios. El hallazgo cambia varios detalles clave sobre uno de los eventos más trascendentales de la historia.
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Durante décadas, los científicos supieron que un gigantesco meteorito impactó contra la Tierra y provocó la desaparición de los dinosaurios. Sin embargo, una pregunta seguía sin respuesta: ¿qué clase de objeto era exactamente? Ahora, gracias a nuevas técnicas de análisis químico, un equipo internacional logró resolver ese misterio y descubrió que el responsable pertenecía a una categoría extremadamente rara de meteoritos. El hallazgo no cambia el hecho histórico, pero sí modifica la forma en que los investigadores entienden cómo se desarrolló una de las mayores extinciones masivas del planeta.

Un visitante excepcional cambió para siempre la historia de la Tierra

Hace aproximadamente 66 millones de años, un enorme cuerpo celeste impactó contra la región donde hoy se encuentra la península de Yucatán, en México. La colisión originó el cráter de Chicxulub y desencadenó una serie de cambios ambientales que terminaron con cerca del 75% de las especies que habitaban la Tierra, incluidos los dinosaurios no avianos.

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© Ungar-Biewer – shutterstock

Hasta ahora, los investigadores sabían que el impacto había sido devastador, pero no conocían con precisión la composición del meteorito. Esa incógnita acaba de resolverse gracias a un estudio internacional publicado en Science Advances, realizado por especialistas de instituciones como la Universidad de Columbia Británica (UBC), el Institut de Physique du Globe y la Université de Paris. El análisis reveló que el objeto pertenecía a una clase extremadamente poco común conocida como condrita carbonácea tipo Ornans (CO). Estos meteoritos representan apenas una pequeña fracción de todos los fragmentos espaciales que llegan a la Tierra y conservan materiales muy antiguos, prácticamente inalterados desde la formación del sistema solar.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron diminutas muestras de la delgada capa de arcilla que cubre gran parte del planeta como evidencia del impacto. Mediante sofisticadas mediciones de isótopos de níquel, lograron identificar la firma química característica del meteorito responsable de la catástrofe. El cuerpo celeste medía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y habría impactado a unos 64.000 kilómetros por hora, liberando una cantidad de energía imposible de comparar con cualquier explosión ocurrida en tiempos modernos.

Lo más llamativo del descubrimiento es que este tipo de meteorito posee una composición muy diferente de la que los científicos imaginaban. Contiene cantidades considerablemente menores de elementos volátiles, como carbono, agua, zinc y, especialmente, azufre.

Como explicaron los investigadores, este tipo de meteoritos es tan inusual que la mayoría de los ejemplares exhibidos en museos pertenecen a otras categorías completamente distintas.

El detalle que cambia la explicación sobre la extinción masiva

La nueva identificación del meteorito no modifica la teoría general sobre la desaparición de los dinosaurios, pero sí aporta una pieza importante para comprender qué ocurrió inmediatamente después del impacto.

Durante años, algunos modelos atribuyeron buena parte del desastre ambiental a los enormes volúmenes de azufre liberados durante la colisión. Sin embargo, al comprobar que el meteorito contenía relativamente poco de este elemento, los investigadores consideran que otro mecanismo tuvo un papel mucho más importante. La evidencia apunta a que fueron los gigantescos volúmenes de polvo y diminutos fragmentos expulsados hacia la atmósfera los que desencadenaron el verdadero colapso climático. Esa inmensa nube permaneció suspendida durante un largo período, bloqueando la llegada de la luz solar, reduciendo drásticamente las temperaturas globales e interrumpiendo la fotosíntesis. Como consecuencia, las cadenas alimenticias comenzaron a derrumbarse en prácticamente todos los ecosistemas del planeta.

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© abdurrohman dzar – shutterstock

Los científicos destacan que recuperar información sobre este meteorito representó un enorme desafío. El objeto prácticamente se vaporizó durante el impacto, por lo que solo sobrevivieron cantidades microscópicas de material mezcladas con la capa de sedimentos conocida como límite KT o K-Pg, que todavía puede encontrarse en numerosos puntos del mundo. La investigación también plantea nuevas preguntas sobre el origen del proyectil. Los autores consideran posible que proviniera de regiones muy alejadas del sistema solar o de las zonas externas del cinturón de asteroides, cerca de la órbita de Júpiter. Si esa hipótesis se confirma, significaría que la Tierra fue alcanzada por uno de los objetos más extraños y poco frecuentes capaces de cruzar su trayectoria.

El hecho de que apenas alrededor del 5% de los meteoritos recuperados pertenezcan al grupo de las condritas carbonáceas, y que las variedades tipo CO sean todavía mucho más escasas, pone de manifiesto hasta qué punto aquel impacto fue un acontecimiento extraordinario.

Más allá de resolver un antiguo misterio, el estudio demuestra que todavía quedan aspectos fundamentales por descubrir sobre uno de los episodios más decisivos de la historia del planeta. También recuerda que algunos de los acontecimientos que cambiaron la evolución de la vida pudieron depender, en gran medida, de un extraordinario golpe del azar ocurrido hace millones de años.

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