El último 23 de junio, desde la base californiana de Vandenberg, despegó una misión que prometía ser un ensayo técnico más en la nueva carrera espacial privada. Pero la cápsula Nyx, desarrollada por una firma alemana, llevaba en su interior algo que convertiría la prueba en una historia con tintes casi rituales.
El accidente en la reentrada

Nyx alcanzó la órbita terrestre y cumplió con la mayoría de los objetivos planteados. El problema llegó en el momento más delicado: la reentrada a la atmósfera. El sistema de paracaídas falló, y la cápsula terminó estrellándose en el océano Pacífico tras perder la señal segundos antes del impacto. Para la empresa The Exploration Company, el resultado fue un “éxito parcial”: demostraron tecnología clave, pero perdieron su preciada carga.
Una carga que parecía un homenaje cósmico
Adentro viajaban elementos que poco tenían que ver con la simple ingeniería. Había restos humanos y ADN enviados por familias que deseaban rendir tributo a sus seres queridos de una forma insólita: un funeral cósmico. Junto a ellos, material vegetal destinado a ensayos científicos buscaba comprobar cómo ciertas especies se comportan en condiciones de microgravedad. Entre lo simbólico y lo experimental, la cápsula era un cofre de memorias y esperanzas.
El papel de Celestis y los funerales espaciales

La empresa Celestis, pionera en convertir la órbita en lugar de homenaje constante, fue la encargada de gestionar las cápsulas funerarias. Desde la compañía reconocieron el dolor por la pérdida, pero también subrayaron que los participantes “formaron parte de una experiencia histórica”. No era el primer tropiezo: en 2023, otra misión con restos del astronauta Philip K. Chapman también terminó en desastre. Sin embargo, la apuesta por llevar el recuerdo humano más allá de la Tierra sigue en pie.
Lo que viene para Nyx
Para The Exploration Company, Mission Possible fue su primera prueba real con cargas comerciales. El objetivo a medio plazo es ambicioso: convertir a Nyx en un transporte habitual hacia estaciones en órbita baja, incluida la Estación Espacial Internacional o su futura sucesora. Un vuelo demostrativo está previsto para 2028. La empresa insiste en que cada tropiezo es parte de la curva de aprendizaje en un terreno donde la innovación convive con el riesgo.