Image: Los dos Kits de Nintendo Labo (Miguel Jorge / GMG)

Cuando Nintendo anunció que su último y revolucionario invento eran piezas de cartón, más de uno arqueó la ceja. Tras probar este fin de semana parte de los kits de Labo tengo que decir dos cosas: en Nintendo son unos genios, y Labo es divertidísimo, aunque quizás no es para niños demasiado pequeños.

Vaya por delante que soy todo lo contrario a un “manitas”, así que los tiempos que he tardado en construir las piezas son un buen baremo para el común de los mortales. Lo que quiero decir es que es muy posible que la mayoría de vosotros (y vuestros hijos, si tenéis) terminen cada pieza en menos tiempo.

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Sin embargo, si tienes pensado comprar Labo para tus hijos, tengo la sensación de que deben tener cierta destreza para armar, diría que a partir de los 5 o 6 años es un producto excelente, si son más pequeños van a necesitar toda tu ayuda para construirlo y jugar, a no ser que sean unos pequeños genios.

En mi caso, con un niño de casi dos años, no he podido disfrutarlo con él y he tenido que buscar tiempo cuando no estaba en casa. Ni se te ocurra tratar de construir alguna pieza con bebés cerca, mi hijo últimamente confunde cualquier cosa pequeña de lo que sea con un manjar que llevarse a la boca, y es probable que los cartones de Labo fueran su perdición.

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Eso sí, estoy deseando que crezca para ponerme a construir con él, si yo me lo he pasado como un enano, con el pequeño debe ser muchísimo más divertido.

¿Qué es Labo? Básicamente estamos ante juguetes de cartón que creas ensamblando formas recortadas con las plantillas incluidas en los kits, todo ello mientras sigues las instrucciones por pantalla de la Switch. No hay más misterio, aunque, y aquí creo que está parte de su secreto, cuando te pones a armar la figura más básica entras de lleno en el juego que propone la gran N.

La compañía vende dos kits actualmente. El primero de ellos (el que he trasteado) es el variado, un paquete donde podemos armar un antenauta, una caña de pescar, una casa, una motocicleta y un piano. El segundo es el anunciado kit del robot, el más complicado y el que llevas más tiempo. Por otra parte, Nintendo también vende por separado un set de personalización para que le agregues tu propio estilo a cada estructura.

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Montando piezas

Image: Así me muestran los cartones de Labo antes de empezar a armar (Miguel Jorge / GMG)

He construido dos piezas (tres realmente) durante el pasado fin de semana. La primera fue la más básica, una figura de iniciación a modo de funda de Joy-con con la que Nintendo te explica el funcionamiento.

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Es muy sencillo, Labo te muestra a través de videos con instrucciones animadas donde tienes que doblar, plegar y combinar cada pieza de cartón hasta finalizar la figura. Como decía al comienzo, está tan bien hecho que cualquier manazas como yo puede disfrutar y terminarlo sin problemas.

Aunque las piezas de cartón todavía no han pasado la prueba de fuego (enfrentarse al general de la casa), diría que son bastantes resistentes y que cuando terminas una de las figuras tienen bastante vida por delante.

Image: Primera pieza conseguida, una funda para el Joy-con (Miguel Jorge / GMG)

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Tras esa primera funda que no me llevó más de un par de minutos me puse con el primer juguete de verdad, lo que Nintendo llama el antenauta. La figura se hace en menos de 15 minutos y el resultado es un maravilloso híbrido de control remoto a medio camino entre un coche y un insecto con unas patas alargadas.

En este caso se juega con los efectos de vibración de los Joy-cons (colocados en cada pata) junto con la pantalla táctil de la Switch. En la pantalla táctil tienes dos botones para hacer sonar cada controlador que hace vibrar al híbrido. Si presionas un lado girará y vibrará ligeramente hacia adelante, si presionas ambos se impulsará a lo largo, un truco físico genial donde además hay que tratar de ser lo más creativo posible en los juegos que propone la compañía.

Image: Segunda pieza casi terminada (Miguel Jorge / GMG)

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Image: Segunda pieza terminada, el antenauta (Miguel Jorge / GMG)

Una vez que había aprendido de qué va Labo, me fui directamente al juguete más largo del kit (por tiempo): el piano. Nintendo habla de 150/200 minutos para su finalización, y debo decir que detuve el crono en 150 minutos clavados. ¿Largo? Depende, técnicamente me parece impresionante lo que ha conseguido la compañía. Con cartón, unas pegatinas que hacen de infrarrojos y algún elástico acabas construyendo una auténtica virguería.

Image: Tercera pieza casi terminada (Miguel Jorge / GMG)

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Las teclas son gruesas y bastante receptivas, y cada golpe de teclado se muestra en el tiempo perfecto. Es bastante alucinante cómo funciona todo con un solo Joy-con que debes introducir en la parte posterior del piano.

Además, también hay hasta 6 diales y palancas (todo cartón) con las que puedes doblar notas o cambiar a diferentes tonos, una auténtica gozada el juego que da y lo que puede aprender un crío con un juguete así.

Image: Tercera pieza terminada: el piano (Miguel Jorge / GMG)

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Cuando iba a montar la caña de pescar ha aparecido mi hijo y he tenido que parar. Si fuera por mí, hubiera acabado todo el kit en un día, de hecho, estoy deseando comenzar una nueva figura, pero no dejo de pensar que también me gustaría montarla con él cuando crezca un poco. Quizás en unos meses cuando entienda que la mayoría de las cosas pequeñas no son muy nutritivas .

Labo viene a ser como si estuvieras montando un mueble de Ikea, aunque un mueble que sabes que va a terminar bien, sin que le falte un tornillo o cojee por algún lado y con el que al final vas a jugar. Personalmente me ha recordado a las piezas de Lego y las construcciones de Star Wars que hacía de pequeño, pero es que además, cuando terminas tienes un maravillosos juego que descubrir.

Que una cosa tan sencilla te transporte a tu infancia no tiene precio. Labo es una mezcla de invención técnica con la genuina excentricidad de Nintendo. El resultado, impensable hace unos meses, consigue que simples cartones se transformen en juguetes que funcionan a las mil maravillas con pequeñas dosis de magia tecnológica.