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Ciencia

Mientras el guanaco desborda los campos patagónicos, Chile lo cría en cautiverio para devolverlo a la cordillera: ya suma tres centros de reproducción

Es el mismo animal, pero enfrenta destinos opuestos a cada lado de Los Andes. En la Patagonia argentina su superpoblación golpea a la ganadería; en la Región Metropolitana de Chile apenas sobrevive y hace falta criarlo en cautiverio para que vuelva a cumplir su función en el ecosistema
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En la Patagonia argentina, la discusión sobre el guanaco gira casi siempre en torno a su exceso: esquila de lana, control poblacional en campos ganaderos y habilitación de su carne y su fibra como productos comerciales, en un contexto donde algunos estudios ubican a la población de la especie en Santa Cruz por encima de los dos millones de ejemplares. Del otro lado de la cordillera, en la Región Metropolitana de Chile, el problema es exactamente el inverso: el guanaco desapareció casi por completo de su hábitat histórico y hoy se lo considera una especie en recuperación.

Frente a ese vacío, la Universidad de Chile, junto a la Red de Santuarios de la Región Metropolitana y la Fundación Rewilding Chile, con apoyo del Gobierno Regional de Santiago, lidera desde 2025 el Programa de Repoblamiento del Guanaco. El objetivo no es productivo sino de restauración ecológica, y busca reponer una pieza que faltaba en la cordillera santiaguina desde hace décadas.

Cómo funciona el plan chileno de repoblamiento

Guanaco
© Lucia Miloro – Unsplash

El programa combina conservación in situ y ex situ. Por un lado, protege y monitorea las poblaciones silvestres que aún quedan en los santuarios de la cordillera. Por otro, mantiene centros de reproducción en cautiverio pensados exclusivamente para devolver ejemplares a la naturaleza, no para su explotación. Todo arrancó con el traslado de 16 guanacos a tres santuarios de la zona, agrupados en núcleos con un macho, varias hembras y crías, para favorecer conductas reproductivas naturales.

El tercer núcleo se completó recientemente en el Santuario El Plomo, en la comuna de Lo Barnechea, con la llegada de un macho y dos hembras. Con ese hito quedaron operativos los tres centros de reproducción de la Región Metropolitana, ubicados en un territorio que conecta, junto a áreas protegidas del lado argentino como Volcán Tupungato y Laguna del Diamante, casi 200 mil hectáreas continuas de hábitat cordillerano compartido entre ambos países.

A la dimensión biológica se sumó una de gobernanza: en el primer Encuentro por el Guanaco, realizado en Santiago, más de 20 organizaciones públicas, privadas, académicas y de la sociedad civil adhirieron a la Declaración de Acción por el Guanaco, comprometiéndose a coordinar sus acciones de conservación en lugar de trabajar de forma aislada.

El guanaco como jardinero de los Andes

Guanaco Y Los Andes
© Macarena Ollarzú – Unsplash

La justificación del programa no pasa por el valor comercial del animal sino por su función en la cadena trófica andina. El guanaco es la presa base de los dos grandes predadores de la cordillera, el puma y el cóndor, así que sin una población suficiente ambas especies pierden buena parte de su fuente de alimento.

El gobernador de Santiago, Claudio Orrego, describió esa doble función durante el encuentro: definió al guanaco como una especie bandera de la Región Metropolitana por su rol como jardinero de los Andes, además de presa de especies igual de importantes como el puma y el cóndor. Como herbívoro, el guanaco también dispersa semillas y ayuda a regenerar vegas, praderas y humedales de altura, así que reponerlo no es solo recuperar una especie puntual sino restaurar un eslabón del que dependen tanto sus depredadores como la vegetación de montaña.

Qué dice el contraste sobre el futuro del guanaco

La diferencia de enfoque entre ambos países es la parte más reveladora de la historia. En la Patagonia argentina la pregunta es cuánto guanaco se puede aprovechar productivamente sin comprometer a la especie. En la Región Metropolitana de Chile, la pregunta de partida es otra: cuántos guanacos hacen falta para que pumas, cóndores y humedales andinos vuelvan a funcionar como un sistema completo. Un mismo animal, camuflado en dos realidades ecológicas casi opuestas dentro de una misma cordillera.

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