Se calcula que salvó las vidas de más de 2 millones de niños en Australia. James Harrison, australiano y una de las personas con mayor impacto individual en el mundo, acaba de morir a los 88 años habiendo salvado millones de vidas desde la década de 1950.
La Cruz Roja Lifeblood de Australia anunció este fin de semana que Harrison había fallecido. El plasma de su sangre contenía un raro anticuerpo que se utiliza en medicina para prevenir una complicación en embarazos de alto riesgo, que pone en peligro la vida. Se calcula que el plasma donado por Harrison ha salvado las vidas de más de dos millones de niños en Australia.
“James era una persona generosa, notable, estoicamente bondadosa, comprometido con dar a lo largo de toda su vida, y que se ganó un lugar en el corazón de muchos en todo el mundo”, dijo Stephen Cornelissen AM, CEO de Lifeblood en declaraciones de la organización.
El hábito de donación de Harrison se vio inspirado por un persistente problema en los pulmones cuando era joven. Fue operado varias veces y recibió muchas transfusiones de sangre cuando tenía 14 años, según Lifeblood. Queriendo devolver algo a la sociedad, empezó a donar sangre a los 18 años en 1954, y jamás dejó de hacerlo a lo largo de las siguientes seis décadas. Harrison donaba su plasma cada tres semanas aproximadamente. Para cuando se retiró a los 81 años, Harrison había donado plasma 1.173 veces.
Sangre que salvó vidas
La loable rutina de Harrison habla de la importancia de donar sangre, pero además resulta que Harrison tenía en su plasma un anticuerpo raro conocido como anti-D. Nuestros glóbulos rojos pueden tener una proteína en la superficie conocida como Rhesus (RhD), y cuando una mujer con sangre RhD negativo se hace sensible ante células de sangre RhD-positivo (algo que puede suceder durante un embarazo anterior) su cuerpo puede crear anticuerpos que atacan y dañan a su feto RhD positivo, afección conocida como enfermedad de Rhesus. Pero con una dosis de anti-D aplicada proactivamente a las madres con riesgo de sufrir la enfermedad de Rhesus, se puede impedir que eso suceda.
Si bien muchos casos de la enfermedad de Rhesus son leves, a veces el resultado es la enfermedad grave y hasta la muerte de los recién nacidos. Por eso las donaciones de Harrison sin duda salvaron a muchos niños, al menos a 2,4 millones según Lifeblood. Y por eso, la gente lo llamó “el hombre con el brazo de oro”.
Harrison jamás se quejó de su programa de donaciones, y dijo que el proceso de donar no le causaba dolor. Estaba orgulloso de su rol de ayuda a tanta gente del país, según su hija Tracey Mellowship, que también recibió el anti-D.
“Le hacía feliz enterarse de que había muchas familias como la nuestra que existían gracias a su bondad”, dijo Mellowship en declaraciones de Lifeblood. Harrison también esperaba que su historia inspirara a otros a seguir sus pasos.
“James creía que sus donaciones no eran más importantes que las de otros donantes, y que todos podemos ser especiales,como lo era él. Deja un increíble legado, y su esperanza de que algún día alguien de Australia rompa su récord de donaciones”, dijo Cornelissen.