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Ciencia

El Ártico se calienta y nuevas ballenas están llegando a Groenlandia: el problema es todo lo que pueden comer

El aumento de la temperatura del mar y la pérdida de hielo están transformando el ecosistema del este de Groenlandia. Tres especies de ballenas que antes apenas frecuentaban estas aguas ahora llegan de forma habitual y, entre todas, pueden consumir cerca de un millón de toneladas de alimento cada año.
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El calentamiento del Ártico está cambiando mucho más que la extensión del hielo marino. En las costas del este de Groenlandia, el aumento de la temperatura del agua está permitiendo que especies que antes aparecían de forma ocasional encuentren condiciones cada vez más favorables para permanecer durante meses, y entre las protagonistas de esta transformación están algunas de las ballenas más grandes del planeta.

Un estudio publicado en Frontiers in Marine Science señala que ballenas jorobadas, rorcuales comunes y rorcuales enanos se han convertido en visitantes habituales de estas aguas, una llegada que no solo modifica la distribución de los grandes cetáceos, sino que también está alterando la relación entre depredadores y presas en todo el ecosistema marino.

Miles de ballenas ocupan ahora unas aguas que antes estaban cubiertas por hielo

Los investigadores estiman que actualmente las aguas del este de Groenlandia albergan durante parte del año alrededor de 4.000 ballenas jorobadas, 6.000 rorcuales comunes y 4.500 rorcuales enanos.

El cambio ha ocurrido de forma progresiva durante las últimas dos décadas y coincide con un incremento cercano a un grado en la temperatura del mar durante el verano. Aunque esa variación pueda parecer pequeña, en un ecosistema polar puede resultar suficiente para modificar profundamente la distribución de distintas especies.

Desde comienzos de siglo, además, el hielo marino ha retrocedido de manera considerable, dejando accesibles zonas costeras que durante siglos permanecían bloqueadas durante buena parte del año. Para las ballenas, esto significa nuevas áreas donde desplazarse y alimentarse; para el resto del ecosistema, supone la llegada de enormes consumidores que antes apenas estaban presentes.

El Ártico se calienta y nuevas ballenas están llegando a Groenlandia: el problema es todo lo que pueden comer
© Magnific

Un pequeño pez está en el centro de todos los cambios

Una de las especies más afectadas por esta reorganización es el capelán (Mallotus villosus), un pez pequeño que desempeña un papel fundamental dentro de la cadena alimentaria del Atlántico Norte.

El capelán consume organismos situados en niveles inferiores de la cadena trófica y, al mismo tiempo, sirve de alimento para ballenas, aves marinas y otros peces de mayor tamaño, por lo que cualquier alteración importante en su abundancia puede tener consecuencias que se extienden por todo el ecosistema.

El calentamiento también ha modificado su propia distribución, haciendo que parte de estas poblaciones se desplacen desde áreas cercanas a Islandia hacia la plataforma continental de Groenlandia. El problema es que ahora allí encuentran una cantidad mucho mayor de grandes depredadores esperando.

Cerca de un millón de toneladas de alimento en apenas cuatro meses

Según los cálculos del estudio, las tres especies de ballenas pueden consumir conjuntamente cerca de un millón de toneladas de presas al año durante los aproximadamente cuatro meses que permanecen alimentándose en la región.

Buena parte de esa dieta está formada por capelán y kril, lo que introduce una presión ecológica que prácticamente no existía en estas aguas hace unas décadas.

Los investigadores describen este proceso como una “borealización” del Ártico, es decir, el avance hacia el norte de especies propias de regiones más templadas mientras las condiciones típicamente árticas retroceden.

Groenlandia está viendo cómo se reorganiza todo su ecosistema marino

La llegada de estas ballenas no responde únicamente al calentamiento del océano. También influye la recuperación de poblaciones de cetáceos que durante décadas estuvieron muy reducidas debido a la caza comercial y que ahora vuelven a ocupar zonas de las que habían desaparecido.

La combinación de ambos procesos está provocando una reorganización especialmente rápida de las relaciones entre depredadores y presas, cuyos efectos podrían alcanzar también a otras especies de peces y a la propia industria pesquera de Groenlandia.

El Ártico no se está limitando a perder hielo. A medida que el océano se calienta, también está cambiando quién vive allí, quién se alimenta de quién y qué especies dominarán unas aguas que, en apenas unas décadas, están empezando a parecerse cada vez menos al ecosistema polar que conocíamos.

 

 

Fuente: Infobae.

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