Desde Caracas hasta Santiago, pasando por Buenos Aires, Ciudad de México y Bogotá, el relato histórico de los movimientos independentistas está lleno de menciones a logias, rituales secretos y conspiraciones libertarias. Sin embargo, separar el mito de la realidad exige mirar los documentos, los testimonios y las verdaderas motivaciones de los protagonistas. Este recorrido explora el papel real de la masonería en el nacimiento de las repúblicas latinoamericanas.
Una influencia más simbólica que estratégica
A menudo se ha dicho que sin la masonería, América Latina no habría logrado independizarse de España. Pero según expertos como el historiador chileno Felipe del Solar, esa afirmación es exagerada. “Hubo masones que lucharon por la independencia, y la estructura de las logias sirvió de modelo para crear sociedades secretas, pero decir que la masonería fue clave en la independencia es parte de una mitología que ella misma construyó”, señala.
En otras palabras, las logias no fueron necesariamente el motor de las revoluciones, pero sí una inspiración organizativa. En un mundo donde las ideas ilustradas eran perseguidas por la Inquisición, los rituales y redes masónicas ofrecieron un espacio seguro para conspirar, planear y debatir lejos del control colonial.
Sociedades secretas: del Caribe a la Cordillera
Las primeras logias documentadas en América Latina surgieron en el Caribe durante el siglo XVIII, pero estaban compuestas mayoritariamente por europeos ligados a las potencias coloniales. Fue recién a inicios del siglo XIX, tras la invasión napoleónica a España, que los criollos comenzaron a replicar en el continente las estructuras de sociedades secretas inspiradas en la masonería.
Un ejemplo emblemático es la Logia Lautaro, fundada en Cádiz y luego exportada a ciudades como Buenos Aires, Santiago y México. Aunque muchos la consideran masónica, su carácter fue más político que esotérico. Allí se formaron líderes como José de San Martín y Bernardo O’Higgins, quienes utilizaron esta red para coordinar acciones revolucionarias. Sin embargo, no existen pruebas documentales de que fueran masones iniciados formalmente.
Lo mismo ocurre con Francisco de Miranda, uno de los primeros ideólogos de la independencia americana. Aunque se le atribuye haber iniciado a Bolívar en la masonería, los registros apuntan a que su sociedad “Gran Reunión Americana” no era una logia propiamente dicha.
Simón Bolívar, ¿masón por convicción o por conveniencia?

Simón Bolívar es uno de los pocos libertadores de los que se tiene constancia documental de su ingreso a la masonería. Fue iniciado en la Logia San Alejandro de Escocia en París, el 11 de enero de 1806, y existe una credencial que lo acredita como tal, conservada por el Supremo Consejo de Venezuela.
Pero ¿qué significó eso realmente para él? ¿Fue la masonería una guía en su pensamiento político o una red útil en un momento dado? Para muchos historiadores, incluido León Zeldis, experto en la historia masónica de América, la masonería no dejó huella visible en su obra ni en su pensamiento. De hecho, en 1828, Bolívar prohibió todas las sociedades secretas, incluida la masonería, tras descubrir una conspiración en su contra.
La conclusión más probable, señalan los expertos, es que Bolívar utilizó la masonería como un medio, pero no como un fin ideológico.
¿Y después de la independencia? El auge institucional
Aunque durante las guerras de independencia la masonería tuvo un rol más simbólico o estructural que ideológico, su verdadero ascenso en América Latina vino después. En la segunda mitad del siglo XIX, con el auge de los gobiernos liberales, las logias se consolidaron como espacios de poder y reforma.
Un caso destacado es México, donde la masonería creció tras la independencia y tuvo entre sus miembros a presidentes clave como Benito Juárez, quien impulsó leyes laicas pioneras en el continente. También en Chile, entre las décadas de 1940 y 1960, más de la mitad del Congreso y varios presidentes eran masones.
En Cuba, por su parte, la masonería evolucionó de una influencia colonial a un actor comprometido con la independencia hacia finales del siglo XIX.
¿Mito fundacional o poder real?
Hoy en día, se estima que hay más de 350.000 masones activos en América Latina. Aunque su poder ya no es el de antaño, el aura de misterio y la conexión con los grandes próceres de la historia siguen alimentando su relevancia simbólica.
En el fondo, la masonería funcionó como una escuela de organización política, un espacio donde las élites ilustradas de América aprendieron a conspirar, a debatir y a imaginar otro tipo de sociedad. No fue el motor de la independencia, pero sí parte de su engranaje.
[Fuente: BBC]